Capítulo 3
La guerra continúa con ímpetu
En el libro de los Jueces vemos reproducirse constantemente el mismo ciclo: el pueblo empieza por dejar a Jehová. Entonces Dios emplea enemigos para despertar su conciencia. Finalmente, el pueblo clama a Dios quien, lleno de compasión, lo libera dándole un juez (véase también Salmo 107:6, 13, 19, 28). ¡Ay! demasiado a menudo se repite este ciclo en la vida de cada uno de nosotros. Cuando, olvidando al Señor, nos dejamos influir por el mundo, a veces Él se sirve de la adversidad del mismo mundo para despertarnos. El versículo 2 nos recuerda de qué manera Dios mantiene ese estado de alerta y nos ejercita para el combate. Deja subsistir enemigos expresamente para este fin. Una preparación militar necesariamente implica ejercicios y maniobras, sin los cuales un soldado sería inepto para la guerra. Pelear la buena batalla de la fe es una exhortación permanente para el cristiano (1 Timoteo 6:12). La fe posee una doble certidumbre: la primera, que el mundo es un enemigo; la segunda, que el mundo es un enemigo vencido. “Yo he vencido al mundo” fueron las últimas palabras dichas por el Señor Jesús a los suyos antes de ir a la cruz (Juan 16:33). Nuestra fe debe apoderarse de ellas para triunfar en el momento preciso (1 Juan 5:4-5).
Aod – Samgar
La vara que Dios emplea ahora para disciplinar a su pueblo es Moab. En otros tiempos, Jehová había impedido que esta misma nación maldijera a Israel por boca de Balaam. Dieciocho años transcurren antes de que el pueblo se vuelva a Jehová; anteriormente, ocho años habían bastado (v. 8). En su misericordia Dios le suscita un salvador: Aod, benjamita.
Aod tiene una "palabra de Dios" (v. 20) para Eglón, rey de Moab. Esa solemne palabra no es sino su puñal de doble filo que significa la muerte para el malo. La epístola a los Hebreos compara la Palabra de Dios viva y eficaz con una espada de dos filos (Hebreos 4:12). Hoy en día, esa Palabra es bienhechora para aquel que se deja sondear por ella, pero condena y hará perecer a los que no hayan creído (Apocalipsis 19:13-15). El arma de Samgar también es la Palabra de Dios, pero esta vez como la ve el mundo: un instrumento sin valor aparente. Sin embargo, esa arma tiene un gran poder y basta para liberar a Israel otra vez.
Debilidad del hombre (Aod era zurdo), debilidad del instrumento (la aguijada de Samgar): una y otra hacen resaltar el poder de Dios que libera a los que le claman.
