Capítulo 18
¿Cómo esperar la guía de Dios, si desobedece?
La propia voluntad y el espíritu de idolatría manifestados en la casa de Micaía contaminaron una tribu entera, como lo relata nuestro capítulo. Siempre es así. Antes de extenderse y turbar al pueblo de Dios, el mal empieza a germinar en las familias.
En aquellos días la posesión de los danitas aún no les había tocado en suerte, nos dice el versículo 1 (véase Números 26:55-56; 33:54). Entonces, en lugar de consultar a Jehová y confiar en él, impacientemente, deciden escoger ellos mismos su herencia.
¡Qué espíritu de independencia! Además, se elige una fácil solución. Recordemos que los hijos de Dan se habían dejado repeler hacia la montaña (cap. 1:34). En lugar de apoderarse de lo que les estaba destinado y a su alcance, pero que exigía la energía de la fe, emprenden una expedición al otro lado del país. Quizás actuamos como ellos más veces de lo que pensamos. El Señor nos ha preparado un servicio en nuestro entorno; pero retrocedemos ante los ejercicios de fe y las luchas que requeriría este servicio, y preferimos una acción más espectacular en la dirección que nosotros mismos escogemos.
Idolatría, violencia, inmoralidad, peleas: ¡triste cuadro!
La toma de la ciudad de Lais no tiene nada en común con las conquistas de fe del tiempo de Josué. ¿Qué vemos en Dan? Codicia por todo lo “que haya en la tierra” (v. 10), confianza en su propia fuerza, al mismo tiempo que cobardía, ingratitud, robo, mala fe y, para colmo de males, el establecimiento de un culto idólatra. Hecho muy solemne, Jonatán, nieto de Moisés (Jueces 18:30), confirmó, pues, lo que había profetizado su abuelo en Deuteronomio 4:25 y 26.
El capítulo 19 presenta un terrible cuadro de la corrupción moral de Israel. Este mal lleva a la guerra (cap. 20) y a causa de esto una tribu casi desaparece (cap. 21).
Llegamos al último versículo del libro (repetición del cap. 17:6):
Cada uno hacía lo que bien le parecía
(cap. 21:25).
Esta frase resume el estado de Israel en tiempo de los jueces. Tristemente, resume también el de la cristiandad en la actualidad. Si bien el libro de Josué ha sido comparado con la epístola a los Efesios, la que más se parece al libro de Jueces es la segunda a Timoteo (en particular, el capítulo 3). Pero, esa sucesión de altibajos, de caídas y restauraciones ¿no es también a menudo nuestra historia? Guardémonos de hacer lo que es bueno a nuestros ojos, de los cuales no nos podemos fiar y, más bien, dediquémonos a hacer lo que es agradable al Señor (Efesios 5:10; Hebreos 13:21).
