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La paz con Dios
El tema que trataremos ahora es: La paz con Dios: qué es y quién la tiene. Este asunto tiene, como lo reconocerá usted, una gran importancia, y así debemos hacerlo constar en primer término. ¡No tener paz con Dios no es una cuestión de tiempo o de circunstancias; se trata, nada menos, que de la eternidad! Sí, de la eternidad, de una cuestión de salvación o de condenación; una cuestión, en fin, que supera infinitamente a todas las demás por su importancia.
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La salvación
La Biblia responde a sus argumentos y dudas
Un hombre rico invitó a muchos amigos a un banquete, pero ninguno llegó. Todos mandaron excusas, porque no querían ir. Las excusas eran sumamente absurdas. El primero dijo que había comprado un terreno y tenía que ir a verlo. ¿Cuál era el apuro? Otro dijo que acababa de comprar unos bueyes y tenía que ir a probarlos. ¿Por qué no dejar que los animales descansaran esa noche? Una tercera persona dijo que se acababa de casar y no podía ir. ¿Por qué no podía ir con la esposa?
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¿Qué pasa después de la muerte?
“Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13). Cualesquiera que sean las causas de fallecimiento contadas por las estadísticas, sea que se muera en la cama, en el hospital o en la carretera… conforme a las Escrituras sólo hay dos maneras de morir.
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Algunos pasajes de ánimo
* Isaías 55:8-9 Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
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Argumentos que pone la gente
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Conclusión
Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. (Romanos 3:28)
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Cristo y la gloria
Para el cristiano que ha dormido, despojado momentáneamente de su morada terrenal, la que no es sino una frágil tienda, ¿cuál será la suerte de su alma separada del cuerpo? La Palabra de Dios habla con claridad sobre este tema. El alma está con Cristo.
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Cristo y la muerte
¿Qué es la muerte? Para el incrédulo no hay nada más temible que la muerte. Con sobrada razón se la llama en las Escrituras “el rey de los terrores”. Desde el punto de vista del juicio, es el fin del primer Adán. No sólo es el fin de la naturaleza física, sino que, cuanto más se considera la muerte en relación con la naturaleza moral del hombre, más temible se hace.
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Cristo y las resurrecciones
Hay un hecho que explica, hasta cierto punto, la prisa con la que aun ciertos cristianos aceptan estas ideas confusas. La gran verdad de la resurrección de entre los muertos, si no es ignorada, por lo menos es echada en un lamentable olvido. Esta “primera resurrección” es contemporánea a la venida del Señor para arrebatar a sus santos con él (1 Corintios 15:51-55; 1 Tesalonicenses 4:15-18).
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Dos maneras de morir
“Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13). Cualesquiera que sean las causas de fallecimiento contadas por las estadísticas, sea que se muera en la cama, en el hospital o en la carretera… conforme a las Escrituras sólo hay dos maneras de morir.
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Dudas de muchas personas
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El calvario y el fuego
En cierta ocasión, una partida de cazadores atravesaba una de las inmensas llanuras de América. Se hallaban a cierta altura cuando, de pronto, los expertos ojos del guía advirtieron un peligro muy común en aquellos países. A lo lejos resplandecía una gran llamarada.
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El Obrero de la paz
Pero ¿cómo puede Dios hacerlo? El Señor Jesucristo se encargó de esta obra. Dicen algunas personas que las buenas obras nos hacen dignos del favor de Dios. Pero la vida de Jesús no borró ni un solo pecado. Fue una vida perfecta, divina, amable y cariñosa hasta lo infinito. Cada paso que el Señor Jesús dio en la tierra fue consagrado a la gloria de Dios.
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Introducción
Un hombre rico invitó a muchos amigos a un banquete, pero ninguno llegó. Todos mandaron excusas, porque no querían ir. Las excusas eran sumamente absurdas. El primero dijo que había comprado un terreno y tenía que ir a verlo. ¿Cuál era el apuro? Otro dijo que acababa de comprar unos bueyes y tenía que ir a probarlos. ¿Por qué no dejar que los animales descansaran esa noche?
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Introducción - Qué es la paz y quién la tiene
“Y no solamente con respecto a él (Abraham) se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”.
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La entera satisfacción de Dios: ¡un Sustituto!
Un marinero asistió a una reunión en la cual se predicaba el Evangelio. Lo que escuchó le interesó vivamente y, cuando la reunión terminó, fue a hablar con el predicador. Pero aunque se le presentaba el Evangelio de una manera sencilla, siempre respondía con estas palabras: «No me doy por satisfecho». Entonces el predicador le contestó:
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La paz con Dios
Dos amigos paseaban por una playa. Uno de ellos era cristiano y el otro no creyente. El primero dijo a su compañero: «Mira a ver si puedes borrar las huellas que has dejado en la arena». Así lo intentó el otro, pero su amigo le hizo notar: «Mientras estabas tapando las primeras huellas, con tus pies estabas haciendo otras. ¡Míralas!».
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La solución de Dios
Hemos visto que todos somos pecadores por naturaleza y en la práctica. “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10-12). Además, notamos que con hacer borrón y cuenta nueva no se destruye el pasado; pero Dios está dispuesto a borrarlo todo y salvarnos ahora, porque “he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).
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Reflexión final
Antes de cerrar las páginas de este libro, no se vaya sin poder responder afirmativamente a la siguiente pregunta capital: Si usted tuviese que morir hoy, ¿está seguro de que iría al cielo? Estas citas de la Santa Biblia le informan cómo ir al cielo.
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¿Adónde van los muertos?
No sería necesario escribir sobre este tema si los que deben explicar las enseñanzas de la Palabra de Dios no las desfiguraran y tergiversaran. Los errores de esos falsos maestros provienen, ante todo, de que no están convencidos de la plena autoridad de las Escrituras y las sustituyen por los tristes productos de su imaginación.
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Carencia de fuerza propia para conseguir la paz
Un amigo mío entró cierto día en un vagón de ferrocarril en el cual se mantenía una acalorada discusión religiosa. Cuando mi amigo hubo tomado asiento, uno de los presentes le dijo, poniéndole amistosamente su mano sobre la rodilla: «Decíamos aquí que, para entrar en el cielo, es necesario ser bueno y practicar el bien».
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¿Cómo es el cielo?
El cielo tiene diferentes objetos cuya enumeración se prolongaría indefinidamente si se quisieran contar. Los capítulos 2 al 5 y 19 al 22 del Apocalipsis contienen, bajo forma de símbolos, una interminable lista de ellos.
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¿Cómo ser salvo?
Dios dijo que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23) y que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Entonces ¿cómo puede salvarse uno? La respuesta es que Cristo “se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6). Jesús “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24).
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¿Cómo voy a Cristo?
¿Qué quiere decir «ir a Cristo»? ¿Cómo lo hago? Bueno, no podemos ir a Cristo físicamente, pero podemos ir a Él con nuestra mente y corazón (con lo más íntimo de nuestro ser). En otras palabras, tenemos que creer y entregarnos en completa sumisión a Jesús como nuestro Señor, nuestro Dueño y Jefe. Es algo fácil con tal que uno esté dispuesto a hacerlo.
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