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Pláticas sencillas
Tres curaciones
Después de haber presentado los caracteres de los que participarán en su reino, el Señor desciende hacia su pueblo para actuar en gracia y con potestad, a fin de librarlo de las consecuencias del pecado y del poder del diablo; se manifiesta como Emanuel, Dios con nosotros, el mismo que había dicho a Israel: “Porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26).
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¿Tuvo alguna parte la personalidad del escritor en la redacción de la Biblia?
Sí, y una parte importante. El estilo del apóstol Juan (sencillo pero profundo) es diferente del de Pablo (racional y lógico), y este, a su vez, se distingue del de Pedro. Pablo había sido instruido por el famoso rabino Gamaliel. Pedro había sido un simple pescador de Galilea, sin educación formal. Sin embargo, Dios utilizó a ambos para llevar a cabo sus propósitos.
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¿Tuvo Cristo que soportar el juicio divino para efectuar la expiación?
Sí. Algunos han enseñado que la expiación simplemente significa que Cristo «participó de la condición de pecado del hombre caído» o que «se identificó con la condición mala del hombre». Pero afirmar esto es pasar por alto que el “castigo” de nuestra paz fue sobre él (Isaías 53:5), y que la “espada” de Dios cayó contra su compañero (Zacarías 13:7).
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Pláticas sencillas
Últimas advertencias
Por medio de una parábola, el Señor anunció a sus discípulos lo que sucedería antes de su venida. También les dio algunas exhortaciones en cuanto a su andar hasta aquel momento. “Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.
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Pláticas sencillas
Últimas instrucciones a los discípulos
Mientras Jesús estuvo entre los suyos, se había ocupado de ellos, los había protegido y guardado, proveyendo a sus necesidades. En adelante, todo iba a cambiar para ellos. El Señor los iba a dejar, quedarían solos en un mundo que le daría muerte. En esas circunstancias, tendrían que hacer frente a las dificultades del camino.
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Pláticas sencillas
Un domingo en Troas
La víspera de la partida Pablo, el primero de la semana, la iglesia estaba reunida para partir el pan. Esta mención, muy preciosa e importante, confirma que el día del Señor, el domingo, es el día escogido para recordar su muerte, ya que es el día de su resurrección. No se partía el pan con motivo de la visita del apóstol, pues leemos:
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Un endemoniado en la sinagoga
Entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba.
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Un espíritu inmundo difícil de echar fuera
Cuando Jesús bajó del monte encontró a los discípulos que había dejado, rodeados de una multitud y a los escribas que discutían con ellos. La gente asombrada probablemente por la ausencia de Jesús con tres de sus discípulos, corrió a saludarlo.
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Un hombre amable
Viendo a Jesús que salía por el camino, un hombre corrió y echándose de rodillas ante él, le dijo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (v. 17-18).
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Un hombre muy rico
No solo las pretensiones humanas o los pecados groseros pueden impedir al hombre alcanzar la salvación, y seguir al Señor. El siguiente relato nos muestra que los bienes terrenales que poseía un hombre intachable, constituyeron un gran obstáculo para su salvación.
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Un hombre necio
Un hombre vino a rogarle a Jesús que interviniera entre él y su hermano para repartir una herencia. Jesús le respondió: “Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (v. 14). El Señor no estaba en el mundo para favorecer a los hombres en sus intereses materiales. Había venido a abrir el camino hacia el cielo a los pecadores esparcidos en un mundo arruinado y perdido.
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Un nuevo mandamiento
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros (v. 34-35).
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Un poder dudoso
Un hecho característico de los días del fin, de estos malos días que nos han llegado, es que se habla mucho de poder y poco de obediencia a la Palabra de Dios.
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Un sabio consejo
No contentos con ser responsables de la sangre inocente, estos jefes todavía querían añadir a su culpabilidad la muerte de los apóstoles: “Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos” (v. 33). Si hubiesen temido pensando en sus pecados, hubieran encontrado el perdón en Aquel a quien habían crucificado; pero, endurecidos por su orgullo, iban a cargar su conciencia con otros crímenes.
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Una advertencia a los discípulos
Para ir al monte de los Olivos era necesario salir de la ciudad, descender hasta el torrente de Cedrón y subir la colina enfrente de Jerusalén. En vez de dejarse agobiar por el peso de todo lo que le esperaba, Jesús aprovechó el tiempo de la marcha hacia Getsemaní para advertir a los discípulos lo que sucedería. La profecía de Zacarías iba a cumplirse:
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Una apariencia de piedad
Tras demostrar el estado ruin de los jefes del pueblo, Jesús sintió la necesidad de advertir a las multitudes, y a los discípulos, para que distinguieran entre la manera de actuar de estos jefes religiosos y la Escritura que ellos enseñaban. Su respeto exterior por la Palabra divina incitaba a que se considerara su conducta; esto debería hacerse siempre.
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Una conferencia en Jerusalén
La reunión de los cristianos en medio de las naciones también ofrecía a Satanás un nuevo campo de actividad. Este procuró dañarla desde adentro, tal como lo había hecho exteriormente sirviéndose de los judíos incrédulos para suscitar la persecución, como lo vimos en los capítulos precedentes, mientras que los judíos convertidos turbaron a las iglesias interiormente.
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Una cuestión referente al matrimonio
Jesús continuó su obra de amor sanando a las multitudes que lo seguían de Galilea a Judea. En vez de convencerse viendo las obras que Jesús hacía, los fariseos vinieron a él con preguntas para tratar de ponerlo en oposición a las enseñanzas de Moisés, dadas para el régimen de la ley.
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Una curación en día de reposo
Jesús entró nuevamente en la sinagoga un día sábado, donde encontró a un hombre que tenía la mano seca. Los asistentes observaban si lo curaría, para poder acusarlo. Conociendo sus pensamientos, Jesús mandó al lisiado que se levantara delante de todos, y mirándolos dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? (v. 4).
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Una curación en día de reposo
Otro sábado Jesús entró en una sinagoga y enseñaba. Había allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Los escribas y fariseos, que siempre buscaban la manera de encontrar a Jesús en falta, lo observaban para ver si sanaría a este lisiado, y así tener de qué acusarlo. Ya los vemos decididos a deshacerse de Jesús a quien no podían soportar.
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Una niña que “dormía” y una mujer enferma
Al otro lado del lago, Jesús fue recibido por una multitud que lo esperaba. Un jefe de la sinagoga llamado Jairo, llegó a él y se echó a sus pies suplicándole que viniera a su casa porque su hija única de unos doce años, se estaba muriendo. Jesús complació los deseos de este padre afligido y fue con él, acompañado por la gente que lo oprimía.
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Una nueva travesía
Jesús hizo subir a sus discípulos a una barca para que fueran delante de él a la otra ribera, mientras despedía a la multitud. Ahora sí podía enviarla de regreso, después de haber saciado “a sus pobres… de pan”, como dice el Salmo 132:15. El Señor nunca despide vacíos a quienes se acercan a él; y ellos se habían reunido junto a él (v. 33).
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Una pecadora en casa de Simón
Un fariseo invitó a Jesús a comer en su casa. Mientras estaba a la mesa, “una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume (v. 37-38).
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Pláticas sencillas
Una pregunta en cuanto a la resurrección
Después vinieron los saduceos, que representaban el partido racionalista
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