Capítulo 14
Libertad cristiana y responsabilidad ante Dios
El libro de los Hechos muestra cómo los cristianos salidos del judaísmo tenían dificultad para desprenderse de las formas de su religión. Aún son numerosos en la cristiandad actual los creyentes que atribuyen suma importancia a las prácticas exteriores: La abstención de ciertos alimentos, la observancia de las fiestas… ¡Cuidémonos de criticarlos! No tengo derecho a dudar de que un cristiano no actúe “para el Señor” (v. 6) del cual es un servidor responsable. De manera general, el estar dispuesto a juzgar a los otros siempre es la prueba de que conozco mal mi propio corazón. Porque si estoy verdadera y simultáneamente embargado por el horror de mí mismo y por el sentimiento de la gracia de Dios que me sostiene, todo espíritu de superioridad desaparece de mi pensamiento. Además, ¿podría erigirme en juez cuando yo mismo voy a comparecer pronto para responder por mis actos ante el tribunal de Cristo (v. 10), aunque desde ya esté justificado? No solamente debo abstenerme de juzgar los motivos del comportamiento de mi hermano, sino que debo velar para no escandalizarlo con el mío. Soy exhortado a abstenerme de lo que podría destruir (lo contrario de edificar) a otro creyente. Para esto el versículo 15 me da el argumento decisivo, a saber: ese hermano es aquel “por quien Cristo murió”.
Comunión fraternal
Estos versículos continúan el tema de nuestras relaciones con otros creyentes. Además de la advertencia a no escandalizarlos, encontramos otras recomendaciones claras:
1) Procurar las cosas que tienden a la paz y… a la mutua edificación (v. 19). Las críticas conducen al resultado inverso.
2) Llevar, principalmente en oración, las imperfecciones de los débiles (lo que no significa de ninguna manera ser indulgente en cuanto a los pecados), recordando que nosotros también tenemos la más grande necesidad de ser sostenidos por nuestros hermanos a causa de nuestras propias flaquezas.
3) No buscar lo que nos es agradable, sino lo que beneficie a nuestro prójimo. Así seguiremos las huellas del perfecto Modelo (Romanos 15:2-3). Muchos lectores de los evangelios han quedado impresionados por esta comprobación: Jesús nunca hizo nada para sí mismo.
4) Dedicarse a tener un mismo sentir para que la comunión en el culto no sea alterada, y “recibir” a los otros con la misma gracia con que él nos ha recibido (v. 7).
Señalemos los nombres dados aquí al “Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”: “Dios de la paciencia y de la consolación” (v. 5). Él nos dispensa estas dádivas por su Palabra (v. 4). También es “el Dios de esperanza” (v. 13) y quiere que abundemos en ella. Finalmente es “el Dios de paz”, quien desea estar con todos nosotros (v. 33).
