Levítico
Levítico

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 23

El calendario de fiestas solemnes

Este capítulo constituye el calendario de “las fiestas solemnes de Jehová”, dicho de otro modo, de las fiestas que se repetían cada año. Eran siete, sin contar el sábado, día de descanso semanal del cual se habla en primer lugar. Se ha podido constatar que estas fiestas, en su orden sucesivo, despliegan ante nuestros ojos la historia de Israel desde la cruz, los designios de Dios con respecto a este pueblo, sus propósitos concernientes a la Iglesia (aunque de manera más velada) y sus designios referentes a su Hijo. Todo se inicia en la pascua. El punto de partida de las bendiciones de Israel y de la Iglesia, como también de la felicidad de todo hombre, es la cruz. Después de la pascua aparece la fiesta de los panes sin levadura, la cual evoca a Aquel que no ha conocido pecado y cuya separación del mal debe reproducirse en la marcha de la Asamblea, esto es, de cada redimido. La “vieja levadura” debe quitarse, porque somos “nueva masa, sin levadura”, recuerda Pablo a los corintios (1 Corintios 5:7).

A continuación viene la fiesta de las primicias. Esta primera gavilla mecida es una vez más Cristo en su resurrección triunfante, primogénito de entre los muertos, presentado a Dios según los diversos aspectos de sus glorias, “para que seáis aceptos” (v. 11).

Significado de Pentecostés

Cincuenta días separaban la fiesta de las primicias de la fiesta de las semanas o Pentecostés. Ambas tenían lugar el día siguiente al sábado, esto es, el primer día de la semana. Sabemos que después de su resurrección, antes de subir al cielo, el Señor apareció varias veces a sus discípulos para consolarlos, animarlos y enviarlos a anunciar el Evangelio. Luego, el capítulo 2 del libro de los Hechos nos muestra cómo el Espíritu Santo descendió del cielo el día de Pentecostés para morar en la Asamblea. Los dos panes mencionados en el versículo 17 son un símbolo de esta Iglesia, compuesta de cristianos judíos y “gentiles”. Pero los que la constituyen todavía están en la tierra; por eso la levadura, imagen del pecado, está presente en estos panes (1 Juan 1:7-9). Estas son “las primicias” de la obra de la cruz presentadas a Dios por el Sacerdote. Y Jesús, al hablar de sí mismo como del “grano de trigo” que debía caer al suelo y morir, podía añadir:

si muere, lleva mucho fruto.
(Juan 12:24)

La gavilla de las primicias era las arras de una rica cosecha (v. 22). Cristo, hombre resucitado, no quedará solo en la gloria. Volverá con alegría, trayendo sus gavillas (Salmo 126:6).

En el mes séptimo

Históricamente nos encontramos en el período que sigue al Pentecostés. Israel está puesto a un lado. Es el tiempo de la Iglesia, durante el cual el Señor Jesús reúne en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos (Juan 11:52). Sin embargo, viene el día cuando todo Israel a su vez será reunido. Después del arrebatamiento de la Iglesia, la conmemoración al son de trompetas o fiesta de las trompetas (Números 29:1), convocará al pueblo y lo reunirá en su país con motivo de la gran aflicción de la sexta fiesta: el día de expiación, que corresponde a las ceremonias del capítulo 16. Israel, angustiado, esperará que aparezca para su salvación y liberación Aquel que ahora está en el santuario, juntamente con los suyos (Hebreos 9:28). Por último llegamos a la fiesta de los tabernáculos. Ella prefigura el reinado de justicia y de paz sobre la tierra, que se suele llamar el milenio. Contemos las veces que se repite en este capítulo: “Ningún trabajo haréis en este día”. En todo el maravilloso plan de gracia que va desde la cruz hasta la gloria, Dios se ha reservado el privilegio de trabajar él mismo. El hombre y sus esfuerzos no tienen nada que ver con eso. Es obra divina.

Gloria y hermosura es su obra.
(Salmo 111:3)