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La Iglesia del Dios viviente

Nuestros afectos y nuestra fidelidad

Mientras nosotros, su Esposa, gozamos de su amor, los afectos de nuestro corazón deberían brotar –y de veras brotarán– para Él. Desearemos intensamente a nuestro Esposo y procuraremos asiduamente serle fiel aquí en este mundo que lo rechazó. Hemos de recordar las palabras de Pablo a los corintios y darnos cuenta de que se aplican a todo creyente.

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Oraciones definidas

Muchas veces las reuniones de oración parece que no tuvieran un objetivo. Las oraciones se notan confusas y desorientadas. En las Escrituras los discípulos generalmente tenían alguna meta definida en su mente. Estaban completamente de acuerdo sobre un objetivo y oraban con un espíritu de unanimidad.

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Origen, canales y extensión del ministerio

La base sobre la cual Cristo da estos dones para ministrar es la redención, la que Él efectuó por su sangre y su ascensión al cielo. Como Salvador victorioso, resucitado y ascendido, da dones a sus siervos para que desempeñen el ministerio cristiano, a fin de que las almas sean salvas. Pero su obra no termina con esto.

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Otros dones

Ya hemos considerado detalladamente los cinco dones prominentes dados a la Iglesia –apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros– tal como se los menciona en Efesios 4:11. Estos son los dones mayores, y podemos estar seguros de que los últimos tres (evangelistas, pastores y maestros) continuarán hasta que el Señor reúna a la Iglesia en la gloria de la casa del Padre (Efesios 4:13).

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Pablo anima y testifica

Pero dentro de la oscuridad hay ánimo y estímulo para los que de veras pertenecen al Señor. Durante la tempestad, el ángel de Dios apareció a Pablo, diciéndole que no temiera. Le dijo que era necesario que compareciese ante César y que Dios le había concedido la vida de los que navegaban con él (v. 22-25).

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Pasos hacia un naufragio

Aquí, como en otras partes de la Palabra, el significado de los nombres es la llave que da acceso a la instrucción espiritual. El nombre del pueblo en el que comenzó el viaje era “Adrumeto”, que quiere decir «no en la carrera». Hebreos 12:1-2 nos habla de la carrera que hemos de correr hacia la meta celestial.

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Pastores

La palabra traducida por “pastores” quiere señalar a uno que da de comer y cuida a las ovejas de Dios. La Palabra menciona a aquellos a quienes el Señor ha capacitado y dotado para “apacentar la grey de Dios” (1 Pedro 5:2) y los ha llamado para esta obra. El Buen Pastor desea que sus ovejas no solo sean libradas del enemigo, sino también que sean guardadas, guiadas y alimentadas.

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Pastores y maestros

Estos dones se dan para el cuidado de niños espiritualmente recién nacidos en Cristo a fin de conducirlos al conocimiento de la verdad y de guardarlos fieles a ella. Todos los dones de Cristo se dan “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo… para que ya no seamos niños” (Efesios 4:12-14).

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Personas perversas

Es importante notar que solamente las personas perversas –y nadie más que ellas– tienen que ser separadas de la comunión de los creyentes. “Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros”. Sería un gran mal quitar a uno que meramente fue sorprendido en alguna falta o a uno que solamente cometió una ofensa.

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Preservar la gloria de Dios

Por cierto que nuestra primera preocupación en cuanto a la disciplina de la asamblea debería ser la de preservar la gloria de Dios y honrar su santo nombre. Él mora en la asamblea, y si el mal es tolerado en ella, no se está haciendo otra cosa que vincular el santísimo nombre de Cristo con el mal. Esto deshonra su nombre precioso y santo.

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Primer paso

Ahora veamos el primer paso que se debe dar luego de verificar la existencia de la ofensa. Este primer paso es: “Ve y repréndele estando tú y él solos”. Esto es lo que el Señor dijo que habría de hacerse como primera medida por parte del ofendido. Permítasenos citar las excelentes palabras de W. Kelly sobre lo dicho más arriba:

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Pruébese cada uno a sí mismo

Veamos ahora las palabras solemnes del apóstol en cuanto a comer y beber la Cena indignamente. “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

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Purificándose a sí mismo

Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra (2 Timoteo 2:21).

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Purificar a la asamblea

Estrechamente relacionada con ello está la purificación de la asamblea ante los ojos del mundo por medio de la disciplina y el juicio del mal. Debemos brillar como luces en el mundo a fin de que nuestras buenas obras se vean y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:16).

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¿Qué dice la Escritura?

Para el obediente hijo de Dios, para alguien deseoso de hacer la voluntad de su Señor y Salvador, hay solamente una consideración y una pregunta: “¿Qué dice la Escritura?” (Romanos 4:3). ¿Cuáles son las instrucciones del Señor al respecto? Para el alma sincera y concienzuda, la obediencia a la Palabra de Dios es lo más importante.

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¿Qué es la reunión de adoración?

Es necesario que entendamos esto claramente, porque «la reunión de adoración pública» para muchos incluye la oración, la alabanza y la predicación para la edificación de los santos o para la conversión de pecadores. Si uno lo piensa bien, verá que esto es incorrecto. Aun la oración –es decir, cuando pedimos a Dios lo que necesitamos– no es adoración.

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¿Quién puede participar?

Puesto que el pan de la Cena habla también del solo cuerpo formado por todos los creyentes y puesto que la conjunta participación del pan es una expresión de nuestra unidad y comunión los unos con los otros, debería ser fácil contestar a la pregunta: «¿Quién puede con rectitud participar de la Cena del Señor?».

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Recomendación y comunión

¿Qué significó, entonces, el ayuno, la oración y la imposición de manos sobre Bernabé y Saulo? La imposición de manos ya se practicaba siglos atrás, como lo vemos en Génesis, en el caso de un padre o un abuelo que imponía las manos a sus hijos. Era una señal de recomendación a Dios de parte de uno que tenía conciencia de su comunión con Él y que, por lo tanto, podía contar con su bendición.

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Recordar lo que somos

Alguien ha dicho que «deberíamos acordarnos de lo que somos cuando hablamos de ejercer la disciplina». Esto es algo asombrosamente solemne. Lo veo así especialmente cuando reflexiono en que soy un pobre pecador, salvado por pura misericordia, aceptado sólo a través de Cristo, pero en mí mismo no hay nada bueno. Por lo tanto, eso de tomar la disciplina por mis propias manos es algo espantoso.

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Resumen

Al concluir nuestro primer fascículo sobre lo que es la Iglesia del Dios viviente, volvemos a exponer algunos de los pensamientos principales que hemos tenido presentes durante el desarrollo de este tema.

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Reuniones para el ministerio de la Palabra

Si nos basamos en 1 Corintios 14, vemos que es evidente el hecho de que la Iglesia apostólica tenía lo que podemos llamar «reuniones abiertas» para edificación, exhortación y consolación. Es decir, tenían reuniones en las cuales todos, a menos que hubiera alguna limitación en las Escrituras, tenían la libertad de edificar según les guiara el Espíritu de Dios.

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Romanos 16

En los muchos saludos de este capítulo vemos estrechos lazos entre los obreros de Grecia y los santos de Roma. En el versículo 16 tenemos la expresión: “Os saludan todas las iglesias de Cristo”, lo cual revela el mismo aspecto colectivo de las asambleas como se ve en Corintios y en Gálatas.

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Salgamos a Él

Deseamos poner de relieve que el acto de salir a Cristo es el lado positivo de esta separación del campamento. Este aspecto debe ser el verdadero motivo y el fin de nuestra separación del campamento. Sólo esto le sostendrá a uno en la senda negativa de separación con sus pruebas y angustias. Cristo, en todas sus bellezas, glorias y suficiencia debe ser la meta del corazón.

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Seguirle a Él

Cuando Jesús deseó llamar a doce apóstoles como sus siervos para llevar a cabo su gran obra, fue al mar de Galilea y allí sacó de sus labores de pesca a Simón, Andrés, Santiago y Juan. Les dijo: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres (Marcos 1:17).

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