Capítulo 8
Dificultades después de la victoria
Las lecciones de humildad que Dios enseñó a Gedeón han llevado su fruto: está dispuesto a reconocer la parte que otros tomaron en la victoria. La ira de los hombres de Efraín se aplaca ante la respuesta de Gedeón, llena de mansedumbre, la que subraya la importancia de lo que ellos habían hecho (v. 2-3). Hacer resaltar el trabajo de los demás, valorizar sus cualidades en lugar de insistir en nuestro trabajo y nuestras cualidades son el fruto de la vida divina, la cual no tiene nada en común con la hipócrita diplomacia humana. Pedro nos recuerda que un espíritu afable y apacible es de gran estima delante de Dios (1 Pedro 3:4).
Dios escogió bien a los trescientos combatientes. Ahora, estos no toman en cuenta su cansancio, como tampoco se habían preocupado por sus comodidades, ni por calmar su sed junto al agua (cap. 7). Tienen una meta y la persiguen (v. 4). Pablo declara :
Una cosa hago ... prosigo a la meta
(Filipenses 3:13-14).
Derribados, pero no destruidos –dice él en otra parte– (2 Corintios 4:9). Como Gedeón con los hombres de Sucot y Peniel, el apóstol deberá pasar por la penosa experiencia del abandono (2 Timoteo 4:16). Pero, ¡qué contraste con la dura venganza de Gedeón! Como verdadero discípulo de su Señor, Pablo puede agregar: “No les sea tomado en cuenta”.
Ceder a las trampas de la idolatría
Después de la victoria, una serie de sutiles peligros todavía amenazan al siervo de Dios. Ya vimos los celos de Efraín a los cuales Gedeón responde con mansedumbre. Ahora, he aquí los halagos del mundo. Pero esos cumplidos de los dos reyes, Zeba y Zalmuna –que Gedeón “parecía hijo de rey”, no impiden que este los mate. Se le arma otra trampa, pero esta vez es de parte de los israelitas. “Sé nuestro señor –le dicen– tú y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado”. Su respuesta es hermosa:
Jehová señoreará sobre vosotros (v. 22-23).
Con respecto a las almas, un siervo de Dios debe cuidarse de ocupar el lugar que le corresponde al Señor, y los fieles deben abstenerse de halagar a los siervos de Dios (Mateo 23:8-10).
Después de las victorias de Gedeón, encontramos una última trampa (v. 27) en la cual desgraciadamente va a caer. Para recordar su victoria hace un efod (objeto de oro en relación con el sacerdocio), y manda que se coloque en la ciudad de Ofra. De ello resulta que todo Israel viene a admirarlo, olvidando que el único centro del sacerdocio estaba en Silo, donde se hallaba el arca (Josué 18:1). Después, Gedeón muere… ¡y el pueblo vuelve a los ídolos!
