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Pláticas sencillas
Las consecuencias de la incredulidad
El versículo 17 dice Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El deseo de Dios es que el mundo sea salvo, pues para eso envió a su Hijo. El versículo 18 aplica la salvación, no al mundo en su conjunto, sino al que cree: “El que en él cree, no es condenado”.
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Pláticas sencillas
Las consecuencias que se derivan de negarse a recibir a Jesús
Jesús había venido de parte de su Padre y, como acabamos de ver, el pueblo no había carecido de testimonios para recibirle con plena confianza; pero los judíos no lo querían. Como juicio, Jesús les anuncia que vendrá otro en su propio nombre y que a ese sí recibirán (v. 43). Aquel hombre, el anticristo, se levantará de entre los judíos incrédulos que hayan vuelto a su país, y será rey.
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Pláticas sencillas
Las dos parábolas del reino de Dios
En estos versículos tenemos dos de las parábolas del capítulo 13 de Mateo, la correspondiente a la parábola de la cizaña y la del grano de mostaza que se hace un gran árbol. Aquí la enseñanza difiere considerablemente de la de Mateo; esto es a causa de la particularidad de cada uno de los dos evangelios.
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Pláticas sencillas
Las dracmas
Llegaron Jesús y sus discípulos a Capernaum durante la recaudación de un impuesto a favor del templo, probablemente aquel prescrito por Moisés en Éxodo 30:11-16, o bien el establecido por Nehemías para el servicio de la casa de Dios (Nehemías 10:32-33). Los recaudadores de este impuesto preguntaron a Pedro: “¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?”. Pedro respondió: “Sí”.
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Pláticas sencillas
Las mujeres ante el sepulcro
El primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea vinieron al sepulcro. Traían las especias aromáticas que habían preparado para ungir el cuerpo de su Señor. Al encontrar el sepulcro abierto, entraron, pero comprobaron que el cuerpo de Jesús no estaba allí.
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Pláticas sencillas
Las murmuraciones de los griegos
“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria” (v. 1).
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Pláticas sencillas
Las tres horas de oscuridad
Hemos seguido a Jesús en las diversas etapas desde su arresto. Compareció ante el Sanedrín, ante Pilato; pasó por las manos de los soldados; estuvo expuesto en la cruz desde la hora tercera hasta la sexta –desde las nueve de la mañana hasta el mediodía–, soportando los insultos y burlas de todos, e incluso las injurias de los ladrones crucificados a su lado.
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Lazos familiares
Veamos el siguiente ejemplo: Su hijo le ha desobedecido. El semblante del niño manifiesta que ha hecho algo que no debía. Media hora antes disfrutaba paseando con usted en el jardín, admirando lo que usted admiraba, alegrándose con aquello con que usted se alegraba. En otras palabras, estaba en comunión con usted; sus sentimientos y gustos eran iguales a los suyos.
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Liberación de la antigua posición en Adán
En las epístolas de Pablo, el Espíritu Santo nos presenta la completa liberación del creyente de su antigua posición en Adán, y nos da a conocer su nueva posición: completamente justificado y perfectamente aceptado en Cristo.
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Pláticas sencillas
Lo que cuesta seguir a Cristo
“Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (v. 25-26). El discípulo es aquel que, después de escuchar las enseñanzas de su maestro, las pone en práctica y por consiguiente, sigue sus pisadas; asemejándose a su maestro.
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Lo que Dios establece y nuestras experiencias
Muchos creyentes pasan por grandes angustias porque continuamente están escudriñando sus propios corazones, pensando encontrar en él la evidencia de su conversión a Dios. Se puede que tal persona diga:
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Lo que Dios ha hecho
Examinemos ahora los cuatro hechos de Juan 3:35-36 mencionados anteriormente:
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Lo que el Espíritu Santo hace por los creyentes
Contrariamente a lo que ocurre con el mundo, el Espíritu Santo obrará en los creyentes haciéndoles gozar de todo lo que les pertenece en su nueva posición ligada a la de Cristo resucitado y glorificado; ya no son, pues, del mundo.
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Lo que impide creer
Jesús les dice todavía: ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
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Lo viejo y lo nuevo
Estos mismos razonadores preguntaron a Jesús por qué los discípulos de los fariseos y los de Juan ayunaban a menudo y hacían oraciones, mientras que los suyos comían y bebían. Jesús les respondió: “¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán” (v. 34-35).
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Los apóstoles en Listra
Entre los que escuchaban la predicación de Pablo en Listra se encontraba un hombre que nunca había caminado. Entonces Pablo, fijando sus ojos en él y “viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo” (v. 8-10). En presencia de este gran milagro, las multitudes clamaron: “Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros.
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Los bienaventurados
El Señor comienza por designar los caracteres de aquellos que llama “bienaventurados” (cap. 5:1-12). A estos el mundo no los llamaría bienaventurados, lo que prueba que no son del mundo.
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Los bienaventurados y su conducta
Rodeado de aquellos que lo escuchaban, a quienes separaba del resto del pueblo que no quería saber nada de él, Jesús les enseñó cuál sería su porción si lo seguían. Tendrían que soportar las consecuencias de su rechazo. Desde el momento en que habían creído en él, ya no eran del mundo, sino del cielo.
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Los creyentes esperan el retorno de Cristo – ¿por qué?
Ahora bien, ¿por qué habría de ser distinto para ti y para mí cuando oímos hablar del regreso del Señor? ¿Acaso no experimentamos la dulzura de su amor? ¿No fue él quien sufrió y murió por nosotros? ¿No nos ha guardado a lo largo del camino, desde el día que le conocimos, llevando nuestros dolores y restaurándonos después de muchas caídas?
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Pláticas sencillas
Los días siguientes
Desde el capítulo 1, versículo 28, hasta el versículo 22 del segundo capítulo, los hechos relatados forman una historia simbólica de todo lo que transcurre desde el momento en que Juan el Bautista ve aparecer a Jesús hasta el establecimiento del reinado milenario.
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Los diez leprosos
Yendo de Galilea a Jerusalén, Jesús encontró en una aldea a diez hombres leprosos que se pararon a lo lejos y gritaron: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados” (v. 13-14). Los sacerdotes solo tenían que comprobar la curación, no hacían nada más.
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Los discípulos de Juan en presencia de Jesús
Después de enviar a sus discípulos a la mies, el Señor salió para enseñar y predicar en las ciudades. ¡Contemplar a tal persona, al Hijo de Dios, qué hecho maravilloso para la fe! Se le podía encontrar por doquier, cumpliendo las obras de gracia de parte de Dios, su Padre, en medio de esta humanidad perdida. ¡Qué humildad, qué devoción, qué amor! Dejó la gloria para venir a esta tierra.
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Los discípulos en la tempestad
“Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum”. Era simbólicamente la tarde del día en que Jesús estaba en la tierra.
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Los discípulos en relación con el Padre
El Señor iba a poner a los discípulos en relación con su Padre; esto fue lo que se apresuró a comunicarles por medio de María Magdalena el día de su resurrección (cap. 20:17). Por eso les dice: “En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.
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