Capítulo 10
El corazón y la boca
El afecto del apóstol por su pueblo se manifestaba en gran manera por las oraciones (v. 1). Este es igualmente nuestro primer deber para con los inconversos que se hallan entre nuestros allegados. Por experiencia propia, Pablo sabía que se puede ser “celoso de Dios” y, sin embargo, andar por un camino equivocado. ¡Cuántas obras, a menudo generosas y sinceras, están destinadas a fracasar porque no son “conforme a ciencia” (es decir, no concuerdan con el divino pensamiento; v. 2). Y esto, máximo cuando se trata de los vanos esfuerzos desplegados por muchas personas que quieren ganarse el cielo, mientras que solo basta asirse de la palabra que está “cerca de ti” (v. 8). Hacen pensar en un hombre que ha caído a un precipicio y persiste en intentar subir por sus propios medios en lugar de confiar en la cuerda de salvamento que le ha sido arrojada.
Los versículos 9 y 10 nos recuerdan que la fe del corazón y la confesión de la boca son inseparables. Se puede dudar de la realidad de la conversión de quien no tiene el ánimo de confesarla.
En el versículo 22 del capítulo 3 “no hay diferencia” frente al pecado. Aquí, en el versículo 12, “no hay diferencia” en cuanto a la salvación. Todos pueden obtenerla. El Señor es suficientemente rico para satisfacer las necesidades de todos los que le invocan.
Rechazar la gracia anunciada
“La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (v. 17). Es, pues, indispensable que esta palabra eficaz sea proclamada a través del mundo.
Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación,
escribía el profeta Isaías (cap. 52:7). Entonces se trataba solo de Cristo. En adelante es cuestión de “los que anuncian la paz”, pues los redimidos a su vez se vuelven predicadores. En efecto, si cada uno de ellos quisiera ser, allí donde el Señor lo envía, un mensajero lleno de fervor, los llamados del Evangelio resonarían hasta los extremos de la tierra (v. 18). El versículo 15 nos muestra de qué manera deben predicar los creyentes: no solamente con sus palabras, sino también por la hermosura moral de su andar, sus pies calzados con “el apresto del evangelio de la paz” (Efesios 6:15). La entristecida pregunta: “¿Quién ha creído?” (Isaías 53:1), subraya que muchos corazones permanecerán cerrados. Era el caso de Israel, a pesar de las advertencias de todo el Antiguo Testamento: Moisés (Romanos 10:19), David (v. 18), Isaías (v. 15-16, 20-21), es decir, la Ley, los Salmos y los Profetas. Pero tengamos cuidado de no ser nosotros también desobedientes y contradictores (v. 21).
