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Pláticas sencillas
El feliz comienzo de la Iglesia
Aquí vemos lo que caracterizaba esta Asamblea de creyentes en todo el frescor del principio, en medio de la cual el Espíritu Santo obraba con poder. Nada lo contristaba, al contrario de lo que sucede hoy en día a causa del triste estado de la Iglesia, que pronto abandonó su primer amor (Apocalipsis 2:4). Está escrito que ellos
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El final de Judas
La muerte de Jesús se decidió en el conciliábulo celebrado en casa de Caifás después de su arresto. Pero la asamblea formada por los principales sacerdotes y los ancianos debía ratificar oficialmente la sentencia. Por lo tanto, desde la mañana, este consejo se reunió para pronunciar la condena de Jesús. La Palabra no dice lo que se hizo con él después de su comparecencia ante Caifás.
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El gobierno del Padre
El gobierno del Padre incluye todos los hechos y los designios de amor y disciplina del Padre para con sus hijos: “Porque el Señor al que ama disciplina... Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
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El gozo del mundo y el gozo de los discípulos
Para que los discípulos pudieran gozar del ministerio del Espíritu Santo era necesario que el Señor los dejara y volviera a la presencia de su Padre. Sin embargo, lo volverían a ver poco después. “Todavía un poco” –dice– “y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre” (v. 16).
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El gran alboroto en Éfeso
No parece que haya habido grandes persecuciones durante la estancia de Pablo en Éfeso, pero el enemigo, que el poder de Dios había mantenido bajo su control hasta entonces, suscitó dificultades antes de su salida. Existía en Éfeso un templo dedicado a la diosa Diana, maravilloso en belleza y riqueza.
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El hermoso testimonio del ciego sanado
Los fariseos volvieron a llamar al ciego de nacimiento. Seguros de su curación, estaban dispuestos a atribuir el hecho a Dios, pero procuraban obligar a este hombre a pensar de Jesús como ellos. Él les había dicho: “Es profeta”. Esto ya era demasiado para ellos; querían que Jesús fuese considerado pecador.
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El Hijo del Hombre es Señor del sábado
Al principio de este capítulo, Jesús sigue mostrando que su presencia en gracia pone de lado todo lo que se relacionaba con Israel según la carne.
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El Hijo del Hombre glorificado
Cuando Judas hubo salido, Jesús dijo: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará.
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El Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza
Al ver grandes multitudes agolpándose alrededor de él, atraídas, sin duda, por los milagros que hacía, Jesús quiso sustraerse a su curiosidad, como a su admiración –puesto que su servicio se había terminado en medio de ellas–, y mandó pasar al otro lado del Jordán. Un escriba le dijo: “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
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El hijo mayor
Alguien había quedado fuera de la escena maravillosa que ofrecía el amor del Padre. Era el hijo mayor, el hombre honrado que se indignaba, con razón, por la conducta de su hermano, pero sin ninguna comunión con los pensamientos de gracia y de amor del Padre.
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El hijo pródigo
En la parábola del hijo pródigo, vemos el amor del Padre hacia el pecador que sigue su propio camino y la manera en que Dios, revelado como Padre, lo espera, y el gozo que experimenta al recibir al pecador perdido.
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El hombre esclavo del pecado
Cuando oyeron hablar de ser hechos libres, los judíos respondieron a Jesús: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” (v. 33). Estos desdichados, cegados por un odio implacable, afirmaban dos cosas insensatas para hombres que poseyesen un mínimo de inteligencia, pues decían que nunca habían sido esclavos de nadie.
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El hombre hijo del diablo
Jesús dice a los judíos: “Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre” (v. 37-38). El origen de una naturaleza se revela por las acciones.
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El joven rico
El Señor continuó haciendo resaltar que los pensamientos de los hombres en cuanto al bien y a la grandeza, e incluso aquellos que proviniesen de la enseñanza de la ley aplicable al hombre natural, se oponían a los de Dios.
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El juicio de las formas religiosas
Jesús estaba aun hablando cuando un fariseo le rogó que comiera con él. Al sentarse a la mesa, su anfitrión se asombró porque Jesús no se lavó las manos antes de comer. Aquella gente atribuía mucha importancia a la observación de todos los detalles relacionados a las ceremonias religiosas. Eso les daba una apariencia de gran santidad mientras que su conducta hacia Dios no era la correcta.
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El lavado de los pies
El servicio del Señor entre los judíos había terminado; había cumplido a la perfección todo lo que debía hacerse para llevarles a creer en él. A partir de ese momento pensaría en los que habían creído; solo de ellos se ocuparía hasta la hora de su muerte, además de la gloria en la que iba a entrar.
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El llamado de los doce
Hasta este momento, varios discípulos seguían a Jesús. A algunos de ellos, había llamado personalmente: Simón, Andrés y los hijos de Zebedeo. Entonces Estableció a doce, para que estuviesen con él.
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El llamamiento al Salvador
Alguien puede preguntar: «El Hijo, ¿a quién querrá revelar al Padre?». Jesús responde: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (v. 28). Este precioso Salvador veía no solo en medio de su pueblo culpable, sino en el mundo entero, almas trabajadas y cargadas. Él sabe que el pecador se cansa inútilmente procurando liberarse por sí mismo.
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El llamamiento de Leví
Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba.
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El llamamiento de Leví
Jesús quería llamar a otro compañero de trabajo. En el mundo, cuando un gran hombre quiere un colaborador, lo escoge entre aquellos que estima a su altura. Considerando el estado del hombre, Jesús no podía encontrar seres semejantes. De modo que los tomó tales como los encontró, vasos vacíos que quiso llenar de su amor y su poder.
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El llamamiento de los discípulos
El Señor quiso tener compañeros en su obra de amor, y les comunicó más tarde el poder necesario para el cumplimiento de la misión que les iba a confiar.
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El llamamiento de los doce apóstoles
Jesús estaba cada vez más aislado en medio del pueblo. Desconocido y menospreciado, reemplazó el sistema legal, para esparcir las bendiciones que los hombres necesitaban, bendiciones que la ley no podía dar a los pecadores.
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El llamamiento de los primeros discípulos
Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
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El llamamiento de Mateo
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos” (v. 9-10).
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