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Pláticas sencillas

La muerte de Juan el Bautista

En el capítulo 11:2 a 6, vimos a Juan el Bautista en la cárcel. Aquí conocemos la causa de su encarcelamiento. Herodes, el príncipe que gobernaba en Galilea, aunque sentía cierto respeto por Juan, lo hizo encarcelar porque Juan le había dicho que no le era lícito tener por mujer a Herodías, su cuñada. Por esta causa ella lo odiaba y quería que Herodes lo hiciera matar.

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La muerte y la sepultura de Jesús

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu” (v. 50). Todo lo que Jesús tenía que hacer lo había hecho, no era necesario que permaneciera más tiempo en la cruz. Normalmente los crucificados debían esperar, con muchos sufrimientos, que una muerte lenta y natural pusiese fin a su larga agonía. A veces se quedaban tres o cuatro días en la cruz antes de expirar.

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La mujer cananea

Jesús se retiró después a la vecindad de Tiro y de Sidón. Allí, como en cualquier otra parte, el poder del diablo se hacía sentir. Pero también se encontraba, en una pobre pagana, la fe en el poder y en la bondad del Señor. Una mujer cananea, al ver a Jesús, clamó: “¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio” (v. 22).

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La mujer sirofenicia

Versículos 24-30: Jesús fue a las regiones de Tiro y de Sidón, y entró en una casa, pero no quería que nadie lo supiera.

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La multiplicación de los panes

Lo que el capítulo precedente narra sucedió en Judea. Este capítulo nos traslada a Galilea, donde el Señor recorrió las orillas del lago de Genezaret, llamado aquí el mar de Galilea o de Tiberias.

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La multiplicación de los panes

Habiéndose llevado de la cárcel el cuerpo de Juan, sus discípulos le dieron sepultura y fueron a contar a Jesús lo que había sucedido. “Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado”. ¡Qué efecto más penoso debió producir la muerte de Juan en el corazón del Señor!

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La negación de Pedro

Mientras Jesús estaba ante Caifás, otra escena tenía lugar en el patio donde se hallaba Pedro. Una criada se le acercó, diciendo: “Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices”. Luego le vio otra criada, y dirigiéndose a los que estaban presentes, les dijo: “También este estaba con Jesús el nazareno.

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La negación de Pedro

Quienes prendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos, queriendo mantener la promesa que había hecho en el versículo 33. ¡Pobre Pedro! Hubiera sido mejor esconderse y ponerse a orar, como Jesús le había dicho. En el patio ardía un fuego, pues hacía frío (Juan 18:18), y Pedro se encontró entre aquellos que se calentaban.

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La niñez de Jesús

Dios no ha considerado oportuno relatarnos la historia de la vida de Jesús desde su nacimiento hasta el comienzo de su ministerio.

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La obra de Dios

“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (v. 25). ¡Qué predicación para los prisioneros que oían cantar a esos hombres doloridos por los golpes, pero cuyos corazones rebosaban de gozo y paz! Ellos manifestaban un poder y una felicidad que solo podían venir de Dios y que, sin duda, no poseía ninguno de aquellos que los escuchaban.

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La obra del enemigo

No se ataca al enemigo en su terreno sin que él se defienda. Asesino y mentiroso, quiere guardar a sus víctimas hasta la consumación de su perdición; por eso hace lo posible para impedir que los siervos del Señor cumplan su obra. Así se ve en el siguiente relato.

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La obra en Derbe

Rodeado por los discípulos, Pablo tuvo la fuerza para levantarse y entrar en la ciudad; de allí partió al día siguiente para Derbe con Bernabé. El Señor tuvo que sostenerlo poderosamente para que pudiera continuar su servicio después de haber sido apedreado y dejado por muerto. Sin duda, hace alusión a esta circunstancia en 2 Corintios 11:25, cuando dice que fue “una vez apedreado”.

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La ofrenda de la viuda

En contraste con la conducta de los escribas, Jesús observó a una viuda pobre en medio de los que echaban dinero en el tesoro del templo. La gente rica echaba mucho dinero, pero esta viuda echó dos blancas, pequeñas monedas de cobre que valían poco más que un centavo de nuestra moneda. Como valor material era poca cosa; pero según la apreciación del Señor, ella dio más que los otros.

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La ofrenda de la viuda

Entre quienes echaban sus ofrendas en el templo, Jesús vio junto a los hombres ricos a una pobre viuda que echaba dos blancas. Esta era la moneda más pequeña que existía en ese tiempo. Comparada con las ofrendas de los ricos, era muy poca cosa. Pero el Señor juzga nuestras ofrendas por su valor moral, no material. Jesús dijo: “En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.

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La oración

En estos versículos el Señor se dirige nuevamente a los discípulos: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.

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La oración de los discípulos

“Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho” (v. 23). Todavía hoy, Dios nos concede el gran favor de tener a “los nuestros”, aquellos con quienes compartimos los mismos pensamientos, porque poseemos la misma vida, al mismo Objeto, la misma experiencia, y la misma Palabra que nos enseña.

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La oración eficaz

No olvidemos, por otra parte, que la oración y su otorgamiento están en relación:

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La oración incesante

La Palabra de Dios está llena de exhortaciones a la oración y ciertamente no debemos despreciarlas. Se ha dicho que la oración es la incesante respiración del nuevo hombre. “Orad sin cesar” dice el apóstol a los tesalonicenses en la primera epístola, capítulo 5:17.

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La oveja perdida

Los religiosos y los jefes de los judíos habían despreciado la gracia, por lo tanto, ella busca a los pecadores. Este capítulo comienza con este tema: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (v. 1-2).

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La Palabra es el remedio

Para escapar de las sutilezas del enemigo, autor de todo lo que es antiescritural en la cristiandad, permanezcamos aferrados con toda sencillez a la Palabra de Dios. Ella nos ocupa de Cristo y no de nosotros mismos; no ofrece al cristiano ningún lugar en este mundo, sino el de testigo de un Salvador despreciado y rechazado.

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La Palabra escrita

Los judíos se jactaban de Moisés; esperaban en él, les dice Jesús; pero en el día del juicio será Moisés quien los acusará: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él” (v. 46).

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La parábola de la vid

En esta parábola Jesús presenta a los judíos toda la conducta de Israel desde su origen hasta el rechazo al Señor. En el Antiguo Testamento, varias veces Israel es comparado con una viña.

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La parábola de las diez vírgenes

He aquí una parábola del reino de los cielos, estado que existe mientras el rey es rechazado, pero en el cual le rinden testimonio aquellos que lo recibieron y lo conocen. El Señor presenta aquí una de las formas de este reino (ya vimos otras en el capítulo 13). Lo compara con diez vírgenes que salieron al encuentro del esposo.

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La parábola de los labradores de la viña

En esta parábola, Jesús presentó la manera en que Dios obró con su pueblo desde su origen, y los resultados que había obtenido. Aquí se destaca la culpabilidad de los labradores de la viña, los responsables del pueblo.

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