Capítulo 11
Jefté, héroe de la fe
Jehová es “Dios perdonador, clemente y misericordioso” (Nehemías 9:17, V. M.). Nuevamente librará a su pueblo, esta vez, por mano de Jefté. La historia de este juez es al principio similar a la de Abimelec. Pero Jefté, en lugar de rebelarse y vengarse de sus hermanos, renuncia a sus derechos y se retira al país de Tob, donde Dios sabe hallarlo llegado el momento.
Jefté, privado de su herencia, echado fuera por sus hermanos y exiliado en un país extranjero, de donde vuelve como libertador es, en este aspecto, una figura del Señor Jesús. El salvador del pueblo imperativamente debe ser también su jefe y capitán (Jueces 10:18; 11:8-9, 11). ¿Es Cristo uno y otro para usted? Después de haber sido rechazado por su pueblo Israel, que no quiso reconocer Sus derechos, subió al cielo. Ahora está ausente; pero volverá con poder y gloria (véase Lucas 19:12-14).
Delante de los enemigos de Israel, Jefté es muy valiente. ¿Cómo responde a sus reclamos y a su mentira? Recordándoles las verdades del principio y apoyándose en las bendiciones de otrora. Es necesario conocer bien los principios de la Palabra que condujeron a los creyentes de las pasadas generaciones y mantenerlos con firmeza (2 Tesalonicenses 2:15).
¡No regatear!
Jefté se cree obligado a pagar a Jehová, mediante un sacrificio, su victoria sobre los hijos de Amón. ¡Esto es no conocer bien a Dios! Él se complace en bendecir a los suyos y, a cambio, solo espera que le amemos. Él nos salva gratuitamente.
Consideremos la locura de la promesa que hace este hombre. ¡A veces Dios nos deja soportar las consecuencias de lo que decidimos precipitadamente! Cuidemos, pues, muy de cerca nuestras palabras, porque las promesas hechas a la ligera pueden tener graves consecuencias (Proverbios 20:25).
Si por un momento la fe le faltó a Jefté, ahora brilla en su hija, que “era sola, su hija única”, querida por su padre. Su sumisión nos hace pensar en la del Señor Jesús (Juan 8:29). No considera su vida como preciosa y se regocija por la victoria que Jehová dio a Israel. Es obediente hasta la muerte por amor a Jehová, a su padre y a su pueblo. Es una conmovedora figura de Cristo, si bien va lejos en la retaguardia de Aquel a quien representa.
Si la hija de Jefté merecía ser recordada de año en año, ¡nuestro Señor es infinitamente más digno de ser exaltado ahora y por la eternidad!
