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Pláticas sencillas
Otra vez los pequeños
La mansedumbre y la gracia que el Salvador manifestaba respecto a los pequeños, invitaban a los padres a llevarle a sus hijos, a fin de que él los bendijera y orara por ellos. Esto era agradable al corazón del Señor. Amaba a estos pequeños seres que venían a él sin temor, con plena confianza, atraídos por la gracia que el hombre orgulloso, endurecido por el pecado, rechazaba y despreciaba.
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Pláticas sencillas
Otras ventajas de la partida de Jesús
El Señor ya no podía enseñar más tiempo a sus discípulos. El Espíritu Santo vendría y les diría lo que ellos no eran capaces de comprender entonces. “Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (v. 25-26).
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Otro ángel
Otro ángela – Cristo bajo forma angélica, sumo sacerdote y mediador para ejercer el juicio, en respuesta a
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Otro ángel fuerte que desciende del cielo
Cristo, bajo forma angélica, no manifestado aúna, viniendo, por su potestad, a revindicar sus derechos al reinado universal.
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Otro ángel que subía de donde sale el sol
Otro
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Pláticas sencillas
Ovejas sin pastor
A pesar de ser el objeto del odio, a través del cual su pueblo manifestaba abiertamente que no quería nada de él, Jesús proseguía su obra, predicando el Evangelio del reino en las ciudades y en las aldeas, poniendo su poder y su amor a disposición de quien los necesitara. Sanaba toda enfermedad y toda dolencia (v. 35).
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Pláticas sencillas
Pablo comienza su segundo viaje
“Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están” (v. 36). Como ya lo hemos dicho, Pablo no se limitaba solamente a evangelizar.
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Pablo defiende su apostolado
Si el capítulo que precede trata de la libertad en cuanto a los ídolos, éste se refiere a la libertad en cuanto al ministerio o servicio. Notemos de paso que la palabra derecho o potestad en este capítulo y libertad en el capítulo precedente, son una sola y misma palabra (cap. 8:9; 9:4). Aquí tenemos la respuesta a la última pregunta dirigida por los corintios al apóstol.
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Pablo en Atenas
Mientras esperaba a Silas y a Timoteo en Atenas, Pablo no perdía el tiempo. Esta ciudad, famosa por las ciencias y las artes, orgullo de los griegos, estaba hundida en una profunda idolatría, a pesar de la sabiduría de la cual se vanagloriaba. Pablo dice a los corintios:
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Pablo en Berea
No era el pensamiento del Señor que Pablo permaneciera en Tesalónica, lo que él quería cumplir allí ya estaba hecho. Su pronta partida lo motivó a escribir dos epístolas muy importantes. Vemos que el Señor pensaba en nosotros cuando permitió que Pablo se marchase tan pronto de esa ciudad. “Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea.
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Pablo en la fortaleza
Al oír las palabras: “Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles” (v. 21), no pudieron contener su ira contra Pablo, porque no podían admitir que los gentiles recibiesen una bendición, sobre todo por cuanto ellos rehusaban lo que Dios daba a los gentiles, a quienes despreciaban.
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Pablo en Tesalónica
Desde Filipos, el apóstol no se detuvo hasta Tesalónica, hoy Salónica. Atravesó Anfípolis y Apolonia, ciudades de las que hoy queda poca cosa. En Tesalónica había una sinagoga de los judíos (v. 1). Pablo se dirigió allí según su costumbre y disertó con los judíos durante tres sábados, explicándoles las Escrituras concernientes a Jesús.
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Pablo es arrestado en el templo
“Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar” (v. 27-28).
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Pablo es conducido a Cesarea
El tribuno llamó a dos centuriones y les mandó preparar doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros para conducir a Pablo con seguridad a Cesarea, delante del gobernador Félix (v. 23-24). Debían procurarse monturas y estar listos para salir de noche.
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Pablo llega a Corinto
Pablo abandonó Atenas para trasladarse a Corinto, capital de Acaya, ciudad conocida por sus riquezas y su desarrollo científico, pero también por su inmoralidad.
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Pablo llega a Éfeso
Pablo les dijo: “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo” (v. 4). El bautismo de Juan estaba en relación con un Cristo vivo que vendría para establecer su reino glorioso. Para participar en este, era necesario arrepentirse y abandonar el camino equivocado.
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Pablo llega a Jerusalén
Pablo y sus compañeros subieron a Jerusalén acompañados por algunos discípulos de Cesarea, entre ellos un tal Mnasón, de la isla de Chipre, que tenía una casa en Jerusalén, en la cual Pablo y sus acompañantes se alojaron (v. 15-16). Los hermanos de Jerusalén los recibieron con gozo (v. 17).
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Pablo predica “la palabra de la cruz”
Tal predicación tiene por efecto que los hombres inteligentes se aparten, pues para ellos es locura; pero, para nosotros, es poder de Dios. Solamente es comprendida por aquellos cuya conciencia fue alcanzada. Llegado a este punto, el apóstol exclama: ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? (cap. 1:20).
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Pablo se despide de Éfeso
Cuando el alboroto de Éfeso hubo cesado, Pablo hizo venir a los discípulos y después de haberlos abrazado, se marchó hacia Macedonia. Lo que hizo en aquel país, donde había varias iglesias, entre otras la de Filipos, Tesalónica y Berea, se dice simplemente en el versículo 2: “Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia”.
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Pablo se traslada a Macedonia
Podemos concluir de los versículos 4 y 5, que había iglesias en todas las ciudades que Pablo visitaba: “Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen (con respecto a estas ordenanzas, véase el capítulo precedente).
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Pablo, siervo y apóstol
El apóstol Pablo es el instrumento de esta revelación. Se llama a sí mismo siervo de Dios. Este título sólo lo hallamos dos veces en las epístolas (aquí y en Santiago 1:1) y algunas veces en el Apocalipsis, mientras que el de siervo de Cristo es más frecuente.
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Pablo viaja a Roma
Decidida la partida hacia Italia, Pablo y otros prisioneros fueron entregados a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta, unidad del ejército romano que llevaba el nombre del célebre emperador (v. 1). Fueron embarcados en un navío adramiteno, de Asia Menor. Aristarco de Tesalónica acompañaba a Pablo (v. 2); ya lo vimos con el apóstol en Éfeso (cap. 19:29), luego en Macedonia.
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Pablo y Bernabé en Iconio
De Antioquía, Pablo y Bernabé se fueron a Iconio. Allí, en la sinagoga, “hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos” (v. 1). Por los resultados de su predicación vemos que hablaron bajo la potente acción del Espíritu Santo, que colocaba ante todos la palabra de Dios. Porque “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).
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Pablo y Félix
“Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto” (v. 22). Gobernador de Judea desde hacía varios años, y casado con una mujer judía, Félix conocía bastante bien el judaísmo y el cristianismo.
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