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Pláticas sencillas
La predicación de Pedro
“Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”. Dios quiere realidades. No basta decir: “Tenemos a Abraham por padre” (Lucas 3:8); hace falta producir buenos frutos, como lo decía Juan el Bautista a los judíos.
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La predicación del evangelio del reino
Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios.
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La pregunta acerca del tributo
Los sacerdotes y los escribas, implacables en su odio contra Jesús, querían a toda costa encontrarlo en alguna falta. Entonces enviaron espías para sorprenderlo en sus palabras y entregarlo a los magistrados romanos.
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La pregunta de Jesús concerniente a él
Llegó el turno de Jesús para probar a sus contradictores. Cuando estaba en el templo, preguntó: “¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo?” (v. 35-37).
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La pregunta referente al templo
Jesús salió del templo y se fue, cumpliendo lo que había dicho a los judíos en el versículo 38 del capítulo precedente: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta”. Lo dejó para no volver más. ¡Momento solemne para el pueblo, de haber podido comprenderlo!
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La pregunta sobre la resurrección
Cuando el Señor hubo silenciado a los sacerdotes y los escribas, les llegó el turno a los saduceos, razonadores incrédulos de aquel entonces, que negaban la resurrección. Ellos hicieron a Jesús una pregunta, aparentemente sutil como había sido la del tributo; pero con ella pusieron en evidencia su ignorancia e incredulidad.
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La pregunta tocante al Hijo de David
Jesús hizo una pregunta a quienes lo rodeaban, pero ninguno parecía tener una respuesta. Les dijo: “¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?” (v. 41-44; cita del Salmo 110:1).
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La presentación del Evangelio
Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
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La primera multiplicación de los panes
Jesús fue movido a compasión viendo a la gran multitud reunida junto a él, “porque eran como ovejas que no tenían pastor” (v. 34). Sus pastores, los líderes del pueblo, buscaban su propio interés; por ello, no podían ocuparse de las necesidades del rebaño, que solo el amor podía satisfacer. Pero Jesús, el dispensador de la bondad de Dios, comprendía las necesidades de su pueblo.
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La primera parte de la respuesta de Jesús
El Señor dio a los discípulos las instrucciones necesarias para los tiempos difíciles que transcurrirían entre su partida y su regreso en gloria. Sin embargo, como ya lo hemos visto, en las revelaciones proféticas de las Escrituras se hace caso omiso del tiempo actual de la gracia, durante el cual se forma la Iglesia; es un intervalo del cual no se habla.
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La primera persecución
“En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él” (v. 1-2). Esteban fue el primer cristiano que murió como mártir después de la formación de la Iglesia.
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La primera reunión en torno al Señor
La tarde del primer día de la semana los discípulos estaban reunidos. Como lo hemos visto, este primer día es el primero de un nuevo orden de cosas. El Señor pasó el último sábado en el sepulcro, lo que pone fin por completo a la economía en la cual Dios se ocupaba del hombre en Adán.
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La primera tentación
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (v. 1-3). Dios había dicho que Jesús era su Hijo muy amado. Entonces Satanás le sugirió, en cierto sentido: «Actúa como Hijo de Dios.
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La profecía de Zacarías
Cuando Zacarías pudo hablar, lleno del Espíritu Santo exclamó: “Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros pad
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La prueba de Juan el Bautista
Juan había sido puesto en la cárcel. Y Jesús, de quien había dado testimonio y a quien había anunciado al pueblo como el Mesías prometido, no parecía preocuparse por él. Lo dejó en cautiverio, en lugar de librarle por ese poder del cual Juan oía hablar. Podemos comprender la prueba a la que estaba sometido este santo hombre de Dios.
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La purificación del Templo
“Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén” (v. 13). Aquí haremos constar, para no volver sobre ello, que en este evangelio las fiestas son llamadas “fiestas de los judíos” (cap. 5:1; 6:4; 7:2), salvo la última pascua (cap.
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La recompensa
Cuando Pedro oyó la respuesta del Señor al joven rico, comprendió que la renunciación a las ventajas presentes para seguir al Señor tendría su recompensa. Pensó inmediatamente en los discípulos que dejaron todo para seguir al Señor, y dijo a Jesús: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?” (v. 27).
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La red
Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.
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La religión sin Cristo
En los versículos 18-25 del capítulo precedente, el Señor advierte a sus discípulos sobre el odio del cual serían objeto por parte del mundo que le odiaba, para que no se escandalizaran. Aquí les dice cómo los trataría el mundo, creyendo agradar así a Dios: “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.
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La respuesta de Jesús a los jefes del pueblo
Los jefes religiosos se presentaron en el templo mientras Jesús enseñaba y evangelizaba, y le preguntaron con qué autoridad obraba y quién se la había dado.
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La restauración de Pedro
La escena descrita en estos versículos no se refiere a los tiempos del milenio, como la precedente, sino precisamente a la obra que el Señor quería cumplir durante el período actual por medio de sus siervos Pedro y Juan. Se necesitaba entonces, además del interés que el Señor tenía por Pedro personalmente, su restauración para hacerle capaz de cumplir el servicio que le encomendaba.
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La resurrección de Dorcas
“Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala” (v. 36-37). ¡Qué hermoso testimonio nos da el Espíritu de Dios a favor de esta mujer que “abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía”!
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La resurrección de los muertos
Jesús les prohibió expresamente a sus discípulos que contaran lo que habían visto, excepto “cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos” (v. 9). Ellos se preguntaban qué significaba esto. Jesús les había hablado de su muerte, había fortalecido su fe en su persona y en su reino glorioso a través de la transfiguración.
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La resurrección de una joven
Mientras el Señor hablaba así, un jefe de la sinagoga, llamado Jairo, se acercó a él, diciéndole: “Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá”. Jesús lo siguió al instante, acompañado por sus discípulos.
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