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Objeto y finalidad de las profecías
Muchos cristianos saben DE DÓNDE y DE QUÉ han sido rescatados, pero no han aprendido PARA QUÉ lo han sido. Bástales saber que están seguros de la salvación que han recibido en Cristo, mas ¿no deberían también aspirar a conocer todas las consecuencias de tan grande salvación?
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La Iglesia del Dios viviente
Oraciones definidas
Muchas veces las reuniones de oración parece que no tuvieran un objetivo. Las oraciones se notan confusas y desorientadas. En las Escrituras los discípulos generalmente tenían alguna meta definida en su mente. Estaban completamente de acuerdo sobre un objetivo y oraban con un espíritu de unanimidad.
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La Iglesia del Dios viviente
Origen, canales y extensión del ministerio
La base sobre la cual Cristo da estos dones para ministrar es la redención, la que Él efectuó por su sangre y su ascensión al cielo. Como Salvador victorioso, resucitado y ascendido, da dones a sus siervos para que desempeñen el ministerio cristiano, a fin de que las almas sean salvas. Pero su obra no termina con esto.
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La Iglesia del Dios viviente
Otros dones
Ya hemos considerado detalladamente los cinco dones prominentes dados a la Iglesia –apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros– tal como se los menciona en Efesios 4:11. Estos son los dones mayores, y podemos estar seguros de que los últimos tres (evangelistas, pastores y maestros) continuarán hasta que el Señor reúna a la Iglesia en la gloria de la casa del Padre (Efesios 4:13).
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Pablo
El apóstol Pablo tuvo el privilegio de exponer las verdades acerca de la Iglesia. Antes del día de Pentecostés, la Iglesia no existía. Israel era el pueblo que Dios tenía en la tierra. A ellos les pertenecía todo el sistema de leyes y sacrificios, así como el templo.
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La Iglesia del Dios viviente
Pablo anima y testifica
Pero dentro de la oscuridad hay ánimo y estímulo para los que de veras pertenecen al Señor. Durante la tempestad, el ángel de Dios apareció a Pablo, diciéndole que no temiera. Le dijo que era necesario que compareciese ante César y que Dios le había concedido la vida de los que navegaban con él (v. 22-25).
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¿Para qué y para quién ofrendar?
Preguntemos al Señor cuándo, a quién y cuánto debemos dar. ¿Consideramos como un privilegio el compartir con otros las riquezas que el Señor nos ha prestado? En la Biblia vemos que en los primeros tiempos de la Iglesia, los creyentes daban a los siervos del Señor, a los necesitados, a las viudas, y para otros aspectos de la obra del Señor, según las necesidades.
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Para resumir
1. Si no queremos ser una secta, jamás debemos perder de vista la «unidad del Cuerpo» de Cristo, proclamada en la Mesa del Señor. Al mismo tiempo, sintiendo con dolor el estado actual de la cristiandad –a la cual pertenecemos, no lo olvidemos nunca– debemos aprovechar con reconocimiento de las prerrogativas que hasta el fin quedan unidas a la Iglesia según Dios.
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La Iglesia del Dios viviente
Pasos hacia un naufragio
Aquí, como en otras partes de la Palabra, el significado de los nombres es la llave que da acceso a la instrucción espiritual. El nombre del pueblo en el que comenzó el viaje era “Adrumeto”, que quiere decir «no en la carrera». Hebreos 12:1-2 nos habla de la carrera que hemos de correr hacia la meta celestial.
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La Iglesia del Dios viviente
Pastores
La palabra traducida por “pastores” quiere señalar a uno que da de comer y cuida a las ovejas de Dios. La Palabra menciona a aquellos a quienes el Señor ha capacitado y dotado para “apacentar la grey de Dios” (1 Pedro 5:2) y los ha llamado para esta obra. El Buen Pastor desea que sus ovejas no solo sean libradas del enemigo, sino también que sean guardadas, guiadas y alimentadas.
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La Iglesia del Dios viviente
Pastores y maestros
Estos dones se dan para el cuidado de niños espiritualmente recién nacidos en Cristo a fin de conducirlos al conocimiento de la verdad y de guardarlos fieles a ella. Todos los dones de Cristo se dan “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo… para que ya no seamos niños” (Efesios 4:12-14).
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The Mackintosh Treasury
Pensamientos sobre la Cena del Señor
Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
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Pérgamo
Nos enfrentamos aquí con una situación completamente distinta. La Iglesia no es ya “extranjera y peregrina” aquí abajo, sino que tiene una residencia estable y esta no se encuentra en el yermo o en la soledad, sino allí “donde está el trono de Satanás”. Ha buscado sombra y cobijo en este mundo, donde radica el trono del príncipe y dios de este siglo. Esto es lo que vemos en el plan histórico.
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La Iglesia del Dios viviente
Personas perversas
Es importante notar que solamente las personas perversas –y nadie más que ellas– tienen que ser separadas de la comunión de los creyentes. “Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros”. Sería un gran mal quitar a uno que meramente fue sorprendido en alguna falta o a uno que solamente cometió una ofensa.
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Pertenecemos al Señor
¿Ignoráis… que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).
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¿Por qué la Iglesia está en la tierra?
Nos sentimos llevados a interrogarnos por qué ella ha sido dejada aquí abajo, y qué funciones es llamada a ejercer en la tierra.
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¿Por qué no tienen un nombre distintivo?
Una designación particular es absolutamente condenada por la Biblia: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído” (1 Corintios 3:4-5). “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).
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Preparación para el estudio de las profecías
El espíritu con el que hemos de entregarnos al estudio de las profecías está claramente caracterizado por el pasaje bíblico de la vocación de Isaías, a quien el Señor había llamado al ministerio profético; pero, aunque se trata aquí de un «Nabi'» (término hebreo traducido por profeta, que significa: aquel que anuncia), la índole de la preparación siempre es la misma.
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La Iglesia del Dios viviente
Preservar la gloria de Dios
Por cierto que nuestra primera preocupación en cuanto a la disciplina de la asamblea debería ser la de preservar la gloria de Dios y honrar su santo nombre. Él mora en la asamblea, y si el mal es tolerado en ella, no se está haciendo otra cosa que vincular el santísimo nombre de Cristo con el mal. Esto deshonra su nombre precioso y santo.
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La Iglesia del Dios viviente
Primer paso
Ahora veamos el primer paso que se debe dar luego de verificar la existencia de la ofensa. Este primer paso es: “Ve y repréndele estando tú y él solos”. Esto es lo que el Señor dijo que habría de hacerse como primera medida por parte del ofendido. Permítasenos citar las excelentes palabras de W. Kelly sobre lo dicho más arriba:
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The Mackintosh Treasury
Privilegio implica responsabilidad
El privilegio de tener a Dios con nosotros
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La Iglesia del Dios viviente
Pruébese cada uno a sí mismo
Veamos ahora las palabras solemnes del apóstol en cuanto a comer y beber la Cena indignamente. “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.
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La Iglesia del Dios viviente
Purificándose a sí mismo
Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra (2 Timoteo 2:21).
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La Iglesia del Dios viviente
Purificar a la asamblea
Estrechamente relacionada con ello está la purificación de la asamblea ante los ojos del mundo por medio de la disciplina y el juicio del mal. Debemos brillar como luces en el mundo a fin de que nuestras buenas obras se vean y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:16).
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