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La puesta a prueba
“Si es necesario”, dice Pedro, se puede estar por un poco de tiempo afligido en diversas pruebas, para que la fe así sometida a prueba por el fuego, sea hallada “en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:6-7). “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque, cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida” (Santiago 1:12).
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La restauración
Sin tardar, Elías se volvió y encontró a Eliseo. Pasó por delante de él “y echó sobre él su manto”. De esta manera simbólica, sin ningún celo, renunció en cierto modo a su función de profeta y se la transmitió a Eliseo. El joven quiso seguirlo, pero Elías le dijo: “Ve, vuelve”, es decir, yo no te he pedido que me sigas.
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La resurrección
La Palabra distingue entre la actual resurrección espiritual del alma (somos ahora resucitados con Cristo, como lo hemos visto en el capítulo 3), y la resurrección del cuerpo cuando vuelva el Señor para arrebatar consigo a sus rescatados.
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La tentación exterior
Esta implica, ante todo, la coacción que busca forzar a alguien a obrar contra la voluntad de Dios. La tentación exterior tiene también el carácter de una prueba para la fe. Pablo temía que los tesalonicenses, recién convertidos, hubiesen sido quebrantados por la prueba, que los “hubiese tentado el tentador”, y deseaba informarse acerca de su fe (1 Tesalonicenses 3:5).
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La tentación interior
Ya no se trata de la coacción exterior para hacer el mal
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Las bodas del Cordero
En relación con las bodas del Cordero, Apocalipsis 19:1-9 contiene los cuatro únicos aleluyas (o sea, «load a Jehová») del Nuevo Testamento. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero (v. 7).
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Las desviaciones sexuales
Al hablar de la resurrección, el Señor Jesús subraya que “en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22:30). En el más allá, la muerte física no se produce más, como tampoco, por consiguiente, la transmisión de la vida. En la tierra, toda vida vegetal, animal o humana se transmite de generación en generación.
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Las oraciones del señor Jesús en el evangelio según Lucas
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento hallamos muchos hombres que han orado. Hemos visto algo de sus oraciones, de la fe que las motivó y de los resultados. Pero hay un ejemplo supremo, el del Hijo del Hombre, Dios manifestado en carne, cuyo camino entero estuvo marcado por la oración. Los evangelios, especialmente, lo muestran dirigiéndose así a Dios, al Padre.
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Las persecuciones (oposición exterior)
Escribiendo a los corintios, el apóstol señala que él mismo tenía “sentencia de muerte”, para que no tuviera confianza en sí mismo, sino en Dios, quien resucita a los muertos, y quien podía librarle. Era consciente de cumplir en su carne “lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” (Colosenses 1:24).
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Las preocupaciones
Las circunstancias exteriores, y aún más la incertidumbre del porvenir, provocan en nosotros las preocupaciones, el miedo y la angustia. Nuestra falta de confianza es la causa de ello.
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Las tentaciones intelectuales
Entre “los dardos de fuego del maligno”, de los que habla el apóstol en Efesios 6:16, se pueden incluir también esas flechas que el diablo lanza para infundir la duda en nuestro espíritu. Él ya había insinuado a Eva: “¿Conque Dios os ha dicho…?” (Génesis 3:1). Satanás lanza sus “dardos” de maneras diversas, mediante lecturas, estudios, conversaciones con personas mal aseguradas en la fe.
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Libertados, liberados
Romanos 6:14 afirma: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Eso no quiere decir que el creyente no pecará más, sino que está libre de la dominación del pecado.
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Los ejercicios y las decepciones en las asambleas (oposición interior)
Esta oposición interior fue aún mucho más dolorosa para el apóstol que todas las persecuciones. ¿Por qué tuvo que soportar esto el apóstol de Jesucristo, “constituido predicador y apóstol, y maestro de los gentiles en fe y verdad”? (1 Corintios 1:1; 1 Timoteo 2:7).
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Los excesos en el comer y el beber
En el desierto, el pueblo de Israel deseaba volver a encontrar los alimentos que crecían a orillas del Nilo (Éxodo 16:3; Números 11:5). Cuando Dios los daba, esos alimentos podían recibirse de su mano. El peligro consistía en querer volver a Egipto, al mundo, para satisfacer un deseo carnal fuera de lugar. 1 Pedro 4:3-4 recuerda que algunos andaban en esos excesos antes de su conversión.
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Los recabitas
Los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, habían recibido de su padre la orden terminante de no beber vino, ni construir casas, ni sembrar campos, ni plantar viñas. Así, eran señalados como peregrinos, extranjeros en la tierra. Acordémonos de las palabras de ese siervo que podía decir: «El tesoro que encontré en Su amor me hizo ser un peregrino en este mundo».
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Los recursos divinos
Como lo hemos visto, ante la tentación exterior se trata de «resistir». Ahora bien, cuando estamos expuestos a la concupiscencia de la carne, debemos «huir» (1 Corintios 10:14). Colosenses 3:5 nos habla de «hacer morir» nuestros miembros. Aquí, «hacer morir» significa: dejar que el órgano vaya muriendo por falta de alimento, que se atrofie.
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Los recursos divinos
Ya lo hemos destacado antes: “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13). a) En las tentaciones exteriores
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Los remedios divinos
Tras haber cedido a la vanidad de mostrar todos sus tesoros a los enviados del rey de Babilonia, “Ezequías, después de haberse enaltecido su corazón, se humilló” (2 Crónicas 32:26). Este es un ejemplo que se debe seguir cada vez que comprobamos que el orgullo se ha deslizado en nosotros y ha producido sus frutos.
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Los tres amigos
La mujer de Job lo incitó a maldecir a Dios. Sus amigos llegaron para compadecerse de él y consolarlo. A pesar de todas sus buenas intenciones, lo presionaron demasiado. No entraban, en absoluto, en el plan de Dios, y exponiendo sus puntos de vista se enredaban aún más en sus erróneas afirmaciones.
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Lot
Sin duda para Abraham era muy natural llevar consigo a su sobrino Lot, el hijo de su difunto hermano. Pero el llamamiento de Dios no se había dirigido directamente a Lot. Este seguía a Dios por una fe educativa, bajo la influencia de Abraham.
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“Mi hermana”
Cuando Dios había hecho deambular a Abraham lejos de su casa paterna, este había llegado a un acuerdo medio mentiroso con su mujer: “Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es” (Génesis 20:13).
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Moisés
La fe de los padres de Moisés había discernido que el niño era divinamente hermoso (agradable a Dios, Hechos 7:20; Hebreos 11:23). Después de haber sido expuesto a la muerte, Dios dirigió todo para que durante un tiempo Moisés fuera criado en su propia familia. Desde pequeño oyó hablar de Dios.
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¿Nos reconoceremos en el cielo?
A veces los cristianos se preguntan si reconoceremos en el cielo a aquellos que nos tomaron la delantera. Personalmente, no lo dudo; pero reconoceremos también a los que no habíamos conocido en este mundo, de la misma manera que los discípulos reconocieron en el monte de la transfiguración a Moisés y a Elías en gloria, mientras que éstos no hacían más que hablar con Jesús.
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Palabras inefables
No hay un cuarto cielo, de modo que el paraíso es el lugar más alto, es el cielo de Dios, “el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7). Allí fue arrebatado el apóstol Pablo. ¿Cómo? Sólo Dios lo sabe; pero Pablo estaba seguro de que podía estar allí tanto como alma separada del cuerpo como en el cuerpo.
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