Capítulo 2
David rey de Judá en Hebrón
David no consultó a Dios antes de descender a la tierra de los filisteos y esto le salió mal. Pero esa amarga experiencia le fue útil. Ahora consulta dos veces a Jehová.
Nunca nos cansaremos de insistir sobre esta fundamental regla de la vida cristiana: la dependencia. Es un deber para con Dios, pero también es la fuente de nuestra fuerza y de nuestra seguridad.
Hebrón, adonde Dios conduce a su ungido, es un lugar que habla de muerte. Allí estaban los sepulcros de los patriarcas. Cristo, el Amado de Dios, el verdadero David, antes de tomar oficialmente su reino, entró en la muerte por obediencia a Dios. A este mismo terreno conduce a los suyos, pues el creyente ha muerto con Cristo.
David no olvida a los habitantes de Jabes de Galaad que habían manifestado bondad hacia Saúl. ¿Olvidaría el Señor la poca misericordia que nos haya permitido ejercitar? (Hebreos 6:10).
La realeza de David se establecerá poco a poco. Por el momento, solo Judá la reconoce. El resto del pueblo está sujeto a Is-boset, hijo de Saúl, sostenido por Abner, su anterior edecán.
Lucha fratricida
Hasta el fin del capítulo 4 se relata el conflicto entre David e Is-boset, o más bien, entre sus respectivos generales: Joab y Abner. Es una lucha por el prestigio, pues cada uno de esos orgullosos hombres quiere ser el primero. El enfrentamiento termina con el asesinato de Abner y de Is-boset. Jehová se valdrá de estas tristes circunstancias –se trata de una guerra civil– para establecer, poco a poco, el reinado de David, el rey conforme a su voluntad.
La violencia y el espíritu de venganza se dan libre curso. Cerca del estanque de Gabaón la prueba de fuerza empieza como un juego. Sencillamente se quiere ver quiénes son más hábiles y más fuertes. Pero vemos cuán fácil es traspasar la distancia entre el orgullo y el asesinato. Uno se apasiona, pierde el control de sí mismo y comete un crimen sin haberlo premeditado. Los veinticuatro desdichados jóvenes caen juntos, traspasados el uno por el otro.
Notemos que David permanece ajeno a los combates que Joab pretende conducir en su nombre. Se nos da a conocer a este último: hombre astuto y sin escrúpulos, quien defiende la causa de David porque le procura una ventaja personal.
