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Prefacio

¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes? (Proverbios 30:4) Cuando Jesús preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:15-16). Se lo había revelado el Padre, y por esta razón es llamado “bienaventurado”.

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Prólogo

En la Palabra no poseemos un texto continuo sobre la vida de Timoteo, como sí lo tenemos sobre David, José, Daniel y otros. Tampoco ocupa un largo espacio en el Nuevo Testamento, donde es mencionado veinticuatro veces en el libro de los Hechos y once en las epístolas, de las cuales dos van dirigidas a él.

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A la edad de doce años

No nos es dicho nada acerca de su vida en Nazaret. Es llamado “el hijo del carpintero” (Mateo 13:55), e incluso “el carpintero” (Marcos 6:3), precisando así cuál era su ocupación.

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Adonai

El Señor, el Amo, se encuentra cuatrocientas veintisiete veces en el Antiguo Testamento, algunas de ellas en forma compuesta: Señor Jehová (Génesis 15:2, 8; Daniel 9; etc.)

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Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia (Efesios 1:22)

El salmista pudo decir, y podemos aplicárnoslo a nosotros mismos: “Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor” (Salmo 45:10-11). Rendirle culto ¿no es la primera invitación dirigida a la que él ama?

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¿Cómo guardar la fe?

El apóstol se dirige a Timoteo como a su “verdadero hijo en la fe” (1 Timoteo 1:2). Había nacido de nuevo; poseía esa “fe no fingida”, base de todo, que el apóstol había notado rápidamente (2 Timoteo 1:5).

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Con Pablo

¿Habrá mejor preparación para un joven llamado al servicio del Señor que acompañar a un siervo de más edad? Aprenderá cómo conviene comportarse, cómo actuar o no actuar; participará de los ejercicios que se encuentran en toda obra para el Señor.

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Cristo en la profecía

Sin nombrarle expresamente, Proverbios 8:23 nos dice acerca de la Sabiduría: “Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra”. El concepto tener “el principado” significa literalmente en hebreo «ser ungido», lo cual implica a Cristo. a)  La “simiente”

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Dios se reveló progresivamente

1 Corintios 1:21 nos dice que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría”. Pero Dios quiso, por propia iniciativa, revelarse progresivamente.

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El abandono de la fe

Respecto a este asunto las dos epístolas contienen diversas expresiones, y cada una tiene su sentido particular y sus motivos concretos. En 1 Timoteo 1:6 algunos se desviaron de la fe y se volvieron a una vana palabrería, bajo pretexto de ser doctores de la ley, mezcla del judaísmo y del cristianismo que lleva a apartarse de la simplicidad en cuanto a Cristo. 

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El amor manifestado

Este amor del Padre por el Hijo es la medida del amor del Padre por los redimidos y del amor del Hijo hacia aquellos por los que tanto sufrió. Antes de dejarles, Jesús se dirige a los suyos: “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado” (Juan 15:9). Este amor puro, insondable, que ha recibido él mismo, es el que él tiene por los suyos.

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El Cristo - el Ungido - el Mesías

Él no vino a ser el Cristo en su bautismo, como algunos lo pretenden. Proverbios 8:23 es claro al respecto, cuando la Sabiduría dice: “Desde la eternidad fui yo ungida, desde el principio, antes que existiera la tierra” (V.M.) Y Romanos 9:5 precisa: “Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos”.

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El Cristo histórico

a)  Su nacimiento La genealogía de Mateo 1 termina diciendo que, “de María… nació Jesús, llamado el Cristo”. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido hoy… un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Simeón estaba seguro de que vería al Ungido del Señor. Los magos vinieron para adorar al rey.

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El Cristo vivo

El Cristo que vivió en este mundo murió, pero también resucitó. Es el testimonio que los apóstoles dan repetidas veces –Pedro especialmente– en el libro de los Hechos. Esta es la seguridad de que habla Pablo, guiado por el Espíritu de Dios, en 1 Corintios 15:14: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”.

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El enviado del apóstol

Sin duda Pablo poseía una autoridad apostólica de la cual estaba revestido, ¿pero podía por ello «ordenar» a sus compañeros tal o cual servicio o misión, o confiarles tareas con frecuencia delicadas? En cuanto a nosotros, no nos corresponde dirigir u ordenar siervos, ya que dependen directamente de su Maestro, hacia el cual son responsables.

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El huerto de la aurora

El día de la crucifixión, después de que todas las clases del pueblo desfilaron ante el Calvario, con sus burlas y sus injurias, y cuando Jesús hubo entregado su espíritu, se hizo un gran silencio. Cuando llegó la noche, dos hombres, Nicodemo y José de Arimatea, se encontraron al pie de la cruz para ocuparse del cuerpo de la Víctima santa y sepultarlo.

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El llamamiento

Según Hechos 16:3, con motivo del segundo viaje de Pablo, Timoteo entró en el servicio activo para el cual había sido preparado.

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El misterio de la Trinidad

Esta se halla implícita ya en el primer versículo de la Biblia: “Creó Dios”; en hebreo, Dios está en plural (Elohim), ¡pero el verbo crear está en singular! Y un poco más adelante: “Dijo Dios: Hagamos (plural) al hombre a nuestra imagen…; Y creó (singular) Dios al hombre” (Génesis 1:26-27). Habrá que esperar hasta el bautismo de Juan para que la Trinidad se revele.

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El misterio de su Persona

Todos estos nombres le revelan a nuestros corazones y le hacen más precioso a nuestros afectos; él lleva muchos otros aún; no obstante, sigue siendo en su persona ese insondable misterio: solo el Padre conoce a fondo al Hijo (Mateo 11:27).

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El Nazareo

Es el nombre menospreciado. Como lo dijo Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46). La cruz tenía un rótulo: “Jesús nazareno, Rey de los judíos”, apelativo elegido para hacerlo objeto de burla y para contradecir a los judíos, quienes habían proclamado no tener más rey que César.

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El Padre ama al Hijo

“Padre… me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). Amor muy por encima de nosotros, fuera de nosotros, lazo eterno entre el Padre y el Hijo antes de toda creación, expresión de un profundo gozo (Proverbios 8:30), que solo él conoce plenamente.

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El peso sobre Cristo

Qué poca importancia damos a los indescriptibles sufrimientos de nuestro Salvador para llevarnos a Dios: “… habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, (le convenía a Dios) perfeccionase

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El Rey

El Salmo 2 había hablado del rey ungido en Sion, contra el cual los reyes de la tierra y los príncipes consultaban unidos (v. 2). Jesús testifica la buena confesión de ello ante Poncio Pilato, quien le dice: “¿Luego, eres tú rey?” Jesús le responde: “Tú dices que yo soy rey” (Juan 18:37).

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El rey de los judíos

Para la Iglesia, la Esposa, Él es el Señor. Para Israel, Él es el Rey. Es conveniente no confundir los dos títulos, ni en nuestros cánticos, ni en nuestras oraciones.

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