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La santificación

Esta presencia del Espíritu Santo en el creyente impone una separación práctica del mal. ¿“Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:19-20).

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La segunda cruz

Es muy evidente que el Espíritu de Dios, en el evangelista Lucas, empieza su narración tocante al ladrón arrepentido en el momento justo en que un trabajo divino había comenzado realmente en su corazón. Mateo y Marcos lo presentan como un malhechor que blasfema. Difícilmente podamos concebir un nivel más bajo de depravación moral que el que se describe en estos dos evangelios.

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La sociedad

En las Escrituras, el significado más frecuente de la palabra “mundo” es el que hace referencia a la sociedad humana en su sentido más amplio. Tan pronto como el pecado entró en el mundo, una familia se distinguió por su manera de organizarse excluyendo a Dios. Se trata de la familia de Caín, según el relato de Génesis 4:17-24.

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La tercera cruz

Vamos a considerar ahora, por un breve instante, la tercera cruz. ¿Qué vemos en ella? ¿Un pecador culpable? No simplemente eso. El ladrón arrepentido era eso. Ambos estaban en la misma condenación. Nadie tiene por qué ir al infierno simplemente porque es un pecador, puesto que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”, aun al “primero” (1 Timoteo 1:15).

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La tradición

Querido lector, ¿qué debemos hacer entonces? ¿Adónde debemos recurrir? Si la Biblia no es el manual divino y, por tanto, no es plenamente suficiente, ¿qué queda? Algunos nos sugerirán que recurramos a la tradición. ¡Ay, qué guía miserable!

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La unción

Dios nos ha ungido con el Espíritu como con un aceite de consagración para servirle, para conocer las cosas profundas de Dios, para recibir y comunicar sus pensamientos (2 Corintios 1:21; 1 Corintios 2:10-15; 1 Juan 2:20, 27).

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La unidad del cuerpo en la práctica

En este punto nos parece apropiado formular la siguiente pregunta: ¿Cuál debería ser la actitud de los cristianos respecto de la gran verdad fundamental de la unidad del cuerpo? No puede cuestionarse que se trata de una verdad claramente establecida en el Nuevo Testamento.

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La verdad de la unidad del cuerpo de Cristo

Creemos que es sumamente importante insistir en este principio: que solo podemos creer una doctrina sobre la base de que está revelada en la Palabra de Dios. De esta forma creemos todas las grandes verdades del cristianismo. Todo lo que conocemos y creemos en el orden espiritual, celestial o divino es porque está revelado en la Palabra de Dios. ¿Cómo sé que soy un pecador?

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La vida de resurrección del creyente

Antes de ofrecer la gavilla no se permitía comer pan de trigo nuevo, ni grano tostado, ni en espiga. El mismo día de su resurrección, Jesús se acercó a dos de sus discípulos que iban a Emaús y les explicó “en todas las Escrituras lo que de él decían”. ¡Cuántas maravillas hicieron arder el corazón de Cleofás y de su compañero aquel día!

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Las apariencias externas no impiden que la verdad de la unidad pueda ponerse en práctica

Y ahora, querido lector cristiano, veamos la aplicación de todo esto para nuestro tiempo. ¿Cree de todo corazón, conforme a la autoridad divina, en la doctrina de la unidad del cuerpo de Cristo? ¿Cree que existe ese cuerpo hoy día sobre la tierra, unido a su Cabeza divina y viva en el cielo por el Espíritu Santo?

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Las arras

Dios “nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. “Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu” (2 Corintios 1:22; 5:5). El Espíritu Santo de la promesa “que es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14). El Espíritu Santo, en nuestros corazones, es a la vez una garantía y un anticipo de nuestras futuras bendiciones en la gloria.

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Las dificultades en el servicio

El desánimo

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Las epístolas

Como perito arquitecto puse el fundamento… Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Corintios 3:10-11).

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Las otras dos cruces

Dos malhechores

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Las primicias, Cristo

En la Escritura se mencionan varios casos de resurrección, y todos conciernen a personas a las que se ha devuelto la vida por un tiempo. Estos casos solo han sido una demostración del poder de vida que hay en Dios. Pero salir de la muerte para no volver a ella y no estar más sujeto a las circunstancias de la existencia terrenal, esto es la verdadera resurrección.

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“Las Sagradas Escrituras”

Vayamos ahora a 2 Timoteo 3:14-17.

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Las tribulaciones de Israel

Ya en Egipto los hijos de Israel conocieron la tribulación. Cuando se levantó en el país un nuevo Faraón que no había conocido a José, sometió a esclavitud a los israelitas, quienes a sus ojos se habían vuelto un pueblo numeroso. Al decretar la muerte de todos los recién nacidos varones, creyó que destruiría a esta raza que le importunaba.

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Limpieza de la idolatría

Es bueno que recordemos esto. Lo que Dios planta, se arraiga profundamente, y a menudo crece lentamente. Josías “comenzó a buscar a Dios” cuatro años antes de comenzar su obra en público. Primero tenía que haber una base firme de auténtica piedad personal, para luego poder construir sobre ella el servicio activo. Esto era sumamente necesario. Josías tenía que hacer un gran trabajo.

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Limpieza indispensable

Ante los ojos de Dios el leproso ahora está purificado, sin mancha; fue declarado así por la autoridad divina con la certeza que le da su Palabra… ¿Qué sigue? Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio (v. 8).

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Llaga en la cabeza

Detengámonos un momento en los versículos 29-30 y 43-44 de nuestro capítulo.

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Lo que implica estar en Cristo

¿Está usted en Cristo? ¿Cree en su Nombre? ¿Ha depositado toda su confianza en él? Si es así, tiene “vida eterna”, es una “nueva criatura”, “las cosas viejas pasaron”. Dios no ve el menor rastro de lo viejo en nosotros. “Todo se ha hecho nuevo. Y todas las cosas son de Dios” (2 Corintios 5:17-18, V. M.). Usted puede decir que no siente que todas las cosas viejas hayan pasado.

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Lo que implica tener vida eterna

Solo nos queda ahora por ponderar la última cláusula de la fructífera porción de la Escritura que ha sido objeto de nuestra consideración (Juan 3:16). Expresa el resultado positivo, en cada caso, de la fe sencilla en el Hijo de Dios. Declara, del modo más sencillo y claro, que todo el que cree en el Señor Jesucristo es poseedor de vida eterna.

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Los apóstoles y la gran comisión

Volvámonos un momento a los Hechos de los Apóstoles, y veamos cómo los embajadores de Cristo cumplieron la segunda parte de Su bendita comisión. Oigamos al apóstol de la circuncisión dirigiéndose a los judíos en el día de Pentecostés. No citaremos todo el pasaje; sino solo la breve aplicación final:

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Los dos Adanes

Pero puede que el lector todavía encuentre dificultades y escollos en torno a este tema tan importante. Quizás todavía no consiga comprender lo que significa la expresión “en la carne”. Si es así, le recordamos que la Escritura habla de dos hombres: “El primer hombre” y “el segundo hombre” (1 Corintios 15:47). Estos dos hombres se presentan como las cabezas de dos razas distintas.

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