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La gracia por un hombre, Jesucristo

“Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo” (v. 15).

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La gracia reina por la justicia

“Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (v. 20-21). Esta respuesta de la gracia de Dios a la falta y a la corrupción del hombre ¿no es digna de adoración?

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La justicia de Dios manifestada

Con dos palabras, Pero ahora (cap. 3:21), el apóstol introduce un tema totalmente nuevo, el cual va a ocuparnos en cosas más agradables que el largo paréntesis del capítulo 1:18 al capítulo 3:20.

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La justicia de Dios y la del hombre

Sin embargo, aquí el apóstol va un poco más lejos que al final del capítulo precedente. Había dicho que Israel había perseguido en vano la justicia; aquí nos dice que no conocieron la justicia de Dios y que no se sujetaron a ella.

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La justificación ante los hombres

Santiago, en el capítulo 2 de su epístola, parece contradecir lo que acabamos de ver. En efecto, él pregunta: “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?”.

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La justificación por la fe

Pero ahora ella es manifestada, y ello por medio de la fe en Jesucristo, el Salvador crucificado y glorificado. En la ley no se mencionaba un sustituto y garante para el pecador culpable. Ella solo podía anunciar por medio de sombras y figuras a Aquel que vendría. “Pero ahora”, ¡bendito sea Dios por estas palabras!, la justicia de Dios se manifiesta en Jesucristo.

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La justificación sin obras

¿Qué conclusión se podría sacar de la historia de Abraham? Si él hubiera sido justificado por las obras, entonces habría algo de él en tal justificación. ¿Cómo podría ser eso posible ante un Dios santo, ante el cual los cielos mismos son impuros? No, la Escritura no refiere nada de bueno en Abraham, ni obras suyas en base a las cuales Dios hubiera podido justificarle. ¿Qué dice ella? 

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La ley de la fe

En cambio, ella no da gloria alguna al hombre. Por eso el apóstol pregunta en el versículo 27: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida”. Dios no quiere dar su gloria a otro, y menos aun al hombre, que se envanezca de su propia justicia. Entonces ¿cómo le fue quitada toda gloria al ser humano? “¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe”.

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La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús

Leemos a continuación: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (v. 2). Nuevamente encontramos la palabra “ley” en el sentido ya conocido en el capítulo 7, como un principio que obra invariablemente de la misma manera y procura alcanzar su objetivo (ver también las expresiones “ley de las obras” y “ley de la fe” en el cap. 3:27).

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La ley demuestra el horror del pecado

Después de haber desarrollado detalladamente el tema de las dos familias y sus jefes, el apóstol agrega algo sobre un tema que ya abordó varias veces: la ley. ¿Con qué motivo fue dada? El hombre religioso podría pensar que fue dada para producir una justicia ante Dios, aunque más no fuese humana. ¿Acaso la ley no prometía la vida a aquel que la observara?

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La ley nos da a conocer lo que es el pecado

Si la ley tiene tan tristes efectos, si bajo su autoridad solo se puede llevar fruto para muerte y si es preciso estar enteramente liberado de ella para poder servir a Dios en Jesucristo, “¿qué diremos, pues? ¿La ley es pecado?” (v. 7).

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La mesa del Señor

Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría. Como a sabios os lo digo; juzgad de lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

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La misión de Pablo

Él termina sus enseñanzas y como conclusión explica el atrevimiento con que les había escrito. Les recuerda la misión que Dios le había encomendado con respecto a los gentiles. Había recibido de Dios, a su respecto, una gracia particular. Por tal razón podía intervenir tan libremente con ellos, pese a que no fueran directamente un fruto de su servicio.

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La muerte por un hombre, Adán

Evidentemente, cuando el apóstol habla de la transgresión de Adán piensa en un pasaje del profeta Oseas. En él, Dios acusa a su pueblo terrenal de haber obrado pérfidamente y haber transgredido (o traspasado) el pacto, como Adán (Oseas 6:7). El pacto y los mandamientos dados eran diferentes en ambos casos, pero en principio Adán e Israel pecaron de la misma manera.

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La palabra “bautizar”

La palabra griega que expresa el concepto “bautizar” (baptizein, de baptein) significa «sumergir» o «hundir». «Baptizein» no ha tenido nunca el sentido de derramar o de rociar. En el Nuevo Testamento la encontramos empleada algunas veces en el sentido de «lavar».

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La paz está hecha

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (v. 1).

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La Persona del Hijo

Esta Persona maravillosa era el objeto de su Evangelio. Era “el evangelio de Dios… acerca de su Hijo…, que era del linaje de David según la carne” (v. 3). Pese a haber aparecido como tal en medio de su pueblo terrenal para cumplir las promesas divinas, Cristo había sido rechazado. De este modo Israel, como pueblo, había perdido todos los derechos a esas promesas.

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La poderosa obra del Redentor

En el último capítulo, vemos cómo Booz obra en favor de Rut. En este trabajo, Rut no tiene ninguna participación. Booz está solo cuando sube “a la puerta” (cap. 4:1). La puerta de una ciudad era el lugar donde se ejercitaba el juicio. En realidad, la justicia debe ser satisfecha antes de que Rut pueda ser bendecida o el propósito de Booz llevado a cabo.

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La presencia del Señor

Sin embargo, la historia de Rut no termina aquí. Booz dio pruebas de la gracia, Rut confesó la verdad, de esto resultó la paz en la conciencia y el gozo en el corazón. Pero eso no es todo. Booz no se contenta con traer consuelo a Rut y dejarla con el corazón lleno de gratitud. Aunque esta mujer podría estimarse colmada, el corazón de Booz no está satisfecho.

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La profesión de Orfa

No obstante, el hecho de apartarse de una posición errónea y proponerse volver a una posición correcta no implica necesariamente un ejercicio real en el corazón de todos los que dan ese paso.

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La prueba por el hambre

Desde el punto de vista individual, un período de hambre es un período de prueba para el creyente. El hambre es una prueba de nuestra fe. Elimelec vivía en el país que Dios había asignado a Israel. Allí se encontraban el tabernáculo, los sacerdotes y el altar, pero en los caminos gubernamentales de Dios, el hambre también.

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La realidad presente

La verdad de la unidad del cuerpo y la de la presencia de Cristo en medio de la Asamblea, prometida a los dos o tres “reunidos en mi Nombre” (Mateo 18:20), son prácticamente desconocidas o abandonadas en los diversos sistemas o denominaciones religiosas que están en el terreno de independencia.

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La responsabilidad del hombre y la gracia de Dios

En la Escritura hay dos grandes temas concernientes a las relaciones del hombre con Dios: por una parte, la responsabilidad del hombre para con Dios, y por otra, los designios de gracia de Dios para con el hombre. El primero de esos temas lo vemos representado en el primer hombre, Adán, y el otro en el segundo hombre, el último Adán, Jesucristo, el Hijo de Dios.

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La restauración de Israel

Israel será vuelto, sobre una base completamente nueva, a su antiguo lugar, lo repito: a su antiguo lugar y no implantado en la Iglesia cristiana, de la cual los judíos nunca formaron parte como pueblo.

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