Capítulo 9
Nueva aparición a Salomón
La obra emprendida por Salomón está acabada. Él quiso hacerla; así lo subraya el versículo 1. ¿No nos da esto una lección? Hagamos con gusto todo lo que el Señor nos pide, ¡porque es él quien nos lo pide! Entonces, ahora Jehová va responder a la oración del rey. Esta casa en la cual su gloria habita va a ser el gran motivo para bendecir a Israel, para escuchar y perdonar. En el período cristiano, Dios vincula su propia gloria al nombre de Jesús, y a través de él responde a las oraciones que le son dirigidas (Juan 14:13-14). Porque en Cristo –ya no en el templo– Dios vino a habitar en medio de nosotros (Juan 1:14; Colosenses 1:19; 2:9; 1 Timoteo 3:16). Por eso los ojos y el corazón del Padre siempre están puestos sobre ese Hombre perfecto (comp. v. 3). En todo momento podemos dirigirnos a Dios en el nombre de Jesús para ser escuchados.
Mira, oh Dios… y pon los ojos en el rostro de tu ungido
(Salmo 84:9).
Luego Jehová coloca a Salomón y al pueblo ante su responsabilidad. La presencia de Dios en medio de ellos exige una estricta separación del mal, de no ser así, este privilegio le será quitado e Israel como nación será eliminada.
Desprecio por las cosas divinas
Dar al rey de Tiro ciudades que formaban parte del país de Israel fue una falta grave de parte de Salomón. Asimismo nosotros los cristianos podemos abandonar, en provecho del mundo, una porción de nuestra herencia. Por ejemplo, veamos la manera en que empleamos el día domingo. Quizás uno se prive de asistir a una reunión para agradar a un amigo o a un pariente. Estemos seguros de que tales concesiones son una pérdida tanto para el uno como para el otro. ¿Cómo podríamos llevar a alguien a buscar las verdades divinas y los privilegios cristianos, si nosotros mismos mostramos que hacemos poco caso de ellos? ¡Veamos el caso de Hiram! Ni siquiera aprecia el gesto de Salomón.
El final del capítulo nos muestra al rey como sabio administrador, fortaleciendo y organizando su reino. Por un lado, está en relación con Jehová (v. 25) y por otro, con los diferentes pueblos que lo rodean. Por primera vez, desde los tiempos de Josué, todos los cananeos son sometidos. Acordémonos de que son una figura de los enemigos de nuestras almas. Los enemigos de mi alma ¿están en libertad o hallé en Cristo la fuerza que puede sojuzgarlos?
