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Pláticas sencillas

El hombre hijo del diablo

Jesús dice a los judíos: “Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre” (v. 37-38). El origen de una naturaleza se revela por las acciones.

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El joven rico

El Señor continuó haciendo resaltar que los pensamientos de los hombres en cuanto al bien y a la grandeza, e incluso aquellos que proviniesen de la enseñanza de la ley aplicable al hombre natural, se oponían a los de Dios.

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El juicio de las formas religiosas

Jesús estaba aun hablando cuando un fariseo le rogó que comiera con él. Al sentarse a la mesa, su anfitrión se asombró porque Jesús no se lavó las manos antes de comer. Aquella gente atribuía mucha importancia a la observación de todos los detalles relacionados a las ceremonias religiosas. Eso les daba una apariencia de gran santidad mientras que su conducta hacia Dios no era la correcta.

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El lavado de los pies

El servicio del Señor entre los judíos había terminado; había cumplido a la perfección todo lo que debía hacerse para llevarles a creer en él. A partir de ese momento pensaría en los que habían creído; solo de ellos se ocuparía hasta la hora de su muerte, además de la gloria en la que iba a entrar.

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El llamado de los doce

Hasta este momento, varios discípulos seguían a Jesús. A algunos de ellos, había llamado personalmente: Simón, Andrés y los hijos de Zebedeo. Entonces Estableció a doce, para que estuviesen con él.

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El llamamiento al Salvador

Alguien puede preguntar: «El Hijo, ¿a quién querrá revelar al Padre?». Jesús responde: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (v. 28). Este precioso Salvador veía no solo en medio de su pueblo culpable, sino en el mundo entero, almas trabajadas y cargadas. Él sabe que el pecador se cansa inútilmente procurando liberarse por sí mismo.

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El llamamiento de Leví

Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba.

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El llamamiento de Leví

Jesús quería llamar a otro compañero de trabajo. En el mundo, cuando un gran hombre quiere un colaborador, lo escoge entre aquellos que estima a su altura. Considerando el estado del hombre, Jesús no podía encontrar seres semejantes. De modo que los tomó tales como los encontró, vasos vacíos que quiso llenar de su amor y su poder.

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El llamamiento de los discípulos

El Señor quiso tener compañeros en su obra de amor, y les comunicó más tarde el poder necesario para el cumplimiento de la misión que les iba a confiar.

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El llamamiento de los doce apóstoles

Jesús estaba cada vez más aislado en medio del pueblo. Desconocido y menospreciado, reemplazó el sistema legal, para esparcir las bendiciones que los hombres necesitaban, bendiciones que la ley no podía dar a los pecadores.

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El llamamiento de los primeros discípulos

Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.

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El llamamiento de Mateo

“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos” (v. 9-10).

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El llamamiento de Saulo y Bernabé

Hasta aquí Jerusalén era el centro de la obra cumplida. Pero como el carácter de la Iglesia es celestial, ella está unida a un Cristo celestial rechazado por el pueblo judío, es independiente de todo el sistema judío que tenía a Jerusalén por centro de las bendiciones terrenales, y que pronto sería destruida. Por eso el Señor llama a Pablo desde una ciudad gentil.

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El llamamiento de Simón

Jesús no predicaba solamente en las sinagogas. Cuando llegó al borde del lago de Genesaret, grandes multitudes se le agolpaban para oír la palabra de Dios. Al ver cerca de la orilla dos barcas que los pescadores habían dejado allí para lavar sus redes, Jesús subió a una que pertenecía a Simón, y le rogó que la alejara un poco de tierra. Desde allí pudo enseñar más libremente.

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El llamamiento de Timoteo

Llegado a Derbe y a Listra, donde una iglesia se había formado durante su primer viaje, Pablo encontró a Timoteo cuya madre era judía y su padre griego, alianza que la ley de Moisés no permitía. Pero la gracia traía la salvación a ambos ya que, por la ley, nadie podía salvarse. Los hermanos de Listra e Iconio daban buen testimonio de Timoteo.

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El lugar donde se debe adorar

Al comprender que se encuentra en presencia de alguien que le habla de parte de Dios, la mujer procura informarse respecto al lugar donde se debe adorar. “Nuestros padres adoraron en este monte”, dice ella señalando el monte Gerizim, “y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (v. 20).

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El mayor en el reino

Al principio de este capítulo hallamos a los discípulos preocupados por saber quién sería el mayor en el reino de los cielos. Estaban seguros de que formarían parte de él, tanto más cuanto que el Señor acababa de revelar a Pedro la alta posición en que lo ponía.

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El mayor mandamiento

Los fariseos, secta opuesta a los saduceos, una vez más intentaron probar a Jesús con una pregunta referente a la ley: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?”. Jesús les dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v. 37-39).

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El mayor mandamiento

Un escriba, viendo que Jesús había respondido bien a los saduceos, se le acercó y le preguntó cuál era el más grande de todos los mandamientos. Esta pregunta no tenía el carácter insidioso de las anteriores, sino que provenía del interés real que este escriba tenía en el asunto, sobre todo porque los fariseos creían que había más mérito en cumplir unos mandamientos que otros.

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El mayordomo infiel

Por medio de la parábola del mayordomo infiel, Jesús enseñó de qué manera debemos considerar los bienes de la tierra, y cómo debemos usarlos en este tiempo de la gracia, en el cual las bendiciones dadas al creyente son celestiales y eternas.

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El nacimiento de Jesús

El profeta Miqueas había anunciado que el nacimiento de Jesús sería en Belén (cap. 5:2): “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. En el capítulo anterior vimos que María vivía en Nazaret, y no en Belén.

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El nacimiento de Juan el Bautista

Nació el hijo prometido a Zacarías. Sus vecinos y parientes, al saber que el Señor había “engrandecido su misericordia” (v. 58) para con Elisabet, se alegraron con ella. Se ve que había vivido retirada, disfrutando sola, salvo con María, del favor que Dios le había concedido en su edad avanzada.

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El nacimiento del Señor

La historia del nacimiento de Cristo, muy breve en este evangelio, es relatada de tal manera que se establece por las Escrituras del Antiguo Testamento que Jesús, desconocido y rechazado por su pueblo, era verdaderamente el Mesías prometido.

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El nuevo discurso de Pablo

“Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas” (v. 42). Pero algunos no esperaron hasta ese día para escuchar nuevamente a los apóstoles. Muchos judíos y prosélitos, siervos de Dios, siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes les exhortaban a perseverar en la gracia.

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