Jueces
Jueces

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 4

¿Confianza o vacilación?

Al norte del país, el enemigo de otros tiempos vuelve a restituirse, bajo el mismo nombre: Jabín, y con la misma capital, es decir, Hazor (véase Josué 11:1), y oprime a Israel durante veinte años. Cuidémonos de no perder el fruto de la victoria de nuestros predecesores. Es, pues, necesario volver a combatir. Jehová emplea a Débora, una mujer profetiza, una "madre en Israel" (Jueces 5:7), para juzgar y liberar al pueblo. Hermanas, jóvenes creyentes, no piensen que se las pone a un lado en los servicios de la Asamblea. Por cierto, no conviene que la mujer ejerza “dominio sobre el hombre” ni que tome la palabra en público (1 Timoteo 2:12; 1 Corintios 14:34). No obstante, ¡cuántas cristianas obtuvieron notables liberaciones, solo por sus oraciones!

Débora llama a Barac, pero a este le falta valor. Necesita apoyarse en alguien. Su confianza en Dios no es suficiente como para prescindir de todo socorro humano (léase Salmo 146:3, 5). Nuestra valentía siempre depende de la confianza que tengamos en el Señor. Si ella nos falta, hagamos como los apóstoles en el capítulo 4 de los Hechos: piden a Dios que les conceda hablar de Su Palabra con "todo denuedo" (v. 29), lo cual les es concedido mediante el Espíritu Santo (v. 31).

Dos mujeres de fe

Sísara huyó a pie; sus novecientos carros de hierro no le sirvieron de nada. Creyó hallar asilo en la tienda del ceneo; pero encontró la muerte por mano de Jael, una mujer de fe. Esa familia del ceneo es interesante. En otros tiempos, Hobab, su antepasado, había rehusado acompañar a Israel (Números 10:29-30). Pero más tarde, sus descendientes siguieron al pueblo (cap. 1:16) y en nuestro capítulo to­man parte en sus luchas y su triunfo.

Al llegar, Barac halla a su enemigo muerto a manos de una mujer, perdiendo así una parte del honor de la victoria, como se lo había anticipado Débora.

Pese a todo, Dios distingue la fe donde nosotros no la vemos brillar, pues el nombre de Barac figura en la lista de los fieles testigos del capítulo 11 de Hebreos, en el versículo 32. ¡Qué gracia! Lo poco que hacemos para el Señor, a menudo mezclado con sentimientos humanos, tiene un precio para él y él lo recordará.

Cuán lejos está el día en que todo el pueblo cantaba en la orilla del mar Rojo. En estos tiempos de debilidad oímos solo dos voces, la de Débora y la de Barac, un hombre y una mujer de fe. Pero su cántico no es menos triunfante. Empieza por alabar a Jehová a quien corresponde la gloria de la victoria.