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Pláticas sencillas

La sepultura de Jesús

Según los hombres, la sepultura de Jesús debía estar con la de los malos. Sin embargo, Isaías había dicho: Se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca (Isaías 53:9).

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La situación del pueblo de Israel

Lucas empieza su relato cuando el pueblo de Israel se encontraba organizado y gozando de una relativa paz después de los disturbios y las persecuciones que había soportado bajo los reyes de Siria, desde el regreso del cautiverio en Babilonia. Herodes reinaba en Judea. No era judío, sino idumeo, pueblo descendiente de Esaú.

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La suegra de Pedro

Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.

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La tempestad

En los versículos 24 a 33 tenemos otro aspecto de la situación de los discípulos en la ausencia de Jesús. El viento contrario, que levantaba olas amenazantes, es una imagen de la oposición violenta que suscita el enemigo, sobre todo con la persecución a los creyentes. Esta alcanzó a los discípulos después de la partida de su Maestro.

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La tempestad

Acabamos de ver lo que debe caracterizar a quien quiere seguir al Señor. Ahora hallamos lo que se encuentra en este camino: “Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron”. Los discípulos podían pensar que al acompañar al Señor estarían protegidos contra todas las dificultades. Pero no es así.

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La tentación

Hemos visto al Señor tomar sitio en medio de los pecadores arrepentidos. Le seguiremos en la actividad de su gracia. Pero, primeramente es llevado por el Espíritu para ser tentado por el diablo, porque el Señor es el segundo Hombre, el Hombre obediente que viene a reemplazar al primer hombre, Adán, el hombre desobediente.

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La tentación

El Señor Jesús como hombre, el postrer Adán, salió a escena para volver a empezar la historia del hombre, pero del hombre según los propósitos de Dios, y para cumplir Su obra perfecta en medio de la humanidad caída por el pecado bajo el poder de Satanás.

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La tercera tentación

Después de esto, el diablo lo llevó a un monte muy alto, para mostrarle todos los reinos del mundo y su gloria. Entonces, le dijo: “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (v. 9). Aquí Satanás trataba de seducir al Señor con la gloria del mundo. Es verdad que Jesús, como Hijo del Hombre, debe recibir el dominio sobre todo el universo.

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La tradición

De nuevo los escribas y los fariseos tratan de hallar en falta a los discípulos de Jesús, y por lo tanto, al Señor mismo (véase cap. 12). Le preguntan por qué sus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos comiendo pan sin lavarse las manos.

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La traición de Judas

Jesús todavía estaba hablando con sus discípulos cuando llegó una multitud armada con espadas y palos, liderada por Judas, quien se había puesto a disposición de los principales del pueblo para entregarles a Jesús.

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La traición de Judas

Los acontecimientos se fueron precipitando. Mientras Jesús todavía hablaba, se presentó Judas encabezando a una turba, se acercó y lo besó. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (v. 48). ¡Ah, si Judas no se hubiera entregado a Satanás, estas palabras llenas de tristeza lo habrían hecho retroceder! Pero era demasiado tarde.

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La transfiguración

Estos versículos nos muestran cómo debían cumplirse las palabras que Jesús pronunció en el versículo 28 del capítulo precedente. Llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan a un monte alto, y allí, transfigurado delante de ellos, su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Aparecieron también Moisés y Elías “en gloria”, como lo relata el evangelio según Lucas.

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La transfiguración

Después de hablar con sus discípulos acerca de su muerte y de los beneficios que esta les brindaría, Jesús les anunció que algunos de ellos no gustarían la muerte sin haber visto el reino de Dios venido con poder.

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La transfiguración

Aproximadamente ocho días después de haber pronunciado las palabras relatadas en el versículo 27, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió a un monte a orar: “Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

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La última pascua

Llegado el momento de celebrar la pascua, los discípulos preguntaron a Jesús dónde quería que la prepararan. Él les dijo: “Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua” (v. 18-19).

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La unidad en gloria

La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

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La venida del Espíritu Santo

Los discípulos permanecían en Jerusalén, según la orden del Señor, esperando la venida del Espíritu Santo que les había sido prometido.

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La venida del Hijo del Hombre

La tercera parte de la respuesta del Señor responde a la pregunta: “¿Qué señal habrá de tu venida?”. Les dice que después de la tribulación de los días terribles que acaba de mencionar, “el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (v. 29).

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La verdadera familia de Jesús

Todo lo que acababa de suceder testificaba claramente que no había relación posible entre Dios y el hombre según la carne. Dios lo había rodeado con todos sus cuidados antes de la ley y también bajo la ley, terminando este período de prueba con la venida de Cristo en gracia.

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La verdadera obra del Espíritu Santo

Este Espíritu, más que nunca contristado en la cristiandad, no puede actuar como si la Iglesia fuera fiel. Efectuar los actos de potestad del principio sería aprobar el desorden, la revuelta contra Dios y la insumisión al dueño de la Asamblea.

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La vid verdadera

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (v. 1-3). Por medio de esta imagen de la vid, el Señor enseña a sus discípulos su nueva posición en la tierra.

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La vida en la muerte de Cristo

Los padres habían comido el maná en el desierto, y luego habían muerto. Jesús es el pan descendido del cielo, “para que el que de él come, no muera”. El Señor ya no se sirve de las expresiones “el que a mí viene”, “el que cree en mí”, como en los versículos precedentes; aquí habla de comer. Él era el pan de vida que hacía falta comer.

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La vida eterna

Hemos visto que Jesús, el “Hijo del Hombre, que está en el cielo”, traía a la tierra el conocimiento de cosas celestiales con las cuales convivía constantemente. Pero, para disfrutar de ellas, se necesitaba la vida eterna, cosa que el hombre no poseía.

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La visión de Ananías

El Señor había preparado todo para la conversión de Saulo. No quiso que esta se efectuase en Jerusalén, ni que alguno de los apóstoles interviniese. El Señor lo libraba de su “pueblo, y de los gentiles”, dice en el capítulo 26:17. Ninguno de los apóstoles le comunicó algo (leer los dos primeros capítulos de la epístola a los Gálatas).

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