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La Iglesia hoy
Capítulo de @book, de @author
La inspiración de la Biblia
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La justificación
En su gracia, Dios nos perdona y, aun más, nos justifica. Ser justificado es estar liberado de toda acusación que pudiera ser presentada contra nosotros. Es lo contrario de ser condenado, así como ser culpable es lo opuesto de ser perdonado.
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La liberación
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La libertad cristiana
Examinemos ahora la libertad cristiana en la cual Cristo nos ha colocado.
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La nueva creación
“Nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva” (2 Pedro 3:13). La nueva creación, suprema esperanza de todos los rescatados, es el último punto al que nos conduce el Evangelio. Ella pronto se verá concretada en el cielo; pero nosotros ya tenemos el privilegio de formar parte de ella espiritualmente.
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La reconciliación
¿Un hijo se ha fugado de su casa? Es culpable; tiene necesidad de ser perdonado. Lejos del hogar paterno, ¿anda en malas compañías? Debe ser liberado de ellas; tiene que ser rescatado. Bajo esas lamentables influencias, ¿tomó repugnancia de la casa paterna? Hace falta reconciliarlo con ella.
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La redención
Así como el Evangelio proclama el perdón y la justificación, también revela a Dios como el Redentor.
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La salvación
“¿Qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30). Es esta una pregunta fundamental para el hombre que de pronto advierte que está perdido. “Ser salvo” resume muy a menudo todo lo que una alma necesita y –¡bendito sea Dios!– todo lo que el Evangelio le ofrece. La salvación tiene un alcance muy amplio; implica a la vez el perdón, la justificación, la redención y la reconciliación.
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La santificación
La santidad es un atributo esencial de Dios. Ella también caracteriza a los creyentes, puesto que somos designados como “los santificados en Cristo Jesús” (1 Corintios 1:2). Por tal motivo, la santificación ocupa un lugar importante en toda la Biblia. Ella debe captar tanto más nuestra atención cuanto sus diferentes aspectos son generalmente poco conocidos.
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La vivificación
Cuando consideramos la amplitud de los estragos causados por el pecado, entrevemos la plenitud de la respuesta divina que da el Evangelio. El pecado ha provocado:
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Las diferentes formas de oración
Es importante considerar cómo oramos, pero también el contenido de nuestras oraciones. Una vida de oración equilibrada comporta diferentes facetas. En primer lugar:
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Pensamientos sobre la oración
Orar es hablar con Dios, con la libertad de un hijo ante su padre y el santo temor de un mortal delante de Dios. A. Monod La oración es un privilegio muy grande. “He tenido el atrevimiento de hablar al Señor, yo que soy polvo y ceniza” (Génesis 18:27, V. M.). Abraham Todo es más fácil cuando uno ora. Palabras de un niño
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Práctica de la oración
Tratemos ahora de identificar algunos de los obstáculos a la oración y los recursos para superarlos.
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Prefacio
Estas series de preguntas frecuentes se dirigen principalmente a creyentes que aún son jóvenes en la fe, los cuales, si bien se formulan muchas preguntas, a menudo no tienen acceso a una enseñanza bíblica concisa. Esta obra busca suplir, en alguna medida, estas necesidades, procurando presentar la mayor cantidad posible de verdades con un mínimo de palabras.
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¿A qué conclusión llega el capítulo 7?
A una conclusión que presenta dos aspectos. En primer lugar, la persona ha aprendido mediante su experiencia que no puede hacer nada bueno por sí misma, que no hay nada bueno en la carne (Romanos 7:18).
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¿A qué se refiere la expresión “el día del Señor”?
La expresión “el día del Señor”a se usa en la Biblia para describir un
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¿A quién debemos orar?
Cuando oramos es importante saber a quién nos dirigimos. Cristo descendió del cielo para darnos a conocer a Dios como nuestro Padre (Lucas 11:2; Mateo 11:27; Juan 17:26). Desde entonces podemos dirigirnos a Dios como un hijo habla a su padre, en una comunión íntima y feliz.
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¿Afirma la Biblia que ella es la Palabra de Dios?
Por supuesto que sí. La frase “Así dice el Señor”, y otras similares, aparecen cerca de 700 veces solo en el Pentateuco. Además se encuentra • 400 veces en los libros históricos, • cerca de 400 veces en los profetas. • Solo en el libro del profeta Isaías ¡aparece unas 150 veces!
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Ahora que, por gracia, formo parte de la familia de Cristo, ¿puedo continuar pecando?
No. La gracia jamás es una excusa para pecar (véase la próxima respuesta).
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¿Anda el creyente siempre en el Espíritu?
Sería normal que lo hiciera, pero, lamentablemente, no siempre es lo que observamos en la práctica. Por lo general, el creyente es guiado por el Espíritu, no obstante, es posible que llegue a contristarlo (Efesios 4:30). Esto sucede cada vez que un hijo de Dios peca, consecuencia de no haber estado ocupado con Cristo ni haber vivido bajo la mirada de su Señor, en comunión con él.
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Andar en el Espíritu
¿Cómo podemos conocer el poder victorioso del Espíritu en nuestras vidas? La epístola a los Gálatas da la respuesta resumida en esta exhortación: Andad en el Espíritu (Gálatas 5:16).
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¿Cargó el Señor Jesús mis pecados?
Esto depende. Si usted cree en él, si se ha presentado ante él con sus pecados, y si le ha aceptado como su Salvador personal, entonces la respuesta es «sí». Jesús llevó «nuestros» pecados, es decir, los pecados de los creyentes (1 Pedro 2:24). La Biblia no dice en ninguna parte que el Señor llevó el pecado de «todos», sino que llevó el pecado de “muchos” (Isaías 53:12).
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¿Cómo fueron justificados los creyentes del Antiguo Testamento? (Romanos 4)
De la misma manera que los creyentes del Nuevo Testamento: por la fe. Abraham creyó a Dios y, en consecuencia, fue considerado justo por él (Romanos 4:3). Y Dios pudo justificar a Abraham sobre esta base, porque miraba al futuro sacrificio de Cristo (Romanos 3:25-26).
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