2 Samuel
2 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 19

Retorno del rey a Jerusalén

Todos los que han seguido a David no lo han hecho por fe. Joab es un ejemplo. Para ese hombre solo cuenta su interés. Es inescrupuloso y si alguien se interpone en su camino, no retrocede ante el crimen. Los reproches que dirige a David son tanto más fuera de lugar por cuanto él mismo, debido al asesinato de Absalón, es responsable del dolor del desdichado rey. No obstante, ayudan a este a recuperarse, pensando en el interés del pueblo más bien que en su propia pena.

Las desgracias de David han producido sus frutos. La prueba le ha permitido conocer a su Dios de manera más real e íntima. Encontró la tribulación, la angustia, la persecución… el peligro y la espada. Pero todas estas cosas solo fueron otras tantas ocasiones de comprender mejor los inagotables recursos del divino amor (véase Romanos 8:35).

En medio del pueblo se notan disputas (v. 9), y en Judá, una enojosa falta de solicitud. Pero David obra con espíritu de gracia. Y los corazones se inclinan hacia él, como se someterán al Señor Jesús cuando, después de su victoria definitiva sobre sus enemigos, aparezca para reinar en gloria.

La lealtad de Mefi-boset

Aquí vemos cómo David, victorioso, se comporta con los que no lo siguieron. El acusador Simei viene a implorar el perdón del rey. Este se lo otorga, aunque pueda dudar de la sinceridad de ese arrepentimiento. Luego es el turno de Mefi-boset. Siba lo había acusado de malevolencia para con David (cap. 16:3). ¿Nunca nos ocurre que, para darnos importancia, inculpamos a los demás de malas intenciones y los acusamos injustamente? Esto lleva el nombre de calumnia (v. 27).

Mefi-boset mostró su apego al verdadero rey, haciendo duelo públicamente durante su ausencia (v. 24). ¿Cómo podría haberse regocijado mientras su señor y bienhechor era desconocido y rechazado? Pensamos en lo que Jesús dijo a sus discípulos en el momento de dejarlos:

Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis… pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo
(Juan 16:19-20; véase Marcos 2:20).

Ahora el gozo de Mefi-boset le hace superar todas las injusticias. Sin remordimiento puede abandonar todos sus bienes. La presencia del rey le basta (v. 30). Por otra parte, ¿qué más necesita si come a su mesa?

Barzilai, generoso y dedicado

Barzilai era uno de esos hombres abnegados; el fin del capítulo 17 nos lo muestra empleando para el pueblo las riquezas de las cuales dispone (véase 1 Timoteo 6:17-18). David no lo olvidó. Y el gran Rey que vendrá en gloria también se acordará de “los benditos” de su Padre. En el día de las recompensas podrá decirles:

Tuve hambre, y me disteis de comer
(Mateo 25:34-35).

Lleno de delicadeza, Barzilai no quiere ser una carga para el rey, pero le confía a su hijo Quimam. Es el más preciado deseo de los padres cristianos ver a sus hijos seguir al Señor, para que él se haga cargo de ellos y los bendiga. Y David promete a Barzilai: “To­do lo que tú pidieres de mí, yo lo haré” (v. 38). En Juan 14:14 el Señor dice a los suyos: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.

David vuelve a pasar el Jordán. Va a gozar nuevamente de Canaán, imagen del cielo, del cual había sido privado algún tiempo a causa de su pecado.

Para el hijo de Dios es lo mismo. Toda falta lo priva del presente gozo del cielo, y es necesario que vuelva a recorrer las etapas del camino, pasar “el Jordán” (la muerte), detenerse en Gilgal (el juicio de sí mismo) para volver a hallar la feliz comunión con el Señor.