1 Reyes
1 Reyes

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 16

Embriaguez, brutalidad, asesinato, suicidio

Ela, hijo de Baasa, reina dos años sobre Israel. El único hecho que se relata respecto de él es que estaba “en Tirsa, bebiendo y embriagado” (v. 9). Este rey es dominado por una pasión, pobre esclavo del alcohol, como todavía hoy lo son millones de desdichados. El hombre cree poder gobernar a sus semejantes, mientras que él mismo no es capaz de dominar las pasiones de su propio corazón. El libro de los Proverbios contiene las palabras de un joven rey, llamado Lemuel. Este recuerda lo que le enseñó su madre:

No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino
(Proverbios 31:4; véase también Proverbios 23:31-32; Efesios 5:18).

En un instante Ela, sin despertarse, pasa de la embriaguez a la muerte. Los hombres de este mundo se sumergen en los placeres del pecado; después, sin haberse preparado para ello, de repente se ven precipitados en una eternidad de desdicha.

Siete días le bastan a Zimri, homicida de Ela, para probar que él también anda en el camino de Jeroboam. Su fin no es menos terrible: ¡se suicida! Luego Omri toma el poder, edifica Samaria, y obra peor que sus predecesores. ¡Cuán espesas son las tinieblas sobre ese reino de Israel! (Miqueas 6:16).

El mal llega a su apogeo – Elías suscitado

Acab, hijo de Omri, cuyo reinado va a ocuparnos hasta el fin del primer libro de los Reyes, comete más pecados que sus antecesores. Porque el culto a Baal es introducido oficialmente en Israel por medio de su mujer, la abominable Jezabel. En ese tiempo también se vuelve a construir Jericó. ¡Qué gran provocación a Jehová! Entonces recibe el castigo anunciado por Josué (Josué 6:26). Para hablar a la conciencia del rey y del pueblo, Dios suscita un profeta: ¡Elías! Este siente que primero es necesaria una prueba para poner a Israel en condiciones de recibir la palabra divina, de modo que ora “fervientemente” para que no llueva (Santiago 5:17). Después, seguro de la respuesta de Jehová, se presenta con autoridad ante Acab para anunciárselo. Cuando pedimos con fe algo a Dios según su voluntad, debemos obrar con la plena seguridad de que nos lo va a otorgar. Notemos la expresión:

Jehová… en cuya presencia estoy
(cap. 17:1).

Ser reverente en la presencia de Dios, en su luz, estar siempre dispuesto a recibir sus instrucciones, tal es la actitud del siervo. Así lo hizo el Señor Jesús, según lo vemos en el Salmo 16:8. Luego, Dios esconde a Elías y cuida de él de manera maravillosa en el arroyo de Querit.