Capítulo 27
Los votos
Este capítulo trata de los votos que podían realizar los hijos de Israel y la manera cómo el sacerdote debía estimarlos. En Éxodo 30 (v. 11-16) vemos que el precio del rescate era idéntico para todos. Aquí, por el contrario, las estimaciones varían de uno a otro caso. En efecto, ya no se trata de lo que representa nuestra salvación, sino más bien de las capacidades que posee cada cual. Redimidos con el mismo precio –la sangre preciosa de Jesús– todos los hijos de Dios no tienen el mismo nivel espiritual, la misma aptitud para el servicio. El sacerdote tenía que intervenir para apreciar la obra de cada uno:
Conforme a la estimación del sacerdote, así será.
(v. 12)
Si estamos inclinados a criticar lo que hacen o no hacen los demás creyentes, recordemos que quien juzga es el Señor, y que en el Cuerpo de Cristo cada miembro tiene su importancia y su función particular (1 Corintios 4:4-5).
Las personas, bestias o casas, todo podía consagrarse a Jehová. Ciertamente, no tenemos nada más precioso para dedicar al Señor que nuestra propia persona. Eso era lo que habían hecho los macedonios de quienes habla el apóstol: “A sí mismos se dieron primeramente al Señor”. Y todo su servicio, espontáneo, abundante en gozo, emanaba de ese don inicial (2 Corintios 8:1-5).
El Señor aprecia lo que se hace para Él
Dejemos al Señor la tarea de apreciar y estimar lo que hacen los demás. Tampoco nos preocupemos por buscar el favor de los demás, o por querer hacer nuestros los méritos de otro; no esperemos de los hombres más de lo que recibió Aquel que fue “evaluado por ellos” en treinta piezas de plata (Zacarías 11:12-13, V. M.). Que cada uno de nosotros se esfuerce más bien en presentarse “a Dios aprobado” (2 Timoteo 2:15).
Hemos considerado al sacerdote y sus funciones en este libro de Levítico, cuyo estudio estamos terminando. Estudio a veces algo arduo, pero que nos ha permitido dirigir nuestras miradas a Jesús, ¡nuestro Sumo Sacerdote! También hemos podido comprobar su intervención en todos los aspectos de la vida de los suyos. Para la salvación: entró en los lugares santos con su propia sangre, habiendo obtenido una redención eterna. Para la marcha: vela a fin de apartar toda lepra. Finalmente, para el servicio: es Aquel que lo aprecia todo según su propia medida. Cosa triste: existen cristianos que aceptan la salvación, pero luego prefieren que el Señor no se ocupe de sus asuntos. A ellos quizá les falte pasar por experiencias tristes, como las del capítulo 26, para que sus afectos sean despertados. ¡El Señor nos dé una plena confianza en su Persona y en su obra!
