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¿Fue Cristo un hombre como nosotros?

Sí, excepto el pecado. Todos los descendientes de Adán (todos los hombres, mujeres y niños vivos en este momento) tienen una naturaleza pecaminosa (Romanos 5). Pero el Señor Jesús no tenía una naturaleza pecaminosa. Fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Observemos con atención lo siguiente:

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¿Fue desamparado también por su Padre?

Las Escrituras de ninguna manera enseñan esto. Cuando se dice que el Señor fue desamparado, es siempre por parte de Dios. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46; Marcos 15:34; Salmo 22:1).

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¿Fue el Señor Jesús un mártir a causa de su muerte?

Sí, pero su muerte implica mucho más que eso. La palabra «mártir» significa «testigo», y normalmente se utiliza para designar a un testigo fiel que ha sido asesinado a causa de su testimonio. Y esto verdaderamente puede aplicarse a Cristo. Él fue el “testigo fiel y verdadero” (Apocalipsis 3:14), y también fue “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8).

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¿Fue José su padre biológico?

No. Cristo no tuvo un padre humano. El arcángel Gabriel le había dicho a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Un detalle muy interesante: el hombre que escribió este evangelio era médico (Colosenses 4:14).

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¿Fue María su madre biológica?

Sí. La primera profecía acerca del Señor se refiere a él como “la simiente de la mujer” (Génesis 3:15). Pablo afirmaba que uno de los privilegios de los israelitas era que de ellos “según la carne, vino Cristo” (Romanos 9:5). Además, leemos en Juan 7:42: “¿No dice la Escritura que del linaje de David… ha de venir el Cristo?”.

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¿Fue revelada la Iglesia en el Antiguo Testamento?

No. El misterio de Cristo y la Iglesia “no se dio a conocer” (Efesios 3:5) en el Antiguo Testamento. Al apóstol Pablo le fue encomendada la tarea de comunicar este misterio (v. 2, 7-8). El Antiguo Testamento solo presenta tipos de la Iglesia (por ejemplo, Rebeca). Pero sin la luz del Nuevo Testamento nadie podría reconocer en estas figuras la verdad de la Iglesia.

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¿Hay alguna solución?

Sí, la hay. Para comprender cuál es exactamente la solución, debemos tener en cuenta que Dios es un juez justo, es santo y aborrece el pecado. Conoce a cada uno de nosotros y nuestros pecados. Solo hay dos opciones. Dios tiene que condenarlo, o usted tiene que llegar a ser “justo” delante de Él. Para ver cómo puede ser posible esto, lea las siguientes respuestas.

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¿Hay contradicciones en la Biblia?

La Biblia pone al hombre en la luz de Dios. Esta es la razón por la cual el hombre natural aborrece este libro y trata de hallar contradicciones en él. Sin embargo, el 90 % de las supuestas contradicciones surgen a causa de la ignorancia, de malas intenciones o de ambas cosas.

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¿Hay otras referencias bíblicas que demuestren que Cristo es Dios?

¡Sí, muchas! La Biblia no deja lugar a dudas en cuanto a que Cristo es Dios. Por ejemplo, consideremos lo siguiente:

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¿Inspiró Dios las palabras o simplemente los conceptos?

Dios dio las palabras. Pablo afirma que los apóstoles hablaron “palabras” enseñadas por el Espíritu (1 Corintios 2:13). Este principio regía en los primeros tiempos: Dios dijo del verdadero profeta: “Pondré mis palabras en su boca” (Deuteronomio 18:18-20). Moisés, al final del Deuteronomio, dice: “Estas son las palabras del pacto que Jehová mandó a Moisés” (cap. 29:1).

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La alabanza de los santos

Cuando el nombre del Señor Jesús es pronunciado, el corazón de los santos desborda para recordar inmediatamente lo que Cristo hizo por ellos: son los objetos de su amor y han sido lavados con su sangre.

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¿La Biblia es verdaderamente inspirada por Dios?

Sí. Un solo pasaje, entre muchos, basta para confirmar esta verdad (seguiremos tratando el tema más adelante): “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16).

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La caída de Babilonia y sus consecuencias:

Proclamación de la caída: cap. 18:1-3

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La crisis final. La siega y la vendimia

Ha llegado el momento en que el juicio será ejecutado sobre la tierra por el que es visto en el cielo, sentado sobre la nube, semejante al Hijo del Hombre y con una corona de oro en su cabeza. En el capítulo 1 aparece la misma persona gloriosa, Cristo mismo, para juzgar la casa de Dios. Allí todavía no tenía la corona de oro, porque el momento de reinar aún no había llegado.

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La crisis final. La siega y la vendimia

Ha llegado el momento en que el juicio será ejecutado sobre la tierra por el que es visto en el cielo, sentado sobre la nube, semejante al Hijo del Hombre y con una corona de oro en su cabeza. En el capítulo 1 aparece la misma persona gloriosa, Cristo mismo, para juzgar la casa de Dios. Allí todavía no tenía la corona de oro, porque el momento de reinar aún no había llegado.

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¿La expiación incluye la sanidad de enfermedades y de sufrimientos físicos?

No, al menos no antes del arrebatamiento (o de la muerte). Algunos han llegado a conclusiones erróneas después de leer la expresión: “Por su llaga fuimos nosotros curados” o “sanados” (Isaías 53:5; 1 Pedro 2:24).

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La Iglesia en los escritos de Pedro, Pablo y Juan

La Iglesia o Asamblea está formada por el conjunto de todos los creyentes (salidos del pueblo judío y de las naciones) puestos, mediante la fe, a favor de la obra de Cristo. Él la edifica desde Pentecostés (el día que el Espíritu Santo descendió a la tierra) hasta su retorno para llevarla con él al cielo.

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La mujer, su hijo y el dragón

El arca de la alianza aparece en el cielo: cap. 11:19

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La quinta y la sexta trompeta

La quinta trompeta: cap. 9:1-12 Esta proclama un juicio particular sobre el Israel apóstata. En efecto, aquí ya no se trata de la “tercera parte” (las naciones de occidente). Los que no tienen “el sello de Dios en sus frentes” son seducidos y se someten al anticristo. Estos no forman parte de los 144.000 que son divinamente protegidos para cumplir su misión.

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La séptima copa

La séptima copa es derramada por el aire, que designa toda la atmósfera moral de este mundo del cual Satanás es el jefe (Efesios 2:2). Es la señal de que el despliegue de su poder llega a su fin. “Hecho está”: cap. 16:17

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La séptima trompeta

El sonido de la séptima trompeta anuncia el tercer y último ay. Es la ocasión para que nosotros seamos transportados al cielo y escuchemos grandes voces anunciar buenas noticias, la introducción del milenio en la tierra: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (v. 15, Daniel 7:14).

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La visión del Hijo del Hombre

Juan en la isla de Patmos: cap. 1:9-11

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Laodicea

Laodicea marca el fin de la historia profética de la asamblea. ¡Que nuestra conciencia y nuestro corazón sean profundamente sensibles al mensaje que le es dirigido! Laodicea aparece al final como caracterizando el último estado de la profesión cristiana: la tibieza y la falta de amor a Cristo y a su servicio están asociados a muchas pretensiones en las capacidades humanas.

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Las bodas del Cordero

Por último, un cuarto y último “Aleluya” (v. 6) proclama la introducción gloriosa del reino de Cristo. En el capítulo 11:15, cuando el séptimo ángel toca la tercera trompeta de desgracia, grandes voces en el cielo anuncian: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo”.

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