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Personajes
Hay tres hombres que son, de un modo particular, figuras del Señor Jesús: José, Moisés y David.
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Pobreza material del Señor
Las expresiones del apóstol: “como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”, expresiones elevadas y maravillosas, se manifestaron en el Señor de una manera muy particular y personal.
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Privilegio y responsabilidad
El principio implícito en la expresión “tú y tu casa” es sin duda una gran bendición y privilegio. Si aquel que es la cabeza de la casa es salvo y hecho un hijo de Dios, objeto de la bendición y del favor de Dios, entonces toda su casa, por virtud de la conexión con él, es traída con él a una posición de asombroso privilegio.
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¿Qué es el hogar?
El hogar no es sólo un sitio donde comemos y dormimos, sino la atractiva morada donde el amor doméstico, la feliz y dulce vida familiar, el descanso, la paz, y la protección de un mundo malo son conocidos y donde participamos de ellos. No es el hermoso edificio ni el mobiliario rico que tiene dentro, lo que hace el hogar.
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Reacción del hombre natural
La fe, sin embargo, se siente cómoda en su presencia. El dios de este mundo ciega los pensamientos de los incrédulos para que no les resplandezca esta gloria ni puedan gozar de ella, en tanto que la fe la recibe con felicidad. Tal es la historia de la gloria aquí en la tierra, entre los hombres.
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Recibirle hoy
Si bien el amante Salvador no está ya corporalmente en la tierra como en tiempos de Marta, el Espíritu Santo está aquí, trabajando por Sus intereses; habita en Su pueblo redimido, y actúa por ellos y en ellos. Por tanto, nosotros también podemos recibir al Señor en nuestros hogares como Marta lo hizo en otro tiempo.
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Reflejar al Padre celestial
El Padre de padres es nuestro Dios y Padre celestial, y de Él cada padre terrenal debe aprender cómo ser un verdadero padre de familia. Por gracia prodigiosa todo creyente en Cristo entra en la más íntima y preciosa relación con Dios y le conoce como su propio Padre. Tenemos al Espíritu de adopción dentro de nosotros que clama: “Abba Padre”.
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Renunciamientos
Renunciar a Egipto no es ociosidad; tampoco es un desperdicio quebrar un frasco de perfume sobre la cabeza de Jesús, aunque vemos que entre los hijos de los hombres –e incluso muy a menudo entre los santos de Dios– se juzga estas cosas de tal manera.
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Respuestas a las necesidades
Todo esto es muy peculiar y característico; sin embargo, no es sino parte de la gloria moral del hombre, del hombre perfecto, Jesús, en sus relaciones con el mundo. Él fue vencedor, hombre de dolores y bienhechor, estuvo en el mundo sin ser del mundo.
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Rey de reyes y Señor de señores
La imagen del sueño de Nabucodonosor representaba los cuatro imperios de las naciones. Bastó “una piedra” para desmenuzarla. Entonces, dominio, gloria y reino son dados al “hijo de hombre”, y “su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 2:44-45; 7:13-14).
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Se apartó
Ezequiel había visto la nube dejar lentamente el santuario, detenerse a la entrada del templo, después a la puerta de la ciudad, para luego desvanecerse en el monte de los Olivos. Jesús se apartó. “Salió Jesús de la casa” (Mateo 13:1); se fue “a un lugar desierto y apartado” (Mateo 14:13); “de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón” (Mateo 15:21).
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Siervos
Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.
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The Mackintosh Treasury
Su aparición delante de Dios por nosotros: “Entró Cristo… en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”
Muchísimas personas se inclinan a confundir dos cosas que, aunque conectadas inseparablemente, son totalmente distintas: la intercesión y la expiación. Como no ven la perfección divina de la expiación, buscan de alguna manera en la intercesión lo que la expiación ya ha consumado.
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Su concepción
En Isaías 7:14 ya se había anunciado que la virgen concebiría y daría a luz un hijo. Hay que acudir a los evangelios para entender el alcance de esta profecía.
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The Mackintosh Treasury
Su futura aparición por los suyos: “Y aparecerá por segunda vez… para salvar a los que le esperan”
Hasta aquí, en cuanto a la expiación y la intercesión. Solo nos resta tratar el Advenimiento, la segunda venida del Señor. Deseamos especialmente recordarle al lector que, al tratar la muerte de Cristo, hemos dejado completamente sin tocar un punto importante que está relacionado con ella, a saber, nuestra muerte en él.
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Su humanidad
Del Señor Jesús se ha dicho que «su humanidad fue perfectamente natural en su desarrollo». Es esta una declaración muy hermosa y verdadera. Si fuera preciso lo demostraría el versículo 52 del capítulo 2 de Lucas.
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Su ministerio
Es hermoso ver a Jesús de lugar en lugar en sus idas y venidas, su compasión, sus enseñanzas, su perfecta humanidad. A veces su divinidad brilla como un relámpago, cuando calma la tempestad o resucita a Lázaro, o cuando hace tantos milagros. Como alguien dijo: «Escondía la forma de Dios bajo la de un esclavo, su divinidad bajo el espeso velo de un Galileo despreciado».
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Su muerte
Han pasado los años. Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua, en la cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. “Cuando era la hora, se sentó a la mesa” (Lucas 22:14). Había llegado la hora “para que pasase de este mundo al Padre” (Juan 13:1). ¿Va a retroceder ante el sufrimiento? ¿Obedecerá hasta la muerte?
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Su nacimiento
Miqueas 5:2 había anunciado que el Cristo nacería en Belén. José y María vivían en Nazaret. ¿Qué iba a hacer Dios para que María fuera a la ciudad de David y diera a luz allí? Dios está por encima de todo. El emperador promulgó un edicto para que todos se empadronaran (de hecho el censo se hizo más tarde).
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Su persona, nuestro todo
«El privilegio de nuestra fe cristiana» –ha escrito alguien– «el secreto de su poder, consiste en esto: todo lo que ella posee, todo lo que ella ofrece, se halla resumido en una persona.
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Su resurrección
En 1 Corintios 15:4 se nos dice que “fue sepultado”, para que nadie diga que sufrió un desvanecimiento temporario al clamar a gran voz y expirar en la cruz. Murió realmente y resucitó realmente. Algunos negaban la resurrección, pero “si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es… vuestra fe” (v. 13-14).
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Subo a mi Padre y a vuestro Padre
Como un testimonio más humilde aun de su plena fidelidad a todas sus promesas, el Salvador se encuentra con los suyos en Galilea, tal como les había prometido; y, como una expresión más completa de la misma fidelidad, los lleva al Padre, al cielo, como también les había prometido, enviándoles este mensaje: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).
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Sugerencia de Pedro
También en el capítulo 16 de Mateo vemos a Pedro manifestando un tierno afecto y un fuerte apego por su maestro: “Señor” –le dice– “ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”, pero Jesús juzgó las palabras de Pedro solamente según su valor moral. Cuán duro, por cierto, es para nosotros actuar así cuando se nos trata de una manera tan agradable.
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Sumisión como al Señor
Esta sumisión de la esposa a su esposo ha de ser “como al Señor”. El Señor es introducido como Aquel de quien se deriva la autoridad de su esposo. Ella ha de reconocer, detrás de su esposo, al Señor como la autoridad directiva y gobernante en la vida familiar, y recordar que, como “Cristo es la cabeza de todo varón, el varón es la cabeza de la mujer” (1 Corintios 11:3).
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