2 Samuel
2 Samuel

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 15

Sublevación de Absalón

La actitud de Absalón no muestra trabajo de conciencia alguno. Cuidadosamente preparó su golpe de Estado. Día a día iba a la puerta de la ciudad para encontrar allí a los que tenían algún asunto que juzgar. Les extendía la mano, los besaba y los interrogaba acerca de los motivos que los traían. Luego, les daba a entender que su padre no era capaz de tomar su causa en mano. Agregaba que él, en cambio, si recibiera el poder, no dejaría de ejercer justicia. Aunque hipócrita y lisonjero, Absalón ganaba de esta manera, en todo Israel, una reputación de benevolencia, amabilidad y justicia, a expensas del rey, su padre. “Robaba el corazón de los de Israel” a su verdadero señor (v. 6; Romanos 16:18).

Hoy en día, ¿no hay todavía personas (u objetos) hábiles para robar nuestros corazones al verdadero David? Recordemos que estos corazones pertenecen al Señor Jesucristo. Él pagó un precio muy grande para poseerlos sin reserva y para siempre.

En los versículos 7 a 12 vemos a Absalón encubriendo su infame acción con un pretexto religioso, para organizar la conspiración que debe –según cree– colocarle sobre el trono (Jeremías 9:3-5).

Fuga de David

Mientras todo iba bien para el rey y su entorno, era imposible distinguir los que estaban verdaderamente apegados a David de quienes se quedaban con él por simple interés personal. Ahora la prueba muestra lo que hay en los corazones y los separa. Unos siguen a Absalón (v. 13), los otros a David (v. 18). La neutralidad ya no es posible.

¿Ya hemos pensado en lo que haríamos si mañana los cristianos fueran perseguidos, castigados con prisión o muerte, como lo fueron en otros tiempos, y como lo son todavía en algunos países? Entonces, se vería si verdaderamente amamos al Señor Jesús y si le seguimos, no solo cuando el camino es fácil, sino también cuando se debe dejar todo y soportar todo para permanecer con él. Itai era un extranjero que había venido hacía poco junto al rey. A menudo se ha visto a recién convertidos, salidos de ambientes en que hay poca luz, desplegar una gran fe y una gran abnegación. Pero también sucede lo contrario: cristianos de quienes se esperaba mucho a causa de sus conocimientos y su educación, retrocedieron en el momento de la prueba. ¡Es de desear que todos nos parezcamos a Itai, geteo!

La traición de Ahitofel

Los sufrimientos que David debe conocer ahora son el resultado de sus propias faltas. No pueden compararse, pues, con los padecimientos del Señor Jesús, los cuales fueron la consecuencia de nuestros pecados. No obstante, en ciertos aspectos, nos permiten comprender mejor lo que atravesó nuestro Salvador. Vemos que David, en medio de algunos amigos fieles, sube llorando la cuesta de los Olivos. Más tarde, en este mismo lugar, en el huerto de Getsemaní, el Varón de dolores, en la angustia de su combate, ofrecerá

Ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte
(Hebreos 5:7).

Allí el rey se entera de la traición de Ahitofel, su compañero y consejero, pero cuyo nombre significa ¡hermano de locura!

También allí avanzará Judas a la cabeza de soldados y alguaciles para entregar al Señor (véase Salmo 3:1 y título).

La desolada exclamación de David en el Salmo 55:13, sin duda puede situarse en ese instante: “Tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos…”. Pensemos con qué tristeza el Señor debió haber preguntado a su miserable discípulo: “Amigo, ¿a qué vienes?” (Mateo 26:50).