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El sello
“Dios… nos ha sellado” (2 Corintios 1:21-22). “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; el Espíritu Santo “con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 1:13; 4:30). Dios ha puesto así su Espíritu sobre nosotros como un sello, una marca indeleble de que procedemos de Él y somos suyos por los siglos.
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El servicio inteligente
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (v. 1). Estas palabras nos llevan al capítulo 6 de la epístola, donde somos invitados a entregarnos nosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia (v. 13).
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El símbolo del lavamiento de los pecados
En casi todo el libro de los Hechos de los apóstoles, el bautismo está relacionado con la persona del Señor. Cuando se menciona por primera vez el bautismo en el capítulo 2:38, Pedro dice a los judíos: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”.
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El Tabernáculo de reunión fuera del campamento
El campamento del pueblo conducido por Moisés había estado bajo los cuidados de la gracia divina desde la salida de Egipto hasta el Sinaí. A continuación ese pueblo había recibido la ley moral (Éxodo 19 al 24) y se había comprometido a cumplirla.
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El tribunal de Dios y de Cristo
Antes de seguir adelante deseo detenerme un instante para considerar la palabra “tribunal”. Encontramos esta expresión en el versículo 10 y en 2 Corintios 5:10; en el primero en relación con Dios y en el segundo en relación con Cristo; pero ni en el uno ni en el otro está dicho que el creyente deba ser juzgado ante ese tribunal, pues ello significaría su condenación eterna.
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El valor actual del Antiguo Testamento
La cita del pasaje del Salmo 69 da oportunidad al apóstol para recordar el hecho tan importante de que Todas las cosas que se escribieron antes fueron escritas para nuestra instrucción.
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El vínculo
El Espíritu une a los creyentes en un solo cuerpo con Cristo (1 Corintios 12:13). Por medio de Cristo “los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). En el Señor somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).
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En Cristo hay esperanza para Israel
Israel se alejó de Dios, pero a pesar de todo puede volver a él. El mandamiento no es demasiado maravilloso, ni está demasiado alejado de él. No tienen necesidad de ir a buscarlo al cielo o más allá del mar; está muy cerca de ellos, en sus bocas y en sus corazones.
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En el camino al cielo
“No solamente esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones”. Aún no hemos llegado al final de nuestro viaje. Entre Egipto y Canaán está el desierto. Es verdad que él no forma parte del designio de Dios, pero debemos pasar por él para alcanzar la meta.
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En la carne no mora el bien
El apóstol desarrolla aun otro pensamiento desde el versículo 12 hasta el final del capítulo. Allí, por medio de las experiencias prácticas de un hombre convertido pero no liberado todavía, quien desea el bien y odia el mal, muestra de manera cautivadora cómo la ley en realidad solo conduce al hombre a la muerte, pero también cómo la gracia de Dios le da la liberación.
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Epeneto, María y otros
El apóstol, en el versículo 5, nombra a Epeneto, su “amado”. Esto indica que evidentemente existían particulares lazos afectivos entre él y aquel que era “el primer fruto de Acaya para Cristo”.
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Es hora de despertarnos
Y el apóstol da a continuación un nuevo motivo para que el cristiano sea fiel y vigilante: Esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada y se acerca el día (v. 11-12).
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Esperando el rescate de nuestros cuerpos
Y no solo la creación, “sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (v. 23).
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Esperanza para la creación sufriente
La creación suspira como consecuencia de la caída, la cual la puso bajo la servidumbre de la corrupción. Cuando el hombre, jefe de la primera creación, cayó, su suerte fue compartida por toda esta creación. Ignoramos cuán bella era antes de la caída, pero sabemos que, según la apreciación de Dios, todo “era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).
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¿Esto no acarrea desorden?
“Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). Los creyentes que son conscientes de su debilidad y se ponen bajo la dirección del Espíritu Santo experimentan cuán fiel es el Señor a su promesa: “Allí estoy yo en medio de ellos”.
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Febe
La primera persona a la que Pablo nombra es una hermana, una sirvienta o diaconisa de la asamblea de Cencrea, uno de los tres puertos de Corinto, iglesia que conocemos por ser mencionada en Hechos 18:18. Esta hermana, llamada Febe, evidentemente había cumplido un servicio particular entre los santos de Cencrea y había sido de ayuda a muchos santos y al propio apóstol.
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Gracias doy a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro (v. 25).
Tales son las palabras que súbitamente salen de boca de aquel que poco tiempo antes estaba lleno de angustia y espanto. ¿Cómo se produjo esta maravillosa transformación?
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Hebreos 13:13-14
En el principio, la Iglesia estaba constituida por un pequeño número de creyentes que tenía la belleza moral de la misma. Y, si queremos percatarnos realmente de lo que es la situación actual y sacar las consecuencias de ello, precisamos nada menos que volver a ese principio de la Historia de la Iglesia tal como nos lo describen los primeros capítulos del libro de los Hechos.
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Introducción
El tema propuesto hoy para nuestra meditación interesa en alto grado a nuestra
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Jacob y Esaú
Ningún judío podía sustraerse al poder de este argumento. Si no, debía reconocer, como lo dijimos, a los descendientes de Ismael y de Esaú los mismos derechos que a los descendientes de Israel. Y se podría plantear esta objeción: la madre de Ismael era una sierva egipcia, una esclava, mientras que Isaac había nacido de Sara, la legítima mujer de Abraham; pero ¿y Rebeca?
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Jeremías 15
Podremos ser útiles a alguien que se halle en un lugar como Tiatira y que verdaderamente posea la vida de Dios, pero podría ser que fuésemos en contra del pensamiento de Dios si le constriñésemos a dejar ese lugar; no sabemos cuál sea el propósito de Dios respecto a eso.
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Justificado, hijo muy amado
El creyente, lavado de sus pecados, nacido de nuevo, se encuentra a partir de entonces en una posición muy segura. Es liberado de la culpabilidad que pesaba sobre él, pero, más aún, es justificado positivamente, declarado justo.
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Justificados gratuitamente
“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (v. 22-23). El hombre, después de su caída, fue echado del paraíso por la gloria de Dios, y desde entonces su historia no denota más que pecado y un progresivo alejamiento de Dios.
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La caída, la muerte, el juicio
La criatura sólo puede estar en una relación de dependencia respecto a su creador. La Biblia nos dice que al primer hombre Dios sólo le prohibió una cosa. Puesto en Edén, un jardín de delicias, Adán disponía libremente de todo, salvo del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, del cual no debía comer bajo pena de muerte.
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