Romanos
Romanos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 12

Verdadera consagración

Hasta aquí hemos visto lo que Dios hizo por nosotros. Los capítulos 12 a 15 nos enseñan lo que él ahora espera de nosotros. El Señor ha adquirido todos los derechos sobre nuestras vidas. Presentémosle lo que le pertenece: nuestros cuerpos, como sacrificio vivo (en contraste con las víctimas muertas del culto judaico) a fin de que él actúe a través de ellos. Pero, antes de servir, es necesario que nuestra inteligencia renovada discierna la voluntad del Señor (Colosenses 1:9-10). Cualesquiera sean las apariencias, tal voluntad siempre es buena, agradable y perfecta (pesemos estas palabras) por el solo hecho de que es Su voluntad (Romanos 12:2; Juan 4:34). También es importante controlar nuestros pensamientos y juzgarlos, de manera que sean pensamientos de humildad y no de satisfacción propia, sino puros y no manchados.

Los versículos 6 a 8 enumeran algunos dones de gracia: el de profecía, el de servicio, el de enseñanza, el de exhortación, el de administración, el de guía del rebaño… «Ninguna de estas actividades me conciernen, dirá un joven, pues son para cristianos de edad y experiencia». De todos modos, la última de ellas, la misericordia, mencionada en el versículo 8 es para usted –quienquiera que sea e independientemente de su edad– e igualmente lo es la generosidad, porque “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

Una treintena de exhortaciones

En los versículos 1 a 8 se trata de nuestro servicio delante de Dios; los versículos 9 a 16 enumeran principalmente nuestros deberes hacia nuestros hermanos, en tanto que desde el versículo 17 a 21 se trata de nuestra responsabilidad con respecto a todos los hombres. Cada una de estas exhortaciones, que debe ser meditada, encuentra su aplicación en nuestra vida diaria, pues la autoridad de la Palabra se extiende tanto a nuestra vida familiar como a nuestro trabajo, tanto a los días de semana como al domingo, tanto a los días de alegría como a los de tristeza (v. 15)… No hay ninguna circunstancia en la que no podamos o no debamos comportarnos como cristianos.

El versículo 11 nos alienta a la actividad. Sin embargo, los diversos servicios puestos ante nosotros: beneficencia, hospitalidad (v. 13)… deben reunirse en la expresión “sirviendo al Señor” (y no a nuestra reputación).

Gozarse en lo que es humilde y con los humildes (v. 16), soportar con paciencia injusticias o ultrajes (v. 17-20) son cosas contrarias a nuestra vieja naturaleza, pero así se manifestará la vida de Cristo en nosotros, tal como se manifestó en él (1 Pedro 2:21-23). Hacer el bien es la única réplica al mal que nos es permitida y es también la única manera de superarlo.