Levítico
Levítico

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 11

Animales puros e impuros (1)

Tal como lo explica el Señor Jesús, no son las cosas que entran en el hombre las que lo contaminan, sino más bien las que salen de él (Marcos 7:15). La distinción entre animales puros e impuros no tiene más que una aplicación espiritual para el cristiano. En este capítulo se toman en consideración cuatro grupos de animales: cuadrúpedos, peces, aves y reptiles. Para ser puros, los primeros debían reunir dos condiciones: rumiar y tener la pezuña hendida. La pureza del creyente depende tanto de la manera de comer (estudiar la Palabra) como de caminar (obedecer la Palabra).

De los peces también se requerían dos atributos: aletas y escamas. Sin aletas, ¿cómo avanzar?, ¿cómo luchar contra la fuerza de la corriente? Y sin escamas el cuerpo queda desprotegido. Resistir a la incitación del mundo, a sus formas de pensar y a sus comodidades es la manera para que un joven creyente pueda mantenerse puro.

Las aves carnívoras y omnívoras eran impuras. Esto nos enseña que si nutrimos nuestra mente con lo que viene de la carne, o aceptamos sin distinción toda lectura y espectáculo que se nos ofrece, inevitablemente quedaremos contaminados. Finalmente se hallan los reptiles y los animales que se les asemejan. Figura del poder del mal. ¡Es cosa abominable! “Aborreced lo malo,” prescribe Romanos 12:9.

Animales puros e impuros (2)

Al observar a los reptiles y a los animales que pululan sobre la tierra, reconozcamos ciertos rasgos y peligros morales de los que debemos desconfiar. La comadreja (el topo, V. M.) y el ratón, por ejemplo, perjudican a las plantas jóvenes destruyendo sus raíces; el camaleón evoca a aquellos que siempre se adaptan al color de su medio ambiente: se comportan como cristianos cuando están entre los cristianos, y como mundanos cuando están acompañados de la gente del mundo.

Los versículos 32 a 40 muestran cómo las cosas mejores y más útiles pueden ser estropeadas por lo que viene de la “serpiente”. Que el Señor nos enseñe a vigilar y a hacer uso de la provisión inalterable que él nos ha preparado: una fuente, una cisterna o cualquier lugar de recopilación de aguas, imágenes de la Palabra divina, que siempre quedaban limpias.

En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.
(Salmo 119:11)

Un israelita piadoso se guardaba cuidadosamente de todo alimento impuro o inmundo (Hechos 10:14). Tengamos una conciencia sensible para distinguir entre lo que es espiritualmente puro o impuro, entre lo que es susceptible de nutrir nuestra alma y lo que es un veneno para ella. La razón profunda de esta separación rigurosa la encontramos en el versículo 45: Dios es santo, y nosotros somos pueblo suyo.