2 Samuel
2 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 7

Deseo de David de construir el templo

Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él
(Proverbios 16:7).

Estas palabras se vuelven reales para David. Y ya que él habita una hermosa casa de cedro, no quiere dejar el arca en una simple tienda. ¡Qué lindo detalle de su parte! Aquellos creyentes que tienen una vida bien asegurada y confortable nunca deberían olvidar que su Señor atravesó este mundo como un divino viajero, sin un lugar donde recostar su cabeza.

David se propone construir una casa digna de Jehová. Pero, escuchemos lo que Dios le dice, en sustancia, por boca de Natán: «Voluntariamente tomé ese carácter de viajero para compartir en gracia la suerte de mi pueblo. Y el momento de mi descanso todavía no ha llegado. Pero lo que tú no puedes hacer, uno de tus descendientes lo hará».

Se trata primero de Salomón, hijo de David, quien edificará el templo. Pero el versículo 14, citado en Hebreos 1:5, prueba que ese Rey, Hijo de David, es proféticamente Jesús, el Hijo de Dios. Solo de él se puede decir que su reino será para siempre. Las bendiciones individuales (v. 8-9) o colectivas (v. 10) tienen su fuente en esa incomparable Persona.

Entrar en la presencia de Dios

David quiso hacer algo para Jehová. Pero la respuesta divina fue: «Yo hice todo para ti». Tal es la lección que cada uno debemos aprender. Dios mismo se preocupó por nuestra salvación, por nuestro reposo y por todo lo que concierne a nuestro porvenir (v. 9). ¡Maravillosos consejos en los cuales no intervenimos para nada! “¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33). Por cierto, no es así “como procede el hombre” (v. 19).

Entonces, ¿qué debe hacer David? Sencillamente agradecer a Dios. En la presencia divina, el rey entra, se sienta y adora; asimismo el creyente puede hacerlo hoy en día en la reunión de los redimidos alrededor del Señor, con la tranquila seguridad de que debe estar allí y gozar de ese reposo divino. “¿Quién soy yo, y qué es mi casa?” Ni David, sencillo pastor (v. 8), ni Israel, sacado de Egipto (v. 6), tienen mérito personal alguno, ningún título para ocupar semejante posición. Solo la gracia los ha “traído hasta aquí” (v. 18). Y la oración del rey, ex­presión de entera comunión, se resume así:

Haz conforme a lo que has dicho. Que sea engrandecido tu nombre”
(v. 25-26).

Con gusto, en ese momento se colocaría también el Salmo 23 en su boca, en particular los versículos 5 y 6.