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The Mackintosh Treasury
Necesitábamos ser “santificados”
Prestemos particular atención a lo que implica el hecho de que necesitábamos ser “santificados”. Ello pone de manifiesto de la manera más fuerte y clara, la ruina total, sin esperanza y absoluta en que se halla cada uno de nosotros. No importa, en lo que toca a este aspecto de la verdad, quiénes éramos o qué éramos en nuestra vida personal y práctica.
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The Mackintosh Treasury
Nehemías
Pero debemos proseguir con nuestro tema, por lo que solicitaremos al lector que se remita al capítulo 8 de Nehemías. Hemos considerado al remanente antes del cautiverio y durante este período; y ahora lo veremos en su amada tierra tras su retorno del destierro, hecho que fue posible merced a la rica misericordia de Dios.
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La Iglesia del Dios viviente
Ninguna autoridad absoluta
Sin embargo, una asamblea no es infalible; por consiguiente, está expuesta a errar en sus decisiones o acciones. Si la asamblea quita sus ojos del Señor, puede ser que actúe impulsada por la carne y no por el Espíritu, y así falle en comprender los pensamientos del Señor, quien está en medio de ella.
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La Iglesia del Dios viviente
Ninguna esperanza de recuperación
En seguida leemos acerca del viento huracanado que se levantó y de los esfuerzos hechos para preservar la nave. Esta tempestad puede referirse a la oposición que Satanás ofrece a la Iglesia. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos (v. 20).
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La Iglesia del Dios viviente
Ninguna ordenación humana
En las Escrituras no hubo ordenación ni autorización humanas en relación con Pablo o cualquier otro profeta o predicador, ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento. Pablo aun dice que, cuando Dios le llamó, no consultó con ninguna persona humana ni subió a Jerusalén para recibir, por decirlo así, el consentimiento y la autorización de los apóstoles allí (véase Gálatas 1:15-17).
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La Iglesia del Dios viviente
Ninguna posición pública
Hemos visto a través de varios pasajes de la Biblia que el lugar de la mujer no es un lugar público, sino que le corresponde más bien desarrollar las múltiples actividades para su Señor y Salvador en la esfera privada. Ya que hemos venido considerando lo que a la mujer no le es permitido hacer, observemos en la Escritura varias posiciones u oficios que no le fueron dados.
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¿No forman estos cristianos una nueva denominación?
Al volver a lo que se ha oído desde el principio, estos creyentes no forman una nueva denominación, sino que desean llevar a cabo en obediencia a la Palabra y a la voluntad de Dios, la unidad de los hijos de Dios en el vínculo de la paz (véase Efesios 4:3).
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La Iglesia del Dios viviente
No hay tal costumbre entre nosotros
“Con todo esto, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (v. 16). El apóstol había declarado la mente de Dios en este asunto, y, por si algunos fueran a contender sobre ello, argüir y argumentar, él simplemente agrega: “Nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios”.
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La Iglesia del Dios viviente
No negando Su nombre
Resulta, por lo tanto, que si nos congregamos de veras en el nombre y la persona de Cristo, no alzaremos como estandarte otros nombres bajo los cuales adherirnos y ser registrados. Tampoco nos llamaremos con nombres tal como se hace en la mayoría de las denominaciones.
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La Iglesia del Dios viviente
No todos los dones se encuentran en una sola persona
Esta verdad se pone de relieve en Romanos 12:5-8: “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.
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La Iglesia del Dios viviente
Nuestra actitud para con el expulsado
El que ha sido excomulgado ha sido puesto fuera de la esfera de la comunión cristiana. Con tal persona no debemos asociarnos de ninguna manera, ni siquiera para comer. “Con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). “Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (v. 13). Notemos que esta amonestación no habla meramente de expulsar al perverso del seno de la asamblea, sino “de entre vosotros”.
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La Iglesia del Dios viviente
Nuestros afectos y nuestra fidelidad
Mientras nosotros, su Esposa, gozamos de su amor, los afectos de nuestro corazón deberían brotar –y de veras brotarán– para Él. Desearemos intensamente a nuestro Esposo y procuraremos asiduamente serle fiel aquí en este mundo que lo rechazó. Hemos de recordar las palabras de Pablo a los corintios y darnos cuenta de que se aplican a todo creyente.
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The Mackintosh Treasury
Objetivo de la disciplina
Para concluir, consideremos brevemente el objetivo de la disciplina de la Asamblea. El inspirado apóstol, en 1 Corintios 5, nos dice que el objetivo es la salvación “a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:5). Esto es muy valioso. Es digno del Dios de toda gracia.
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La Iglesia del Dios viviente
Oraciones definidas
Muchas veces las reuniones de oración parece que no tuvieran un objetivo. Las oraciones se notan confusas y desorientadas. En las Escrituras los discípulos generalmente tenían alguna meta definida en su mente. Estaban completamente de acuerdo sobre un objetivo y oraban con un espíritu de unanimidad.
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La Iglesia del Dios viviente
Origen, canales y extensión del ministerio
La base sobre la cual Cristo da estos dones para ministrar es la redención, la que Él efectuó por su sangre y su ascensión al cielo. Como Salvador victorioso, resucitado y ascendido, da dones a sus siervos para que desempeñen el ministerio cristiano, a fin de que las almas sean salvas. Pero su obra no termina con esto.
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La Iglesia del Dios viviente
Otros dones
Ya hemos considerado detalladamente los cinco dones prominentes dados a la Iglesia –apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros– tal como se los menciona en Efesios 4:11. Estos son los dones mayores, y podemos estar seguros de que los últimos tres (evangelistas, pastores y maestros) continuarán hasta que el Señor reúna a la Iglesia en la gloria de la casa del Padre (Efesios 4:13).
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Pablo
El apóstol Pablo tuvo el privilegio de exponer las verdades acerca de la Iglesia. Antes del día de Pentecostés, la Iglesia no existía. Israel era el pueblo que Dios tenía en la tierra. A ellos les pertenecía todo el sistema de leyes y sacrificios, así como el templo.
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La Iglesia del Dios viviente
Pablo anima y testifica
Pero dentro de la oscuridad hay ánimo y estímulo para los que de veras pertenecen al Señor. Durante la tempestad, el ángel de Dios apareció a Pablo, diciéndole que no temiera. Le dijo que era necesario que compareciese ante César y que Dios le había concedido la vida de los que navegaban con él (v. 22-25).
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¿Para qué y para quién ofrendar?
Preguntemos al Señor cuándo, a quién y cuánto debemos dar. ¿Consideramos como un privilegio el compartir con otros las riquezas que el Señor nos ha prestado? En la Biblia vemos que en los primeros tiempos de la Iglesia, los creyentes daban a los siervos del Señor, a los necesitados, a las viudas, y para otros aspectos de la obra del Señor, según las necesidades.
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Para resumir
1. Si no queremos ser una secta, jamás debemos perder de vista la «unidad del Cuerpo» de Cristo, proclamada en la Mesa del Señor. Al mismo tiempo, sintiendo con dolor el estado actual de la cristiandad –a la cual pertenecemos, no lo olvidemos nunca– debemos aprovechar con reconocimiento de las prerrogativas que hasta el fin quedan unidas a la Iglesia según Dios.
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La Iglesia del Dios viviente
Pasos hacia un naufragio
Aquí, como en otras partes de la Palabra, el significado de los nombres es la llave que da acceso a la instrucción espiritual. El nombre del pueblo en el que comenzó el viaje era “Adrumeto”, que quiere decir «no en la carrera». Hebreos 12:1-2 nos habla de la carrera que hemos de correr hacia la meta celestial.
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La Iglesia del Dios viviente
Pastores
La palabra traducida por “pastores” quiere señalar a uno que da de comer y cuida a las ovejas de Dios. La Palabra menciona a aquellos a quienes el Señor ha capacitado y dotado para “apacentar la grey de Dios” (1 Pedro 5:2) y los ha llamado para esta obra. El Buen Pastor desea que sus ovejas no solo sean libradas del enemigo, sino también que sean guardadas, guiadas y alimentadas.
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La Iglesia del Dios viviente
Pastores y maestros
Estos dones se dan para el cuidado de niños espiritualmente recién nacidos en Cristo a fin de conducirlos al conocimiento de la verdad y de guardarlos fieles a ella. Todos los dones de Cristo se dan “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo… para que ya no seamos niños” (Efesios 4:12-14).
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Pensamientos sobre la Cena del Señor
Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
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