1 Reyes
1 Reyes

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 7

Los edificios reales

Salomón fue muy diligente al construir el templo. Le bastaron siete años para hacerlo, mientras que Herodes necesitó cuarenta y seis para reconstruirlo (Juan 2:20).

El rey se ocupa ahora de su propia casa, empero, sin desplegar en ella el mismo apresuramiento: tarda trece años. Aprendamos a hacer primero, bien y activamente lo que el Señor nos encarga hacer para él, antes de dedicarnos a nuestros propios asuntos.

Después del templo, como sabio arquitecto, Salomón construye otras tres casas: la suya (v. 1); la casa del bosque del Líbano con su pórtico (v. 2-7) y, finalmente, la de su mujer, hija de Faraón (v. 8). Cada una de ellas nos habla de una esfera de relaciones de Dios con los hombres. Si el templo es la imagen de la casa del Padre, la morada personal de Salomón sugiere más bien la casa del Hijo, dicho de otro modo, la Iglesia o Asamblea (Hebreos 3:6). La casa del bosque del Líbano habla de las futuras relaciones de Cristo, rey de gloria, con Israel. Allí se halla el trono del juicio. Finalmente, la casa de la hija de Faraón evoca Sus relaciones de Rey con todas las naciones de la tierra.

Hiram especializado en el trabajo del bronce

Para la confección del tabernáculo y de los objetos que contenía, en otros tiempos Jehová había designado a Bezaleel, un hábil obrero lleno “del espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte” (Éxodo 31:2-3). Para la fabricación de objetos de bronce, Salomón llama a Hiram, de Tiro, un artesano también

lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce
(v. 14).

Procuremos poseer tales cualidades espirituales. Entonces el Señor podrá emplearnos “en todo arte”.

El primer trabajo que Hiram realiza consiste en dos columnas con espléndidos capiteles. Pensemos en la promesa que el Señor hace a la iglesia de Filadelfia: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios”. “Tienes poca fuerza”, había dicho a esos creyentes (Apocalipsis 3:12, 8). Los nombres de esas columnas son Jaquín y Boaz, que significan: «él establecerá» y «en él es la fuerza». Es una preciosa respuesta a la presente condición del redimido: ¿Poca fuerza en la tierra? Firmeza y fuerza para siempre jamás en el cielo de gloria, cuya imagen es el templo.

Utensilios de oro

Hiram es una figura del Espíritu Santo, «divino Obrero», ocupado en preparar todas las cosas aquí en la tierra –y en particular el corazón de los creyentes– con vista a la gloria de Dios. El mar, in­mensa tina de cerca de cinco metros de diámetro, debía servir a los sacerdotes para lavarse en ella, mientras que las diez fuentes que descansaban sobre diez basas de bronce se empleaban para lavar las ofrendas (2 Crónicas 4:6).

A partir del versículo 48, encontramos la enumeración de los objetos de oro confeccionados por Salomón. Este, trayendo las cosas santas de David su padre (v. 51), nos hace pensar en Jesús, el Hijo, de Dios, disponiendo de lo que pertenece a su Padre.

El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano
(Juan 3:35; 17:10).

Notemos al mismo tiempo que, contrariamente a lo que pasó con el tabernáculo (Éxodo 35:21-29), aquí no se trata de lo que dio el pueblo. Y comprendemos la razón: nada de lo que proviene del hombre puede entrar en el cielo. Allí todo es divino, todo es exclusiva y perfecta obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Las tres personas juntas participaron en la primera creación; también se ocupan de la gloria venidera y de la nueva creación.