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Las tentaciones interiores

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Los recabitas - la disciplina personal

Una pregunta se impone: ¿Hay que esperar «pasivamente» la disciplina de Dios, sea para prevenir una caída o cuando se ha fallado?

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Los resultados de la oración

Sin duda los resultados de la oración son más numerosos de lo que pensamos, tanto en el mundo visible como en lo invisible; trataremos de detallar algunos de ellos.   a) La paz de Dios

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Pablo - la disciplina preventiva en relación con el ministerio

Una disciplina así, ¿es verdaderamente oportuna? Los numerosos peligros que corre un siervo del Señor nos muestran por qué la Palabra señala esta necesidad.

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¿Por qué orar?

En primer lugar, para acercarnos a Dios y comunicarnos con él. La epístola a los Hebreos abunda en el verbo acercar. Nos acercamos confiadamente al trono de la gracia (cap. 4:16). Nos acercamos a Dios por Cristo, quien intercede por nosotros (cap. 7:25). Nos acercamos por el camino nuevo y vivo (cap. 10:19-22).

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Salvados

El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido (Mateo 18:11). El pastor que tanto buscó a su oveja, ¡con qué gozo puede decir, al volver a su casa: “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”! (Lucas 15:6).

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Unidos a Cristo

En nuestro primer capítulo, relativo al tema de la salvación, vimos la gracia de Dios por nosotros. En el segundo capítulo, que trata sobre la familia de Dios, vimos lo que él hace de nosotros. Y ahora, en cuanto a nuestra unión con Cristo, veremos Su obra en nosotros.

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Unidos en un solo cuerpo

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1. Estar dispuesto a orar

En el Salmo 32:6 leemos: “Orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado”. Si solicitamos audiencia ante un personaje importante, a veces es necesario esperar mucho tiempo para ser recibidos.

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Abraham

No vamos a considerar toda la historia del patriarca, sino el fruto producido por la disciplina de Dios en su vida familiar. El llamamiento a Abraham fue claro: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). Sin embargo, Abraham se apartó de la instrucción divina:

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Actitud exterior

“Entra en tu aposento”, dijo el Señor Jesús en Mateo 6:6, y “ora a tu Padre que está en secreto”. 2 Reyes 4:1-6 nos da un ejemplo. Solos en su pobre habitación, la madre y sus dos hijos recogían vasijas vacías. Solo eran tres los que estaban allí, sin embargo había otra Presencia. En su angustia esa madre había clamado a Eliseo. ¿Cómo salvar a sus hijos de los acreedores?

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Actitud moral

¿Con qué actitud interior debemos acercarnos a Dios? Primeramente con respeto y reverencia. Lo vemos en Eclesiastés 5:2: “Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra”. Y aunque él se reveló a nosotros como Padre, siempre tengamos presente en la mente y en el corazón la grandeza de Aquel a quien nos dirigimos.

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Adoradores

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. La adoración es la más alta función que los creyentes puedan cumplir en la tierra y la única que continuará en el cielo (Juan 4:23; Apocalipsis 5).

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Agar

De Egipto, Abraham no solamente había traído recuerdos, sino también a “una sierva egipcia” (cap. 16:1), que había sido introducida en la intimidad de su familia. He allí el peligro. Posiblemente se tenga en un hogar, por un tiempo, a alguna jovencita no creyente para el servicio doméstico, pero esto no es lo mismo.

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Agradecer y adorar

El incrédulo no da gracias a Dios (Romanos 1:21), mientras que las primeras palabras de un recién nacido en la fe son: Gracias, Señor. “Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12).

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Ana

Aquí no se trata de Ana la profetisa, nombrada en Lucas 2:36-38. Ella también es un ejemplo notable de una mujer de oración, quien, avanzada en edad, servía noche y día con ayunos y oraciones. La oración es, pues, un servicio confiado tanto a las hermanas como a los hermanos, a los jóvenes como a los ancianos. No se necesita un don particular para ejercerla.

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Atraer la atención sobre sí

El deseo de los ojos se demuestra también en el anhelo de brillar, de aparentar más de lo que uno es. Se manifiesta por la vanidad en el vestir, el exagerado arreglo personal, o al contrario, por el desaliño que busca un efecto semejante. Se hará alarde de lo que uno posee, como Ezequías cuando recibió a los enviados del rey de Babilonia (Isaías 39).

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Bautizados por un solo Espíritu

El pensamiento de Dios no es que el creyente permanezca solo. Así Juan recuerda: “Jesús había de morir… para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (cap. 11:51-52).

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Castigar

El verbo paideuo (παιδεύω), en ciertos pasajes, tiene este significado. Por ejemplo en 1 Corintios 11:31-32: “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”.

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¿Con quién orar?

Primero individualmente, y esto sin cesar, reservando momentos particulares para estar a solas con Dios. Pero también en familia, como la viuda de Sarepta. ¡Qué hermoso ejemplo para los hijos, si ellos disciernen que la oración es para los padres un gozo y un privilegio, y no un deber del que uno podría prescindir!

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Confesar nuestras faltas

El profeta Oseas declaraba de parte de Dios: “Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad” (Oseas 14:2). Es necesario expresar el arrepentimiento y confesar el mal, ir a Dios con palabras que muestren la tristeza por haberlo ofendido con nuestros hechos.

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Confesión y restauración

Numerosos versículos nos relatan cómo Job discutió y acusó a Dios, justificándose a sí mismo. Cinco versículos son suficientes para relatar la confesión que le abrió el camino a la bendición. “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (v. 2). Puesto ante el poder del enemigo, Job debe reconocer que solo puede recurrir al poder de Dios.

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Corregir

Es el sentido que el libro de Proverbios nos presenta muchas veces (cap. 3:11-12; 29:15; 20:30, etc.): no abarca solo la instrucción, la reprensión, sino también la corrección, la “vara”. Tal corrección implica dolor, pena, “tristeza” (Hebreos 12:11).

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Criar, educar, instruir

En Hechos 22:3 el apóstol nos dice que fue “instruido” a los pies de Gamaliel. En Tito 2:12 encontramos la gracia que nos “enseña”. Su efecto no es una enseñanza intelectual, sino una formación totalmente práctica en la vida: “Renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”. ¡Qué educación!

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