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División de la epístola

Consideremos ahora la división de la epístola. Después de una corta introducción (v. 1-15), en la cual el apóstol habla de la orden que recibió en cuanto a anunciar El evangelio de Dios… acerca de su Hijo

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Dos jefes de familia: Adán y Cristo

Escuchemos ahora lo que el apóstol dice a continuación: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (v. 12).

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Dos jefes de familia: Adán y Cristo

Escuchemos ahora lo que el apóstol dice a continuación: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (v. 12).

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Dos naturalezas en el creyente

Así, gracias a mis experiencias, arribo a esta evidente pero terrible conclusión: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne (como descendiente de Adán) no mora el bien”, pues, pese a que existe en mí una seria y sincera voluntad, no consigo hacer lo bueno. La voluntad existe, como se ha dicho varias veces, pero faltan las fuerzas.

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Dos peligros: menospreciar o juzgar

De este estado de cosas se desprendían dos peligros para los creyentes de Roma: unos, los fuertes, que creían poder comer de todo, llegaban fácilmente a considerar con menosprecio a sus hermanos más débiles; los otros corrían el peligro de juzgar a sus hermanos porque estos hacían lo que la conciencia de aquéllos les prohibía.  

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El afecto de Pablo por su pueblo

El apóstol, antes de llegar al fondo de su tema, da a sus “parientes según la carne” una prueba tan conmovedora como cautivante acerca de su ardiente afecto por Israel.

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El afecto de Pablo por su pueblo

El apóstol, antes de llegar al fondo de su tema, da a sus “parientes según la carne” una prueba tan conmovedora como cautivante acerca de su ardiente afecto por Israel.

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El alcance de la epístola a los Romanos

Sin embargo, desde un comienzo tengamos en cuenta que la epístola a los Romanos, si bien pone ante nuestras miradas al Evangelio de Dios en toda su plenitud, no abarca todo lo que constituye aquello a lo cual el apóstol Pablo llama su evangelio: el designio de Dios, el cual antes de la fundación del mundo coloca al creyente ante Dios, santo e irreprensible (o sin mancha) en amor y ya le da en C

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El alfarero y el vaso

«¿Por qué me has hecho así?». Un hombre, al hacerle esta pregunta a Dios, en realidad no dice más que esto: Dios no tiene ningún derecho a juzgar el mal, y si él no quiere acordar su gracia a todos y salvarlos, al menos no debe castigar a nadie.

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El Antiguo Testamento ya hablaba de que la gracia llegaría a los no-judíos

El apóstol cita dos pasajes del profeta Oseas (cap. 1:10; 2:23) para mostrar que Dios ya había hablado en otro tiempo de estas cosas por su Espíritu. Pedro, quien escribe exclusivamente a los creyentes judíos, solo cita el segundo pasaje (1 Pedro 2:10). El apóstol de los gentiles, pensando en la introducción de estos, cita los dos.

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El apóstol Pablo

El saludo con que el apóstol introduce su epístola es largo e instructivo. Pablo se llama primeramente siervo de Jesucristo. Conocía mejor que nadie la libertad cristiana, pero consideraba un honor especial ser un siervo de Cristo, de manera que en muchas ocasiones se llama así, lo que nosotros también deberíamos hacer con gozo.

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El arrepentimiento

No obstante, hoy es aún el tiempo de la gracia, y Dios, en su bondad, impulsa a los hombres al arrepentimiento (v. 4). ¿Al arrepentimiento? ¿Qué es el arrepentimiento?

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El bautismo cristiano según Mateo

El bautismo cristiano tiene su fundamento en la muerte del Señor y su resurrección. Por eso solo se instituyó después de su muerte y resurrección. Vemos que se habla por primera vez de él durante el último encuentro del Señor resucitado con sus discípulos en el monte de Galilea, donde les había dado cita (Mateo 26:32; 28:16-20).

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El bautismo: un mandamiento divino

Este bautismo se celebra, expresamente por orden de Jesucristo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Él dio esta orden después de su resurrección de los muertos, cuando estaba a punto de subir al cielo, para ser glorificado allí. Los discípulos la ejecutaron después que el Espíritu Santo descendió sobre ellos.

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El creyente es liberado de su antiguo amo

Insistamos una vez más en el hecho de que el cristiano no tiene que morir al pecado, sino que ya está muerto a él, pues está crucificado con Cristo. No está libre de cometer ciertos pecados o de corresponder a malas inclinaciones, sino que todo el viejo hombre ha sido puesto a un lado y juzgado en la cruz.

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El cristiano no es de este mundo

Es posible que esta sumisión cause al cristiano disgustos de diversa índole y que tal vez experimente incluso pérdidas sensibles y sufrimientos; pero, sin embargo, eso no debe cambiar en nada su manera de actuar. Por otra parte, ¿se puede esperar otra cosa en un mundo de injusticia?

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El deseo de Pablo

Pablo daba gracias de ello a su Dios y, cuanto más lo hacía, cuanto más llevaba en su corazón, con ardiente amor y continuas oraciones, a los creyentes de Roma, más profundo era su deseo de verlos a fin de hacerles partícipes de algún don de gracia espiritual y de afirmarlos en la fe (v. 9-11).

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El Dios de esperanza

A ello se refiere el deseo o la oración del fiel siervo en favor de los santos de Roma: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (v. 13).

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El Dios de paciencia y consolación

Respecto de esta declaración en cuanto a que las Escrituras han sido escritas para nuestra instrucción, etc., el apóstol menciona en el versículo 5 a Dios, El Dios de la paciencia y la consolación.

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El ejemplo perfecto

Aquí termina esta parte de las exhortaciones. La continuación dirige muy especialmente nuestras miradas hacia la forma en que el propio Cristo obró aquí abajo. “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran” (v. 14-15). ¡Qué perfecto ejemplo tenemos en nuestro amado Salvador!

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El endurecimiento de Faraón

Cuando Dios quiere hacer uso de su gracia, qué grave es el pecado de un hombre que se opone a esta voluntad y procura contrariar los designios de Dios. Él debe ser conocido en toda la tierra como el Dios que no permite que uno se burle de él impunemente.

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El Espíritu nos ayuda

“De igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (v. 26).

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El estado de los judíos (cap. 2:17-29)

El apóstol, después de describir en el primer capítulo el estado de culpabilidad de los paganos y referirse en los primeros dieciséis versículos del segundo capítulo a la responsabilidad del hombre en general (judío o pagano) frente a Dios, se dirige seguidamente a los judíos en particular.

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El Evangelio del reino predicado por los judíos

¿El apóstol se había equivocado, como lo decían los judíos, al anunciar a todo el mundo el dichoso mensaje de Jesús? No, pues ya las Escrituras del Antiguo Testamento, como lo hemos visto, justificaban su servicio, y ¡cuánto más entonces el testimonio del Señor mismo! Es hermoso encontrar aquí la misma expresión que en el capítulo 3: “No hay diferencia”.

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