Capítulo 13
Una pareja piadosa: los padres de Sansón
Una vez más Israel se entrega a la maldad, de nuevo Jehová lo disciplina por mano de los filisteos… ¿Llevó fruto la prueba? ¡Desgraciadamente no! Cuarenta años transcurren. En vano Dios espera… presta oído… ¡Esta vez ningún clamor sube hacia él! El pueblo se ha acostumbrado a su miserable estado de servidumbre. Sin embargo, aquí y allí algunos testigos son fieles y temen a Jehová. Entre ellos, Dios nos presenta a Manoa y a su mujer, un piadoso matrimonio de la tribu de Dan, que no tiene hijos. Un día, un celeste visitante se aparece a la mujer. Tiene un feliz mensaje para ella: será madre de aquel que comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos. Esta escena nos traslada al comienzo del evangelio de Lucas, en el cual el ángel Gabriel anuncia a María la gloriosa venida del Salvador.
Pero, tanto la madre como el hijo tienen que cumplir ciertos requisitos. Según Números 6, como nazareo el niño deberá ser apartado para Dios y abstenerse de ciertas alegrías que son habituales en los demás hombres (representadas aquí por el fruto de la vid). Es un carácter no siempre fácil ni agradable de poner en práctica en nuestras familias, pero… es el que Dios desea ver en las casas de los suyos (comp. Jeremías 35:6-10).
Una ofrenda presentada a Dios
No es a los poderosos de Israel a quienes Jehová da a conocer sus pensamientos para la liberación de su pueblo, sino a dos pobres israelitas de Dan, la más débil de las tribus (cap. 1:34). Actualmente, ¿a quién revela Dios su plan de salvación y al propio Salvador? A los niños y a los que se asemejan a ellos en la sencillez de su fe (Mateo 11:25). Durante esa segunda visita del ángel, notamos el holocausto, la ofrenda y la peña. Otras tantas imágenes de Cristo que nos son familiares. Pero el ángel mismo, ¿quién es y cuál es su nombre? Manoa, quien había anhelado conocerlo personalmente, y no solo por intermedio de su mujer, obtiene esta única respuesta: “¿Mi nombre? Es admirable” o “maravilloso” (v. 18, V. M.) No es necesario que diga más para que nosotros lo reconozcamos. Abramos nuestras Biblias en Isaías 9:6: “Se llamará su nombre Admirable” (“maravilloso”). Y por cuanto es maravilloso, solo puede obrar “maravillosamente” (v. 19, V. M.), hecho por el cual también le reconocemos. El ángel que sube en la llama del holocausto, y Jesús, quien, después de acabada su obra,
Fue recibido arriba en el cielo”
(Marcos 16:19),
son una sola y misma Persona.
