Levítico
Levítico

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 4

Significado del sacrificio por el pecado

El sacrificio por el pecado pone fin a la lista de las santas ofrendas. Si el holocausto nos enseñó lo que a Dios le agradó en la obra de Cristo, el sacrificio por el pecado atañía a las necesidades del pecador. Pero es normal que nosotros hagamos el camino inverso. Antes de conocer la paz y el gozo del sacrificio de paz, antes de comprender lo que Jesús fue para Dios en su vida y en su muerte, empezamos por vérnoslas con Aquel que sufrió y murió en la cruz para expiar nuestros pecados. La sangre se introducía en el tabernáculo como para dar a Dios una prueba de la obra acabada, y al pecador una seguridad de su aceptación. La grosura ardía y humeaba sobre el altar, señal de la satisfacción que Dios hallaba en la obediencia de la víctima. En fin, mientras la carne del holocausto debía humear sobre el altar y la del sacrificio de paz era comida por aquel que la presentaba, el cuerpo de los animales ofrecidos por el pecado se quemaba fuera del campamento. A causa de nuestros pecados, con los que se cargaba, Jesús sufrió “fuera de la puerta”, lejos de la presencia del Dios santo. El verbo quemar (v. 12), diferente de hacer arder o humear (v. 10), empleado para las grosuras y los inciensos, traduce el ardor del juicio que consumió a nuestro Sacrificio perfecto (Hebreos 13:11).

Somos responsables de los pecados cometidos por ignorancia

Muchas personas no se consideran culpables de sus faltas inconscientes; parten del principio de que Dios no puede reprocharles su ignorancia y que tomará en cuenta su «buena voluntad». ¡Funesta ilusión! Si Dios previó un sacrificio por los pecados cometidos por error, ello es la prueba de que el pecador, aun ignorante, es culpable ante Él. Además nuestras leyes también aplican el mismo rigor; la ignorancia de la ley no excusa su cumplimiento. Una infracción del código, aun involuntaria, me expone a una multa. A los ojos del Dios santo, el pecado cometido permanece; no queda disculpado por mi indiferencia. Pero sé que para todo pecado, si bien hay condenación, también hay un sacrificio que lo perdona. Fue necesaria la inmensa obra de la cruz para borrar lo infinito de la ofensa perpetrada contra Dios por mis pecados, voluntarios o no, tanto los que recuerdo como los que he olvidado desde hace mucho tiempo.

Al colocar su mano sobre la cabeza de la víctima, aquel que la presentaba hacía pasar su pecado a ella. Reconocía que era culpable y merecía la muerte, pero que el animal ofrendado lo remplazaba para cargar con ese pecado y morir en su lugar. Eso fue lo que Jesús, nuestro perfecto Sustituto, hizo por nosotros.

Niveles de responsabilidad, pero todos culpables

Por su pecado, un sumo sacerdote debía ofrendar un becerro (v. 3), un príncipe o jefe debía ofrecer un macho cabrío (v. 22-23) y una persona cualquiera del pueblo solo tenía que ofrecer una cabra o un cordero (v. 27-28, 32). Quienes deben dar el ejemplo tienen una responsabilidad más grande, expresada por la importancia del animal ofrendado. Pero ante Dios todos los hombres han pecado y están destituidos de Su gloria (Romanos 3:22-23). El que se encuentren arriba o abajo en la escala social, que sean honrados o despreciados por sus semejantes, grandes pecadores o considerados como gente honrada, la verdad es que todos forman parte de una sola clase: la de los pecadores perdidos. Sin embargo, en su insondable misericordia, Dios ha creado una nueva categoría: la de los pecadores perdonados. Encerró a todos los hombres en la desobediencia, a fin de hacer misericordia a todos (Romanos 11:32).

Subrayemos la expresión:

Si se le hiciere conocer el pecado que ha cometido.
(v. 23, 28 V. M.)

Es una alusión al servicio delicado de “lavar los pies”, que consiste en ayudar a otro creyente a descubrir y a juzgar sus faltas (Juan 13:14).

“Y será perdonado”, concluye cada uno de estos párrafos. ¡Respuesta que Dios puede dar al pecador arrepentido, en virtud de la obra de su amado Hijo!