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Pláticas sencillas

Las mujeres ante el sepulcro

El primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea vinieron al sepulcro. Traían las especias aromáticas que habían preparado para ungir el cuerpo de su Señor. Al encontrar el sepulcro abierto, entraron, pero comprobaron que el cuerpo de Jesús no estaba allí.

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Pláticas sencillas

Las murmuraciones de los griegos

“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria” (v. 1).

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Las oraciones del señor Jesús en el evangelio según Lucas

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hallamos muchos hombres que han orado. Hemos visto algo de sus oraciones, de la fe que las motivó y de los resultados. Pero hay un ejemplo supremo, el del Hijo del Hombre, Dios manifestado en carne, cuyo camino entero estuvo marcado por la oración. Los evangelios, especialmente, lo muestran dirigiéndose así a Dios, al Padre.

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Las persecuciones (oposición exterior)

Escribiendo a los corintios, el apóstol señala que él mismo tenía “sentencia de muerte”, para que no tuviera confianza en sí mismo, sino en Dios, quien resucita a los muertos, y quien podía librarle. Era consciente de cumplir en su carne “lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” (Colosenses 1:24).

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Las pescas milagrosas

En Lucas 5 Pedro, quien ya se había encontrado con Jesús a orillas del Jordán, conoce su poder y encuentra en él a su Salvador. Ante el milagro, exclama: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Pero Jesús no se apartó. No rechazó al pecador que estaba de rodillas ante él; al contrario, le dijo: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.

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Las preocupaciones

Las circunstancias exteriores, y aún más la incertidumbre del porvenir, provocan en nosotros las preocupaciones, el miedo y la angustia. Nuestra falta de confianza es la causa de ello.

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Las tablas

Dimensiones: 1½ codo de ancho por 10 de alto. 20 tablas al norte, 20 tablas al sur, 8 al oeste: total 48.

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Las tentaciones intelectuales

Entre “los dardos de fuego del maligno”, de los que habla el apóstol en Efesios 6:16, se pueden incluir también esas flechas que el diablo lanza para infundir la duda en nuestro espíritu. Él ya había insinuado a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho…?” (Génesis 3:1). Satanás lanza sus “dardos” de maneras diversas, mediante lecturas, estudios, conversaciones con personas mal aseguradas en la fe.

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Las travesías

Al atardecer de una jornada, después de que el Señor enseñó a la multitud anunciando la Palabra “conforme a lo que podían oír”, dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado”. Iban a cruzar el mar, símbolo de toda la agitación de las circunstancias de la vida, pero Jesús estaba con los suyos. ¿Por qué temieron ante el viento y las olas, y no tenían fe?

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Pláticas sencillas

Las tres horas de oscuridad

Hemos seguido a Jesús en las diversas etapas desde su arresto. Compareció ante el Sanedrín, ante Pilato; pasó por las manos de los soldados; estuvo expuesto en la cruz desde la hora tercera hasta la sexta –desde las nueve de la mañana hasta el mediodía–, soportando los insultos y burlas de todos, e incluso las injurias de los ladrones crucificados a su lado.

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Libertados, liberados

Romanos 6:14 afirma: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Eso no quiere decir que el creyente no pecará más, sino que está libre de la dominación del pecado.

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Pláticas sencillas

Lo que cuesta seguir a Cristo

“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (v. 25-26). El discípulo es aquel que, después de escuchar las enseñanzas de su maestro, las pone en práctica y por consiguiente, sigue sus pisadas; asemejándose a su maestro.

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Lo que el Espíritu Santo hace por los creyentes

Contrariamente a lo que ocurre con el mundo, el Espíritu Santo obrará en los creyentes haciéndoles gozar de todo lo que les pertenece en su nueva posición ligada a la de Cristo resucitado y glorificado; ya no son, pues, del mundo.

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Lo que impide creer

Jesús les dice todavía: ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?

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Lo viejo y lo nuevo

Estos mismos razonadores preguntaron a Jesús por qué los discípulos de los fariseos y los de Juan ayunaban a menudo y hacían oraciones, mientras que los suyos comían y bebían. Jesús les respondió: “¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán” (v. 34-35).

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Los apóstoles en Listra

Entre los que escuchaban la predicación de Pablo en Listra se encontraba un hombre que nunca había caminado. Entonces Pablo, fijando sus ojos en él y “viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo” (v. 8-10). En presencia de este gran milagro, las multitudes clamaron: “Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros.

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Los bienaventurados

El Señor comienza por designar los caracteres de aquellos que llama “bienaventurados” (cap. 5:1-12). A estos el mundo no los llamaría bienaventurados, lo que prueba que no son del mundo.

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Los bienaventurados y su conducta

Rodeado de aquellos que lo escuchaban, a quienes separaba del resto del pueblo que no quería saber nada de él, Jesús les enseñó cuál sería su porción si lo seguían. Tendrían que soportar las consecuencias de su rechazo. Desde el momento en que habían creído en él, ya no eran del mundo, sino del cielo.

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Pláticas sencillas

Los días siguientes

Desde el capítulo 1, versículo 28, hasta el versículo 22 del segundo capítulo, los hechos relatados forman una historia simbólica de todo lo que transcurre desde el momento en que Juan el Bautista ve aparecer a Jesús hasta el establecimiento del reinado milenario.

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Los diez leprosos

Yendo de Galilea a Jerusalén, Jesús encontró en una aldea a diez hombres leprosos que se pararon a lo lejos y gritaron: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados” (v. 13-14). Los sacerdotes solo tenían que comprobar la curación, no hacían nada más.

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Pláticas sencillas

Los discípulos de Juan en presencia de Jesús

Después de enviar a sus discípulos a la mies, el Señor salió para enseñar y predicar en las ciudades. ¡Contemplar a tal persona, al Hijo de Dios, qué hecho maravilloso para la fe! Se le podía encontrar por doquier, cumpliendo las obras de gracia de parte de Dios, su Padre, en medio de esta humanidad perdida. ¡Qué humildad, qué devoción, qué amor! Dejó la gloria para venir a esta tierra.

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Los discípulos en la tempestad

“Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum”. Era simbólicamente la tarde del día en que Jesús estaba en la tierra.

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Pláticas sencillas

Los discípulos en relación con el Padre

El Señor iba a poner a los discípulos en relación con su Padre; esto fue lo que se apresuró a comunicarles por medio de María Magdalena el día de su resurrección (cap. 20:17). Por eso les dice: “En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

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Pláticas sencillas

Los discípulos ocupados de su grandeza o importancia

En el mismo momento en que Jesús les dijo a los suyos que uno de ellos lo entregaría, lo que evidentemente los entristeció, comenzaron a discutir entre sí sobre quién sería el mayor. Únicamente la Palabra puede presentarnos un cuadro tan fiel del corazón humano. ¡Y qué cuadro más triste! Luego, frente a semejante realidad, vemos el amor y la paciencia del Señor con sus pobres discípulos.

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