Capítulo 6
Malos medios al servicio de una buena intención
Al inaugurar su reinado, el primer pensamiento de David es para el arca de Jehová. Junta treinta mil hombres, lo mejor de Israel, esta vez no para un combate, sino para escoltar dignamente el arca hasta Jerusalén. Nunca terminaremos de rendir honor a la persona del Señor Jesús. Pero, este homenaje, este culto, debe ser rendido con inteligencia y obediencia. Según el mandamiento divino, el arca debía ser llevada sobre el hombro (Números 7:9). Pero David y el pueblo no lo tuvieron en cuenta. Según su parecer, un carro nuevo, como el que habían utilizado los filisteos ignorantes, le convenía mucho más. ¿No era eso aparentemente más práctico que el transporte a pie? Y entonces Uza tocó el arca y fue herido de muerte. ¡Qué consternación! No habríamos pensado que era tan culpable. ¡Pues, sí! Dios quiere darnos a entender, a nosotros como a David, cuán grave es reemplazar sus enseñanzas por nuestras buenas intenciones y por nuestros propios arreglos, especialmente cuando se trata del culto.
¡Qué enojosa interrupción de esa hermosa ceremonia! David, irritado y asustado a la vez, desvía el arca y pierde así una bendición que, en cambio, va a aprovechar la familia de Obed-edom.
Malos medios al servicio de una buena intención
Conmovedora figura del Señor Jesús presente en la casa del creyente, el arca quedó tres meses en casa de Obed-edom, trayendo la bendición a ese hombre y a su familia, lo que no tardó en saberse (v. 12). Si vivimos cerca del Señor, los que nos conocen no dejarán de percibirlo. Y ellos también querrán gozar de las bendiciones que él nos otorga.
Ahora David, después de haber aprendido la lección de Dios, obra según Su pensamiento: el arca es llevada por los levitas que se han santificado; y él mismo, habiéndose despojado de su majestad real, expresa su gozo danzando delante de ella. El Evangelio ya no nos muestra el arca, sino a Jesús en persona, haciendo su entrada en la misma ciudad de Jerusalén en medio de la alegría de los que le aclaman (Mateo 21:9).
Después de dar seis pasos se ofrece el sacrificio. Hace pensar en el andar y en el culto del cristiano. El uno y el otro provocan el desprecio de los incrédulos, de quienes Mical es una triste imagen. El mundo ama lo que es elevado y brillante. Pero el creyente es dichoso al humillarse y aun al hacerse “más vil” (v. 22), para que las miradas se desvíen de él y se fijen solo en Jesús (comp. Juan 3:30).
