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Pláticas sencillas

El buen Pastor

En el versículo 11 el Señor se llama el buen Pastor, en contraste con los mercenarios, otro carácter de aquellos que pretendían apacentar las ovejas judías. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

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El buen tesoro y el mal tesoro

Las palabras de esos hombres manifestaban lo que ellos mismos eran: malos, con un corazón del cual no podían salir buenas cosas; porque de la abundancia del corazón habla la boca y el árbol es conocido por su fruto. Como por la boca se manifiesta el estado del corazón, será necesario dar cuenta a Dios, en el día del juicio, de todas las palabras ociosas que se hayan dicho.

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El camino

Jesús dijo también a los discípulos: “Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino”. Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (v. 4-5).

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El camino de la cruz

Jesús ya había hablado varias veces de sus sufrimientos y de su muerte. Ahora se dirigía a Jerusalén, donde esa muerte le esperaba. Iba delante de sus discípulos, quienes lo seguían con asombro y temor, presintiendo, quizás más de lo que creían, que su Maestro iba a ser condenado a muerte.

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El camino estrecho y el camino espacioso

A causa del pecado y de la voluntad humana, enemigos de Dios, reina en este mundo una oposición constante al bien; por lo tanto se necesita energía para emprender el camino de Dios y hacer su voluntad. Esto representa el esfuerzo que se debe hacer para entrar por la puerta estrecha; la puerta ancha, que da a un camino espacioso, se franquea sin dificultad.

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El canto de alabanza de María

Al oír las palabras de Elisabet, María bendijo a Jehová Dios así: “Engrandece mi alma al Señor

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El ciego Bartimeo

El camino que conducía a Jerusalén pasaba por Jericó. Cuando Jesús salió de esta ciudad, seguido por una gran multitud, un ciego llamado Bartimeo mendigaba sentado a un lado del camino. Habiendo escuchado que pasaba Jesús, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (v. 47). Había fe en este ciego.

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El ciego de Jericó

Cuando Jesús llegó a las afueras de Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando. ¡Qué triste cuadro del estado en el cual había caído Israel! Un descendiente de Abraham, ciego, mendigando en el país que había manado leche y miel cuando se lo había dado a su pueblo.

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El ciego sanado comparece ante los fariseos

Llevaron al hombre sanado a los fariseos. ¿Con qué propósito? Lo ignoramos, pero sí sabemos el motivo por el cual Dios lo permitió. Era para manifestar el estado de estos jefes religiosos en presencia de las obras de Dios, tal como había sido manifestado en presencia de las palabras de Jesús en el capítulo precedente.

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El ciego sanado se encuentra con el Hijo de Dios

Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró (v. 35-38).

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El complot de los judíos

Llenos de odio contra Pablo y comprendiendo, sin duda, que ante un tribunal romano no lograrían su muerte, los judíos se comprometieron por juramento, unos cuarenta, a no comer ni beber hasta que le hubiesen dado muerte (v. 12-13). Comunicaron esta decisión a los sacerdotes, para tener su cooperación y así ejecutar su criminal propósito (v.

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El Consolador

El Señor no podía conducir a sus discípulos más adelante en el conocimiento de la nueva posición en la cual los introduciría en virtud de su muerte, es decir, en una posición celestial con él, en contraste con la posición terrenal, aunque gloriosa, en donde habrían compartido su gloria si él hubiese sido recibido como rey.

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El cuádruple testimonio dado a Jesús

Jesús siguió afirmando que toda la realidad de su ministerio dimanaba de su absoluta dependencia de su Padre, cuya voluntad siempre hacía. De esta forma, rechazándole a él, se rechazaba al Padre quien le había enviado.

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El demonio que los discípulos no lograron sacar

Mientras Jesús estaba en el monte con Pedro, Jacobo y Juan, los otros discípulos permanecían abajo, luchando contra el poder de un demonio que no podían sacar. Cuando Jesús descendió, una gran multitud vino a su encuentro.

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El desamparo de Dios

Con estos versículos comienza otra escena, imposible de describir. Hallamos su explicación en el clamor de Jesús: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (v. 46).

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El deseo de los hijos de Zebedeo

Jesús acababa de hablar una vez más a sus discípulos acerca de los sufrimientos y la muerte hacia los cuales se acercaba. Esto debería haber llenado sus corazones de empatía, absorbiéndolos por completo en una santa emoción pensando en su amado Maestro. Pero lamentablemente no fue así, al menos en el caso de dos de ellos.

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El día de reposo

Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas.

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El discurso de Esteban

Después de oír las acusaciones emitidas contra Esteban, el sumo sacerdote le dijo: “¿Es esto así?” Esteban respondió exponiendo ante todos la historia del pueblo de Israel, desde el llamado de Abraham hasta su introducción en el país de Canaán por Josué. Aludió a la construcción del templo de Salomón, para demostrar que Dios no mora en casa hecha por manos.

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El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia

Pablo y sus compañeros abandonaron Chipre para ir a Perge de Panfilia (en Asia Menor). Allí Marcos los abandonó para volver a Jerusalén. Sin duda, estaba demasiado apegado al judaísmo y débil en la fe para soportar la oposición de sus compatriotas.

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El discurso de Pablo en las gradas de la fortaleza

Pablo comenzó su discurso con estas palabras: “Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros. Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio” (v. 1-2). Primeramente les confirmó que era judío, nacido en Tarso, de Cilicia, pero educado en Jerusalén, “a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley” (v. 3), celoso de Dios tal como lo eran todos ellos.

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El discurso de Pablo en Mileto

El apóstol hizo llamar desde Mileto a los ancianos de la iglesia de Éfeso (v. 17) para exhortarlos a cuidar de ella, porque lo que lo ligaba a esta, como a las demás iglesias, no era solamente el hecho de que había trabajado allí mucho tiempo, sino el precio que ella tenía para el corazón del Señor.

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El encarcelamiento de Pedro

Mientras la obra del Espíritu Santo se extendía fuera de Judea y entre los griegos, Satanás desplegaba sus esfuerzos en Jerusalén para destruir a los cristianos. Para ello se servía del rey Herodes, nieto de Herodes el grande, el que había ordenado la matanza de los niños de Belén (Mateo 2:16). “En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.

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El endemoniado gadareno

 En este capítulo nos encontramos con otro cuadro del ministerio de Jesús y del estado en que encontró al hombre, incapaz de dar fruto y bajo el poder del diablo.

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El endemoniado gadareno

Jesús y sus discípulos llegaron a tierra en la región de los gadarenos. Este lugar estaba en la ribera oriental del Jordán, al sur del lago de Genesaret. Allí encontraron a un endemoniado que estaba poseído desde hacía mucho tiempo.

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