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Justificados por la fe

Leer Romanos 3:25-31 Dios podía tener paciencia con los pecados de los creyentes que vivieron en el tiempo del Antiguo Testamento (Romanos 3:25) porque Él ya miraba adelante a la obra de Cristo. Él no cerraba sus ojos para no ver esos pecados, sino que, al perdonarlos, obraba con justicia porque sabía que Cristo iba a derramar su sangre para ello.

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La creación

Según Génesis 12:4, Abraham tenía 75 años de edad cuando recibió la promesa y salió de Harán para ir a Palestina. En Gálatas 3:17, el apóstol dice que la ley fue dada 430 años después. Entonces, desde el nacimiento de Abraham hasta la ley son 505 años.

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The Mackintosh Treasury

La cristiandad

¡Qué variedad de pensamientos y sentimientos se despiertan en el alma al solo sonido del vocablo «cristiandad»! Es un vocablo terrible pues nos pone delante esa vasta multitud de profesantes bautizados que se llaman a sí mismos la iglesia de Dios, pero no lo son; se llaman el cristianismo, pero no lo son. La cristiandad es una anomalía oscura y terrible. No es una cosa ni otra.

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La decadencia

Las siete cartas pueden dividirse en dos grupos. En las tres primeras se dice previamente “el que tiene oído, oiga”, y a continuación viene la promesa “al que venciere”. En cuanto a las cuatro cartas siguientes, este orden es invertido.

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La decadencia de la Iglesia

En las epístolas o cartas escritas por los apóstoles encontramos la misma advertencia. Por muy glorioso que fuese el principio de la Iglesia, el mal se manifestó pronto y no hay ninguna duda de que seguirá en aumento.

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La decadencia y el juicio

El templo fue terminado en el año 1005 antes de Cristo. En el año 445 a.C. Nehemías fue a Jerusalén para reedificar la ciudad (Daniel 9:25; Nehemías 2:5-8). Son entonces 560 años.

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La distinción entre la Iglesia e Israel

En las páginas anteriores hemos indicado ya la diferencia que existe entre Israel y la Iglesia en sus relaciones con Dios, quien se reveló al pueblo israelita bajo el nombre de Jehová, mientras que la Iglesia o Asamblea lo conoce como Padre.

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The Mackintosh Treasury

La doble vertiente del hecho

Confiando en que hemos dejado bien probado el hecho de la venida del Señor, vamos ahora a poner ante el lector la doble vertiente de tal hecho: la que concierne al pueblo de Dios y la que concierne al mundo.

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La esperanza del creyente a través del duelo

En 1 Tesalonicenses 4:13-18 el apóstol Pablo dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

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La historia de la Iglesia

En los capítulos 2 y 3 del libro del Apocalipsis tenemos una descripción profética de la historia de la Iglesia. No como los hombres la ven y la juzgan, sino como la ve el que tiene “sus ojos como llama de fuego”. El mismo Señor Jesús. Más tarde hablaremos de esto con más detenimiento.

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La historia profética del Imperio romano

Aunque aquel que conoce la historia de los primeros reinos contempla admirado la precisión de las profecías de Dios al leer capítulos como Daniel 8-10 y 11, ahora no queremos tratar esto, sino solamente averiguar la historia del cuarto reino.

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La Iglesia en la eternidad

Entonces la Iglesia hará ya mucho tiempo que mora en la casa del Padre, en la gloria eterna. En Apocalipsis 19 encontramos las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y aunque ello haya tenido lugar más de mil años antes, su belleza y su devoción no habrán cambiado, sino que permanecerá

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La incredulidad es la base de tales errores

La incredulidad acerca de la divina inspiración de las Escrituras es, como ya lo dijimos, la base de todos esos errores. Éstos forman parte de la apostasía predicha por la misma Palabra de Dios, cuyo desenlace final va acercándose.

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La justicia reinará

¡Qué alivio habrá para los hombres que entren en este reino! Abundancia será la parte de cada uno. Entonces no será necesario decir a los patronos: “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos”.

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La justicia y la paz se besaron (Salmo 85:10)

Ciertamente, habrá un tiempo glorioso aquí en la tierra. Y cuando oímos, ahora, el gemir de la creación; cuando vemos el dolor y la miseria enseñoreándose de la tierra; cuando percibimos cómo reina la iniquidad; cuando experimentamos el poco conocimiento que hay de Dios; cuando oímos blasfemar su santo Nombre, entonces anhelamos el momento que dará principio a este glorioso reino de paz.

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La maldición de la tierra es quitada

Cuando Adán pecó, la tierra fue maldita por causa de él. En lo sucesivo, la tierra produjo espinos y cardos, y con el sudor de su rostro el hombre debió comer su pan. También los animales fueron colocados bajo esta maldición (Génesis 3:14-19).

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La nueva Jerusalén

No obstante, la participación en la gloria de Cristo no es nuestra posición y gloria verdaderas. Sí, vendremos con Cristo a la tierra, pero nuestra morada verdadera está en el cielo. Entonces somos “el pueblo de los santos del Altísimo” (Daniel 7:27). El sueño de Jacob (Génesis 28:12; Juan 1:51) se ha cumplido. Hay una comunicación continua entre cielo y tierra.

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“La paga del pecado es muerte”

Pero eso no es todo. El hombre lleno de vida en este mundo se hunde en la muerte. ¿Por qué? Porque el pecado se introdujo en el mundo, y el pecado despertó la conciencia. Aun más, con el pecado vino el juicio de Dios. La paga del pecado es la muerte, terror para la conciencia. Es el poder de Satanás sobre el hombre, por cuanto Satanás tiene el dominio de la muerte.

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La parte de la Iglesia

Hemos visto, en uno de los capítulos anteriores, que entonces la Iglesia no estará ya en la tierra. Antes de que sobrevengan los juicios de Dios sobre el mundo seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire para estar siempre con él (1 Tesalonicenses 4). Pero eso no significa que no tengamos parte en la gloria del milenio.

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La parte del vencedor

El que tuviere ahora sed recibirá, entonces, de la fuente, el agua de vida. Y no solamente recibirá el agua de vida, sino que Dios mismo será su refrigerio.

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La posesión del país

De Hechos 13:18-22 obtenemos el siguiente cálculo:  

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La primera resurrección

Estas tres fases constituyen “la primera resurrección” o “la resurrección de entre los muertos”. La resurrección de los muertos –los que no han creído– no ocurrirá sino después del milenio (Apocalipsis 20:5), con vistas al juicio final. Por eso este suceso no se llama segunda resurrección, sino “la muerte segunda” (Apocalipsis 20:11-15).

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La restauración y la reconciliación

En Daniel 9:24 nos enteramos de que setenta semanas, que son 490 años (compárese con Levítico 25:8), estaban determinadas sobre Israel y Jerusalén “para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (V. M.)

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La resurrección de condenación

La verdad fundamental de la Escritura sobre el juicio la hallamos en Hebreos 9:27: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. El versículo siguiente limita, sin embargo, la regla: “Cristo… aparecerá… para salvar a los que le esperan”. Estos últimos, pues, no serán juzgados.

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