Jueces
Jueces

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 9

Abimelec – Un corto relato alegórico

Este triste capítulo describe los rápidos y espantosos progresos de la decadencia. En otros tiempos, Gedeón sabiamente había rechazado para él y para su hijo el dominio que se le propuso; pero después, rehaciéndose la carne, él dio al hijo de su concubina el nombre de Abimelec, es decir: mi padre es rey (cap. 8:31). Con astucia y violencia, este se adueña del poder. En contraste, consideremos a Jotam, el más joven de los hijos de Gedeón, el único que se salvó de la horrible masacre de Siquem. No teme decir la verdad y da testimonio a oídos de toda la ciudad, tal como su padre había hecho cuando, tiempos atrás, construyó su altar y derribó el de Baal.

La parábola del rey de los árboles es instructiva para nosotros. Subraya tres cosas que no hemos de dejar de lado sino que debemos guardar con cuidado: 1) el aceite del olivo, figura del Espíritu Santo, único poder del cristiano; 2) la dulzura y el buen fruto de la higuera, dicho de otro modo, las obras de la fe; 3) el mosto que alegra a Dios y a los hombres, imagen de los goces de la comunión con Dios y con los hermanos. Aceptar reinar aquí abajo, o sea ocupar un lugar eminente e inquietarnos por cuestiones mundanas, sería necesariamente abandonar estos excelentes privilegios. ¡El Señor nos guarde a todos de ello!

Nada escapa a la mirada de Dios

Este capítulo confirma la declaración de Isaías a propósito de tales hombres:

Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos, pensamientos de iniquidad; destrucción y quebrantamiento hay en sus caminos
(Isaías 59:7, citado en Romanos 3:15-19).

Hoy en día, ¿han cambiado las cosas en el mundo? ¡En absoluto! La política de los hombres sigue estando caracterizada por la violencia, la mentira y la agitación. "¿Iré a agitarme” por ellos? (v. 9, 11, 13, versión francesa de J. N. Darby).

Era la pregunta hecha por Jotam en su parábola. Habría podido tomar partido contra Abimelec, para vengar a sus hermanos asesinados. ¡Pero se cuida de hacerlo! Lejos de los disturbios y de las intrigas, espera apaciblemente en Beer la liberación de Jehová (v. 21; véase Números 21:16). Y así como vimos a los enemigos matarse unos a otros en el campamento de Madián, ahora Abimelec y los hombres de Siquem se destruyen mutuamente. El uno es para el otro como fuego devorador. Así se realiza lo que Jotam había predicho (v. 20) y, al mismo tiempo, se cumple lo que se ha comprobado en toda la historia humana: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7; véase también cap. 5:15).