Capítulo 12
Roboam, halagado en su orgullo
Roboam sucede a su padre. Otrora Salomón se había formulado la pregunta: El hombre que vendrá después de mí ¿será sabio o necio? (Eclesiastés 2:18-19). Tres días le bastan al pobre Roboam para dar la respuesta. El hijo del hombre más sabio está desprovisto de inteligencia. No lo vemos, como a su padre, pedir un corazón sabio a Jehová. En su juventud, edad en la que normalmente se debe aprender, no supo aprovechar las enseñanzas de la sabiduría contenidas en el libro de los Proverbios, cuyo autor es Salomón. Sin embargo, este libro comienza así:
Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre
(Proverbios 1:8; léase también 19:13, 20).
De modo que a la edad de cuarenta años, en el momento de las responsabilidades, la experiencia, el buen sentido y, sobre todo la humildad, le faltan por completo. Menosprecia el consejo de los ancianos, prefiriendo seguir el imprudente consejo de los jóvenes. Muchos jóvenes escuchan más gustosos a los de su misma edad que a sus padres o a personas mayores. ¡Es una peligrosa tendencia! Aquí vemos sus resultados. Pero Dios se vale de la falta de sabiduría de Roboam, como asimismo de las faltas del pueblo, para cumplir lo que había decidido contra la casa de David.
La división del reino
Como resultado de la intransigencia de Roboam, diez tribus se separan y van con Jeroboam. En cuanto a la descendencia de Salomón, solo conservará la tribu de Judá y Benjamín. A partir de aquí, seguiremos paralelamente la historia de estos dos reinos. Hasta el fin del segundo libro de los Reyes se habla más bien de la del reino de Israel (las diez tribus), mientras que en el segundo libro de Crónicas se retoma el relato respecto del reino de Judá.
Con una corta frase Dios detiene la guerra civil que se prepara:
Esto lo he hecho yo
(v. 24).
¡Cuán importante es esta pequeña frase también para nosotros! Nuestros proyectos ¿son contrariados por una dificultad o un impedimento? ¡Prestemos oído! Sin duda, oímos la misma voz que nos dice: “Esto lo he hecho yo”.
Después se relatan los primeros hechos de Jeroboam. Hace dos becerros de oro (comp. sus palabras en el v. 28 con las de Aarón en Éxodo 32:4). Son los elementos característicos de un culto enteramente inventado por el hombre, experto en utilizar la religión para fines personales (léase Oseas 8:4-5). De un reino a otro oiremos hablar de este pecado de Jeroboam.
