1 Reyes
1 Reyes

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 21

El asesinato de Nabot

Poco faltó para que Acab fuera totalmente despojado por el rey de Siria. Ingrato para con Jehová, quien le había conservado todo, Acab a su vez, por codicia, procura despojar a su prójimo. Nabot, como fiel Israelita, no podía ceder su herencia, conforme a Levítico 25:23. ¿Mostramos la misma fidelidad y firmeza cuando se trata de mantener la herencia espiritual que hemos recibido? Guardémonos de tener en poco las incomparables verdades bíblicas cuyo depósito nos es confiado (1 Timoteo 6:20; 2 Timoteo 1:14).

Cobardemente, el miserable rey deja obrar a su mujer y, entonces, bajo el manto de la autoridad real, se comete una abominable injusticia.

Pero Nabot tiene el privilegio de representar a uno más grande que él. En la parábola en que el Señor Jesús se presenta a sí mismo como el heredero de la viña, oímos las terribles palabras:

Venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad
(Mateo 21:38).

Y al final del mismo evangelio vemos que también dos testigos falsos comparecieron ante el concilio. Allí, Jesús fue acusado de blasfemia por los jefes del pueblo (Mateo 26:60, 65-66), antes de sufrir y morir “fuera de la ciudad” (v. 13; Hebreos 13:12).

¿Simple tristeza o verdadero arrepentimiento?

Como Acab, que mediante un crimen se apropió de la heredad de Nabot, el hombre, habiéndose deshecho de Cristo, se conduce como si el mundo le perteneciera. De una manera general, Acab ilustra la tendencia a querer siempre lo que no se tiene. Colmado de riquezas, todo lo que le interesaba era la viña de su vecino. El corazón natural se halla perpetuamente insatisfecho.

La mentira y el homicidio han puesto al rey en posesión del objeto de su codicia. Ahora se levanta y desciende, con el corazón alegre, para tomar posesión de su nueva propiedad. ¡Pero toda su alegría se desvanece bruscamente! Alguien bien conocido le espera en la viña de Nabot. ¡Es Elías! Jehová le ha enviado para que anuncie al rey el terrible castigo que le aguarda.

Entonces, por primera vez, aparece en Acab una señal de humillación. Por el ejemplo de sus predecesores sabe que la palabra de Jehová siempre se cumple. ¿Se trata de

Arrepentimiento para salvación?
(2 Corintios 7:10)

No, como lo mostrará la continuación de su historia. Una verdadera conversión siempre se juzga por los frutos. Empero Dios, atento a toda señal de examen de conciencia, toma en cuenta esa actitud de Acab para aplazar su castigo (Ezequiel 33:11).