Jueces
Jueces

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 1

Incredulidad y fe

La diferencia entre el libro de Josué y el de Jueces es grande. El primero muestra a Israel tomando posesión victoriosa del país de Canaán. El segundo, al contarnos la historia del pueblo ocupando su herencia, aparenta continuar el tema. Pero desde el principio ciertas señales indican que ya no estamos en los tiempos de Josué. Sin dejar de conducirse celosamente contra el cananeo, Judá parece contar más con su hermano Simeón que con el propio Jehová. Y luego, el rey enemigo, en lugar de ser dado a muerte, es tratado con barbarie.

La página gloriosa que termina con la desaparición de Josué se da vuelta e inicia una época de decadencia.

Es lo que le sucedió también a la Iglesia. La fuerza y, en gran medida, la bendición colectiva han desaparecido. Pero Dios no cambia. Su poder siempre está a disposición de la fe individual. Otoniel nos da un ejemplo de ello al apoderarse de Debir. La bendición también está a nuestro alcance (1 Pedro 3:9 al final). Basta pedir como lo hace Acsa (Jueces 1:15). Para nosotros, la bendición emana del Espíritu de Dios, el cual, como esas “fuentes” fertilizantes prometidas en Deuteronomio 8:7, refresca nuestras almas por medio de la Palabra de Dios. Pidamos a nuestro Padre esta bendición.

Causas y manifestaciones de la decadencia espiritual

Apenas comenzando el libro de los Jueces, nos hallamos ya frente a una decadencia tan triste como rápida. ¿Cuál es la causa principal? Haberse olvidado de la presencia de Jehová. No se habla más de Gilgal, lugar del juicio de uno mismo y donde se ha­llaba el Ángel de Jehová (cap. 2:1). ¿Cuál es la consecuencia de ello? Se teme el poder del enemigo, y sus carros de hierro son objeto de espanto (Proverbios 29:25). Puede haber una aparente semejanza con los tiempos de Josué. La toma de la ciudad de Luz hace pensar en la de Jericó. Pero aquí no es cuestión de fe ni por parte de los hijos de José ni del hombre que revela la entrada a la ciudad. Rahab había sido protegida a causa de su fe. Ahora todo es diferente en el caso del traidor de Luz, quien, en lugar de vivir con el pueblo, va a reconstruir su ciudad a otra parte. Una victoria que no sea el fruto de la confianza en Dios, nunca será duradera.

Si bien la decadencia es general, cada tribu en particular se caracteriza por tolerar o soportar con más o menos resistencia la presencia de enemigos en su territorio.

También en la Iglesia, el relajamiento colectivo es el resultado del relajamiento individual. Preguntémonos, usted y yo: ¿cuál es mi actitud? ¿Cuál ha sido mi testimonio desde el día de mi conversión?

La influencia del mundo – Boquim, lugar de lágrimas

Dios tenía muchos motivos para exigir la total destrucción de los enemigos de Israel. En particular, quería proteger a su pueblo de la influencia de la idolatría, propia de los cananeos. Moralmente, el mismo peligro existe para nosotros. Una parte de nuestro tiempo transcurre en contacto con personas inconversas: compañeros de trabajo, a veces ciertos miembros de nuestra familia. En general, no podemos evitar esas relaciones; pero debemos procurar que no ejerzan ninguna influencia sobre nuestra vida espiritual. Cuidémonos de las malas compañías (1 Corintios 15:33). Es necesario huir de ciertas personas, aun cuando se burlen de nosotros. De lo contrario no tardarán en acosarnos “hasta el monte”, como lo fueron los hijos de Dan (Jueces 1:34), impidiéndonos gozar apaciblemente de lo que Dios nos dio.

El Ángel de Jehová, Príncipe de su ejército (Josué 5:14), aguardó que Israel volviera a Gilgal, punto de partida de las gloriosas victorias de antaño; ¡pero ha esperado en vano! Entonces sube a Boquim, lugar de lágrimas.

Al comparar la actual debilidad de la Iglesia con su glorioso comienzo ¿no deberíamos asumir una actitud de humillación?